Thursday, Jul. 18, 2019

Pensamientos de una tarde de verano en Cazalla de la Sierra

Cazalla de la SierraAyer, como otros días, dejábamos pasar la tarde. Al fondo se veía Cazalla de la Sierra, este pueblo al que me trajo de ruta la TransAndalus y al que hemos vuelto para estar quince días ahora en agosto. En las manos un libro que explicaba la complejidad de los deportes de equipo y cómo la estadística lo puede simplificar todo. Pero la cabeza se iba para otras cosas. Vete tú a saber por qué.

La primera tenía que ver con los latifundios. Aquí -como cada vez en más partes- el territorio está vallado. Alambrada a un lado, alambrada a otro. Entiendo ahora mejor el porqué de la existencia de grupos de lucha como adesalambrar.com. Serán cosas del progreso: esto es mío y no tuyo; por aquí no pasas. Una lógica de distribución de riqueza que representa cada vez más al primer mundo. No hay coeficiente de Gini que lo pare.

Otro pensamiento tenía que ver con la forma en que se vive por aquí. Claro que es verano y eso marca lo que se puede y no se puede hacer, según las horas del día. Para nuestra sorpresa no está haciendo calor. Pero si llega a apretar es evidente que las horas centrales del día no sirven para gran cosa. Sí, claro, como sauna natural… que la gente del lugar evita sin alardes. No tiene sentido ver quién aguanta más la chicharra. Locos nórdicos.

Cazalla es un pueblo. Sí, porque no hay un supermercado grande de esos que conquistan las afueras de cualquier población que se precie. No, no ha llegado ese edificio con aparcamiento delante. Si quieres comprar, reparte tus pasos por los diversos pequeños comercios del pueblo. Sabiduría que tiene los días contados, me temo. Compraventa distribuida que muere a manos de la competitividad. Hay que joderse.

Amanecer en Cazalla de la SierraAsí que el tiempo pasa despacio en esta segunda quincena de agosto. Cazalla de la Sierra, un lugar inserto en un moderno parque natural, el de la Sierra Norte de Sevilla. Un parque que muere en la frontera con Extremadura. Política que separa a la geografía cuando la artificializa. También es signo de progreso. Ves senderos balizados aquí y allá, pasto de un vandalismo hondamente anclado en las costumbres populares. Sí, esos carteles indicadores están ahí para ser devorados por alguno de los muchos descerebrados que conforman la sabiduría de la multitud. Pues va a ser que no.

Y así dejamos pasar el tiempo. Decir, eso sí, que por fin me ha enganchado una novela de Ian Rankin. Me he cepillado en tres días las cerca de 600 páginas con varias tramas que implicaban a un sórdido John Rebus. Ahora sólo queda terminar tres libros de esos serios que ando leyendo y que alimentan de ideas aburridas a este blog. Lo siento, pero es lo que hay. Disfruta allá donde estés. Noe también contará su punto de vista, ya lo veréis. Os dejo, que amanece. Dejo aquí guardados los pensamientos de la tarde de ayer.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(2) comentarios

  1. Agustín
    20/08/2010 at 23:53

    Que noventaiochista te veo... Muy barojiano. Si es que todo da vueltas. Y todos los regeneracionismos se parecen. Un saludo, Iulen, y nos vemos a la vuelta. Póngame a los pies de su señora.

  2. Julen
    21/08/2010 at 06:30

    @Agustín, no dude, queda a los pies de mi señora. Quizá un día de estos me arranque por una loa en verso al cerdo ibérico ;-)

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