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Tuesday, Sep. 27, 2016

Marketing de la bondad

Unexpected TendernessDe nuevo mi parte neurótica y cascarrabias. ¿Qué os parece todo esta artillería marketiniana de predicar a los cuatro vientos la sensibilidad social de las grandes corporaciones empresariales? No hablo de la pequeña y mediana empresa. Me refiero a las luces de neón que aplican a los supuestos grandes logros en materia social que, según parece, consiguen las grandes corporaciones. Claro que si vives en el IBEX 35, ¿tanto necesitas esta publicidad?

Sí, claro, es una labor de concienciación social. Es una manera de construir un mundo mejor a través de unos mensajes publicitarios que van directos a tu corazón. En el mercado del alma, la publicidad juega con los principios del neuromarketing y se llena, a la vez, de principios éticos. Somos buenos, somos legales, somos socialmente responsables. Espero que no aplique aquello de “dime de qué presumes y te diré de qué careces“.

En este tipo de publicidad, creo que hay quienes se pasan de frenada. Tanto tanto quieren mostrar que esa hipérbole mediática desata la suspicacia en cualquier persona con un mínimo sentido crítico. Es lo que siempre ha pasado con las webs corporativas. La manía de contarnos sólo la parte bonita de las actividades empresariales les resta credibilidad. El mundo no es de color de rosa. Y ocultar la mierda debajo de la alfombra no la elimina, sencillamente la lleva a ese lugar donde todos sabemos que está. Y sigue estando.

Las campañas mediáticas que juegan a la bondad creen que pueden ganar corazones. O eso creen. Son una herramienta del capitalismo emocional. No se trata de convencerte con la razón sino con la emoción. No quiero tu decisión de persona adulta, quiero tu compromiso radical de adulescente, quiero a tu yo-niño, quiero que llores y rías conmigo, quiero que sientas una experiencia como nunca antes sentiste, aunque sea echando gasolina al coche. Da igual, no hay techo. La creatividad puesta al servicio del derrumbe emocional ante el bulldozer corporativo.

Sí, no sigo. Dejo cuatro párrafos atrás y con este termino. Ha sido, como otras veces, un simple impulso: el de reconocer que la humildad y la austeridad son hermosos valores que quedan sepultados por toneladas de comunicación. Por eso sigo pensando en la artesanía y lo pequeño como el estado más deseable. Toca aguantar el chaparrón.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(3) comentarios

  1. Fernando
    12/05/2011 at 16:54

    Hola! A pesar de ser profesor de unos cursos de marketing y de un master mba (por lo que ves, estoy bastante metido en el mundo del marketing) tengo que darte la razón en lo que explicas en este artículo. Es una vergüenza que las grandes empresas intenten proclamar mensajes falsos mientras practican todo lo contrario.

  2. Nacho Cambralla
    13/05/2011 at 09:59

    Hola Julen.
    Me he sentido muy identificado con tu post.
    Cada vez que veo un anuncio de esos tan "verdes" y con esa música tan emocional y lleno de palabras tan bonitas (por un mundo mejor, el futuro de los hijos de nuestros hijos, blablabla,...) se me revuelve el estómago ante tanta hipocresia.

    Un saludo

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