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Wednesday, Jun. 29, 2016

El cuarto sector reinventa el mercado del alma

No aparece en las estadísticas oficiales y todavía no existen análisis cuantitativos que lo dimensionen, pero el mercado del alma mueve cifras enormes y su crecimiento es espectacular. La evolución hacia el sector servicios no hace sino confirmar que el primer mundo se aufoflagela para generar consumo espiritual. Con ayuda de las desgracias naturales, las almas acuden en busca de remedios. Sea la industria de la emergencia –esa que acude profesionalizada tras el desastre humanitario– o la del coaching -esa que acude profesionalizada tras el desasosiego personal real o inducido-, el mercado del alma es el presente y el futuro.

El cuarto sector dirige sus naves a toda velocidad hacia un mundo mejor. Hecho trizas el enemigo de la paz tanto social como espiritual, la eficiencia del capitalismo dirige su mirada al rescate de las personas. Las industrias de la seguridad llegan con sus acorazados para proteger nuestra nula resistencia al dolor. Operan deprisa bajo un estado de shock, no dejan huellas de su paso y reciben el beneplácito de quien necesita aliento. Una mezcla de horror y error dispara la necesidad de su intervención, allá y acá. Las tropas no invaden territorios que resisten sino que acuden imantadas por los inmensos negocios de la miseria humana.

Es lo que hay; es el signo de nuestro tiempo. Nosotras, personas del primer mundo, necesitamos ayuda espiritual. No importa que ahora venga mezclada con compra compulsiva o con sentido de la experiencia. Queremos dejar atrás ese vacío autoinflingido y caminar con la mirada alta y con optimismo. El mundo que desmoronamos es el alimento que necesita la empresa moderna.

Las empresas tradicionales quedan fuera de la escena. La chavalería no encuentra allí nada que merezca la pena. ¿Qué ofreces? Seguridad, carrera profesional, proyección, retos. Bla bla bla bla. Eso es papel mojado en 2010. Estoy preguntándote por diversión, por libertad, por relajación. No he visto que me hayas hablado de pasarlo bien. La empresa tradicional no sabe manejar la palabra placer. Bucea en sus propuestas de gestión, en sus manuales de procedimientos, en su prevención de riesgos, en su atención al cliente… pero la maldita palabra no aparece por ningún lado.

El cuarto sector cabalga poderoso por los mercados del alma. Tiene que vestirse de responsabilidad social. Lanza su artillería con balas en forma de coaching y reciclaje, de funny things y cuidada estética de consumo, de grandes valores e ingeniería financiera, de “tú eres lo que me importa” porque eres quien paga mis facturas. El cuarto sector se enmierda mientras crece; y crece porque las personas hemos construido una sociedad de riesgo en la que el prozac y el consumo son compañeros de terapia. Doctor, yo le digo qué me pasa. Usted sólo deme el papel para comprar lo que necesito.

El cuarto sector ha invadido el territorio for-benefit. Sea lo que sea, ha pensado en marketing por las buenas causas, en las grandes manifestaciones humanas de bondad a través del consumo, en las relaciones de comunidad soportadas a lomos de redes sociales privadas en Internet. La plaza pública reluce con sus anuncios de neón mientras los bancos donde asentar nuestras nalgas muestran orgullosos el patrocinio que reciben. Es por nuestro bien, es el presente y también el futuro. Es el sistema porque no hay otro. Las empresas tienen que entender que el mercado que más crece es el del alma. Un mercado complejo pero donde los márgenes son altos, un mercado compuesto de miles de océanos azules. Un mercado distinto, pero un gran mercado. Nos lo hemos ganado a pulso: demos la bienvenida al mayor de los mercados creados por la humanidad. Realízate comprando gasolina.

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La foto en Flickr es de SlapBcn.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

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