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Sunday, Jun. 25, 2017

Social media cambia las reglas de la productividad

Social media cambia las reglas de la productividad

measuring the pastFernando Polo ha escrito ya su tercer post, It’s the culture, stupid, acerca de la productividad vinculada al uso en la empresa de las tecnologías que nos llegan de la mano de los medios sociales. Los dos anteriores son: ¿De verdad somos más productivos gracias a los medios sociales? y Social Business: seremos más productivos si nos dejan. Te recomendaría que los leyeras para entender el hilo argumental. Al final Fernando acaba por reconocer que no son tanto los medios sociales de lo que hay que hablar sino de otro tipo de organizaciones. Vamos, es como si las mejoras en productividad sucedieran aisladas dentro de una burbuja. Y como el lugar donde se producen -nuestras organizaciones- no se ha modificado como debiera, pues al final no hay nada de lo que presumir.

Siempre que pienso en productividad relacionada con los medios sociales, me viene a la cabeza la forma en que se ha alargado la esperanza de vida. Vivimos más pero metemos más actividad por unidad de tiempo. La consecuencia es que ese tiempo no da de sí. No es suficiente. Aquejados de un mal del que Bauman ha escrito mucho, nos embarcamos en un viaje permanente por la infelicidad de no llegar nunca a ningún sitio porque cuando llegamos a ese sitio, el muy cabrón se empeña en moverse a otra parte. No hay forma de medir nada porque todo se nos escapa.

La productividad es una división entre insumos y resultados. Supone hablar en términos de eficacia -lo que conseguimos- y de eficiencia -lo que conseguimos, pero teniendo en cuenta lo que invertimos. Al crecer los insumos todo se lía. Ahora hay que manejar tal cantidad de herramientas de social media que los resultados o son espectaculares o no percibimos progreso. En realidad para poder argumentar un incremento de productividad hoy en día hay que ser muy asertivo. Es importante cerrar las compuertas y decir que no a ciertas herramientas. La sensación de fracaso si nos queremos enfrentar a toda esa marabunta tiene mucho que ver con lo que Barry Schwartz ha llamado la paradoja de la elección. En realidad no existe la mejor herramienta de trabajo colaborativo.

Fernando documenta sus artículos a partir de diversos estudios de medición de productividad en Estados Unidos y acaba por no verlo claro:

El último informe sobre la “economía social” de McKinsey dice que las mejoras de los entornos colaborativos mediante tecnologías sociales pueden incrementar la productividad de los trabajadores un 20 ó 25%. Pero la productividad horaria desde 2005 hasta 2012 creció un 1.5% anual, en lugar del 2.75% de la década anterior. Entonces, ¿en qué quedamos?

Pues quizá estas mediciones son hoy demasiado complejas si queremos tener en cuenta los nuevos insumos. Kevin Kelly hace ya mucho tiempo que nos dijo que

La productividad es para las máquinas. Si la puedes medir, es algo que pueden deberían hacer los robots.

Y de aquí extraemos una primera conclusión: no sé hasta qué punto nos interesa entrar en una pelea que no aporta demasiado por lo complejo de medir a los humanos. Por supuesto que medir es interesante. Incluso en cultura, como escuchaba hace poco a Pau Rausell. ¿Por qué? Porque así aprendemos sobre las dinámicas que pretendemos medir. No importa tanto -aunque importa, claro está- el número que resulta de la medición cuanto lo que nos hace profundizar en posibles relaciones causa-efecto. Por eso hay que tomarse con prudencia lo que los números nos dicen sobre incrementos de productividad. Además, hoy casi nunca la medición nunca es neutra.

La segunda conclusión que obtenemos de todo esto es una parecida a la que llega Fernando. Nuestras empresas, en la mayoría de los casos, no sirven para impulsar el uso de las nuevas herramientas de social media. Actúan en forma de tapón porque no consiguen entenderse con la vorágine de algo que las desconcierta. Aceptar el uso de social media es dinamitar los límites de la organización y romper todas sus fórmulas clásicas para medir. ¿Cómo puede medir Orbea el insumo que representan sus usuarios líderes, esos que testan sus prototipos y les aportan ideas para nuevos desarrollos? ¡¡Si no trabajan en su empresa!! Pero, claro, es a través de medios sociales como consiguen, en muchos casos, tomar contacto con ellos. Aunque, luego, por cierto, la relación sea como la de toda la vida: vente pacá que vamos a hablar tú y yo de bicis.

Me temo que cuando una organización consigue extender entre su gente el uso de herramientas de social media debe aceptar que entra en otra dimensión. No va a poder utilizar los indicadores clásicos. O, al menos, no con la la precisión con que acostumbraba. En última instancia va a tener que modificar la relación con sus empleados. Va a tener que manejar la palabra confianza con mucha más asiduidad. Deberá fiarse de un continuo “saltarse los límites”. Embotellar el conocimiento ya no tiene sentido. De hecho la empresa hace ya cierto tiempo que tiene que repensarse porque no está tan claro lo que nos aporta. ¿Nos quita más de lo que nos da?

Fernando, recogiendo las ideas de Daniel H. Pink sobre lo que nos motiva, nos dice que las empresas deberían conseguir aportarnos una visión que nos ayudara a hacer piña. Además, también necesitamos ver que nos desarrollamos profesionalmente y que lo hacemos en un entorno con más niveles de autogestión. Sí, pero lo cruda realidad es que muchas empresas se desentienden de establecer un vínculo a largo plazo con su gente, como Richard Sennett ha apuntado en varios de sus libros (sobre todo en La corrosión del carácter). Y entonces el castillo de naipes se nos cae.

En resumen, seguro que somos más eficaces. No tengo tan claro que más eficientes. Y de una cosa estoy seguro: en social media es muy importante aceptar que, como empresa, vas a perder bastante control sobre lo que tu gente va a hacer. Para bien. Sí, para bien. ¿Lo entiendes? 😉

Si te interesa el asunto, puedes leer más artículos sobre eficiencia y productividad en este mismo blog.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(10) comentarios

  1. Jose Miguel Bolivar
    04/03/2014 at 10:29

    Las reglas de la productividad cambiaron con la aparición del trabajo del conocimiento, al menos en lo que atañe a la definición y a la medición de la productividad individual. Uno de los grandes cambios que esto supone es que antes se podía definir y medir bastante bien la productividad individual y ahora no. Que los indicadores macroeconómicos trabajen con datos agregados tampoco ayuda a que se comprenda esta radical diferencia y, por consiguiente, las mejoras de productividad se siguen planteando siguiendo patrones que ya no valen. Drucker lo dijo hace ya tiempo pero el mensaje cayó en el olvido. La clave en el trabajo del conocimiento es la productividad individual, un área a la que pocas organizaciones prestan la atención necesaria.

    • Julen
      05/03/2014 at 06:02

      Lo que ocurre, José Miguel, es que pasan los años y la mayor parte de las empresas siguen queriendo medir lo que se les escapa de las manos. Pero erre que erre, no desfallecen en perseverar. Lo individual es complejo y hasta misterioso. Porque hay veces en que la relajación inspira :-)

  2. Alfonso Vázquez
    04/03/2014 at 12:19

    De acuerdo con José Miguel en que este tema -el de la productividad, que sólo tiene razón de ser porque se mide con el tiempo de la máquina- está meridianamente claro para quien lo quiera entender desde hace tiempo. Pero seguimos atados a la medida sin ver que el capitalismo cognitivo es, precisamente, "desmesura". Y sí, Julen, son nuestras organizaciones y nuestras estructuras sociales las que producen la "antiproducción", que decían Deleuze y Guattari, quienes crean la carencia.
    Y os dejo una nota reciente de Negri: "Conviene expresarlo con la mayor claridad: digan lo que digan todos los premios Nobel de Economía del mundo, el aumento de la productividad sólo se conseguirá en y mediante una sociedad igualitaria y libre, mediante una sociedad que 'rechaza el trabajo' -si por 'trabajo' se entiende eso que es hasta el momento: un trabajo servil, un trabajo asalariado-. Debemos liberar el trabajo de las formas históricas en las cuales ha sido confinado."

    • Julen
      05/03/2014 at 06:05

      Alfonso, seguro que repensar el "trabajo" conduce a un escenario diferente. Pero el caso es que mientras se hurga en esa nueva concepción las empresas, como le decía a José Miguel, siguen reforzando el círculo vicioso por el cual: dime cómo mides y te diré cómo me comporto. Ahí radica, para mí la perversión.

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  6. Fernando
    14/03/2014 at 23:53

    Vengo aquí y llego tarde, porque "software de productividad personal" ha metido esta tarea en el lugar equivocado ;-) Y ahora ya se me ha pasado el calentón, y lo único que quería decir, es que voy de link em link, hacia atrás, hacia adelante y me siento feliz y descaradamente improductivo degustando citas de Senner o Hamel.
    Se nos va la olla, y los datos económicos no pueden ocultar la maravillosa revolución que la web 2.0 ha traído a nuestra mesa. Es demasiado obvio lo suculento del plato, como para querer estropearlo con una pobre medición de calorías...
    Gracias por comentar mis posts en formato post. Eres, evidentemente, un modelo de constancia y coherencia... Y tienes que venirte a un #TcDesayunos, pesao!!!

    • Julen
      15/03/2014 at 06:12

      Jajajaja, ya estamos con eso de querer conquistar por el estómago.
      Nada, yo a mandar :-)

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