Sunday, Jul. 21, 2019

Redes sociales en las sociedades de control

controlDavid de Ugarte nos pone otra vez la reflexión sobre la mesa: ¿Redes sociales o redes de control social? Tiene que ver, cómo no, con la masificación de las redes sociales basadas en Internet entre una ciudadanía que pudiera no ser consciente de lo que hace. Simple, simple: zanahoria social para alimentar de datos al monstruo del que luego se extraerá información para que sigamos siendo, más que personas, consumidores.

Riddestrale y Nordstrom siguen llevando razón: la nueva religión de esta época es el consumo. Pero el centro comercial ha encontrado otro gran aliado: las redes sociales. ¿Para qué extraer hábitos de compra e información personal de nuestras transacciones comerciales clásicas? Mucho más sencillo: tiramos de los terabytes de huellas digitales que vamos dejando por las redes sociales basadas en Internet y ahí está el negocio. Información convertida en arsenal para el consumo.

David de Ugarte habla de alfabetización. Es el mismo argumento que suele usar Tíscar Lara: tenemos que ser competentes y tenemos que ser críticos. Es necesario conocer las repercusiones de nuestros actos al etiquetar una foto con el nombre de una persona. No es lo mismo la etiquetación social de contenidos que la etiquetación social de personas. Claro que puede ser útil la etiquetación, pero sé consciente de que hay ciertos límites.

¿Somos cascarrabias? ¿Protestamos contra una maquinaria que nunca podremos detener? Mi respuesta es la fragmentación, aunque no sé si realmente es eficaz. Se trata de dejar migas dispersas en diferentes lugares. En el fondo, es un problema de confianza: ¿en quién confías y hasta dónde? Si habláramos de personas tendríamos sensación de mayor control, pero si hablamos de empresas, de grandes corporaciones que viven de su ánimo de lucro, todas las prevenciones son pocas.

Estate alerta. Toneladas de datos tuyos inundan la red. La gente a tu alrededor los va dejando, al igual que lo hace la Administración. Eres analizable por los cuatro costados. Te has convertido al estado líquido y hay laboratorios especializados en análisis de líquidos. Saben cómo va mutando tu composición química. ¿Relájate y disfruta? No sé qué decirte. Mejor adquirimos la cultura necesaria. Por ejemplo, Juan Carlos Lucas anda llevando a su blog las ideas de Zygmunt Bauman sobre la identidad: “La construcción de identidad implica el triple desafío (y riesgo) de confiar en uno mismo, en otros y también en la sociedad.” De nuevo la confianza. Jodido asunto.

En fin, estoy nervioso con el cariz que todo esto va tomando. Hace un par de días escribí Facebook o la gestión de tu identidad. Quizá estoy entrando en fase complusiva. Cada vez es más fácil sentirse controlado. Alfonso Vázquez subtitulaba su último libro Estrategias de la imaginación: Innovación y conocimiento en las sociedades de control. Y hablaba de diferentes tipos de controles. Todos tienen en común que han abandonado la línea recta. Ahora trabajan con información y juegan a crear condiciones para que nos explayemos. En los datos que generamos está su poder. Es un control que bebe de la ensalzada y desvirtuada libertad de expresión, donde la autonomía es un requerimiento previo, tal como apuntaba Antonio Negri. O, como Gilles Deleuze decía:

En las sociedades de control, lo esencial ya no es una marca ni un número, sino una cifra: la cifra es una contraseña (mot de passe), en tanto que las sociedades disciplinarias están reguladas mediante con-signas (mots d’ordre) (tanto desde el punto de vista de la integración como desde el punto de vista de la resistencia a la integración). El lenguaje numérico de control se compone de cifras que marcan o prohíben el acceso a la información. Ya no estamos ante el par “individuo-masa”. Los individuos han devenido “dividuales” y las masas se han convertido en indicadores, datos, mercados o “bancos”.

Ánimo, que hay mucho por hacer. ¿Crees que vivimos ya en el panóptico de Bentham?

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(8) comentarios

  1. Oriol Miralbell
    05/01/2009 at 11:40

    Me parece muy oportuno el post aunque apunta cierto pesimismo que ultimamente noto en más artículos y posts sobre el tema. Personalmente nunca he creído en las redes como una herramienta que libere o que pueda ayudar a la libertad de expresión. Tampoco he olvidado nunca que el mercado tiene unas dinámicas de funcionamiento en las que el consumidor es un anillo de la cadena en posición frágil y manipulable.
    Internet supone una plataforma excelente para conocer de uno mismo, de los demás y de nuestra sociedad. Las redes sociales, existentes desde que el homo sapiens funciona socialmente, son la estructuración de estas dinámicas sociales y su presencia en Internet no hace más que poner de relieve sus potenciales y sus riesgos. En todas las redes hay conectores, intermediarios, enlaces externos, etc.
    Las redes sociales liberan a quien liberarse y atan o constriñen la libertad de aquellos que quieren dejarse constreñir. Las oportunidadesque brindan las redes sociales en Internet entre otras vienen marcadas por la facilidad de conexión, la fuerza del contacto off-line antes inexistente o más débil, la amplitud de acción que supone su ámbito global, la fuerza de la actualidad y su ilimtadad dimensión. Para la generación e intercambio de conocimiento, estas características significan un cambio de paradigma que permite imaginar un nuevo escenario en la sociedad del conocimiento tal como la hemos vivido hasta ahora.
    Evidentemnte, esto afecta también a aquellos que usan el conocimiento para el crímen, para la persecución de las libertades individuales y para todas aquellas personas que quieran proyectar sus frustraciones en su forma de hacer.
    Pero esta ha sucedido siempre en todos los ámbitos sociales. No sólo en las redes sociales on-line.
    Igual que la mayoría no quiere parecer un incosciente e irresponsable cuando anda por la calle o cuando está en un lugar público, tampoco debería parecerlo cuando actúa en la red. Preservar al intimidad es una tarea personal que deberíamos cuidas dentro y furera de la red. La pena, o el peligro, es que los jóvenes no ven los riesgos de sus inocentes exposiciones públicas en la red.

  2. guillermo Díaz
    08/01/2009 at 19:35

    Parece un contrasentido, pero las cosas son así. Por un lado nos movemos en la sociedad de la información e interactuamos en las redes sociales porque queremos ampliar nuestros ámbitos de comunicación ,informaciòn y conocimiento.
    Pero, por otro, nos entra ese miedo al "gran hermano" que controla toda la información y que finalmente puede controlarnos a nosotros.
    Cada uno ha de sopesar si merece la pena asumir ese posible riesgo de control por parte de ese gigante "gran hermano" que todo lo ve.
    Saludos.

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