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¿Te entretiene tu trabajo? ¿Debería hacerlo?

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14/01/2019


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¿Te entretiene tu trabajo? ¿Debería hacerlo?

Reinventar las organizacionesTenía pendiente desde hace tiempo hincarle el diente a Reinventar las organizaciones, el superventas de Frederic Laloux. Espero terminarlo esta semana y ya escribiremos alguna reseña. Por los temas que aborda me dará mucho juego. En gran parte trata de asuntos que, desde que comencé a trabajar en consultoría, he llevado siempre conmigo en los proyectos que he abordado. Con mejores o peores resultados, pero siempre he tenido detrás de las implantaciones una idea de “desarrollo humano” (por usar las palabras del mismo Laloux). Una primera reflexión, casi previa a cualquier aproximación a este libro pasa por analizar el sentido del trabajo para cada una de nosotras. ¿Lo pasamos bien trabajando?

Debo decir, en primer lugar, que ya he escrito de este asunto en varias ocasiones en este mismo blog: El sentido del trabajo para las nuevas generaciones, El sentido del trabajo… que desapareció, Las modas del management, La propiedad del trabajo, del capital y del conocimiento o Cuando una empresa pierde el sentido común. Sí, es uno de los temas recurrentes en mi reflexión sobre las organizaciones. Es evidente que para hablar con “sentido” del trabajo que hacemos, hace falta que ese trabajo tenga, precisamente, “sentido” para quienes lo desempeñamos.

Soy consciente de que usar el concepto de “entretenimiento” para referirse al trabajo (aparece en cierto momento en el libro de Laloux) implica navegar en el filo de la navaja. Todos somos conscientes de que la sociedad del espectáculo nos ha atrapado. Alguien descubrió que es importante que “lo pasemos bien”. Hoy se habla mucho de “experiencia del empleado” con la intención de que, efectivamente, esté a gusto con su trabajo. Importa su “felicidad” y en ocasiones las organizaciones hasta generan ese nuevo curioso y quizá hasta patético puesto de trabajo: Chief Happiness Officer.

El asunto de fondo tiene que ver con la autenticidad de lo que se plantea. ¿Nuestra felicidad pasa a ser un simple medio para un fin? ¿Cambia realmente el sentido del trabajo cuando se nos plantean este tipo de prácticas de gestión? Habrá que ir caso por caso, pero me temo que hay mucho de moda en el asunto. La vara de medir tendría que ver con nuestra seguridad, con un vínculo a largo plazo entre persona y empresa que se traduce en un acuerdo de madurez, simétrico en las relaciones de poder. Sin embargo, la mayor parte de las veces, insertos en el paradigma actual de la ultraeficiencia, el recado que nos dan es: “felicidad, sí, pero mientras la cuenta de resultados aguante”.

Todos queremos pasarlo bien en nuestros trabajos. Queremos estar “entretenidos”. Normalmente esto hace que el tiempo pase deprisa. Es una de las características del estado de flujo. Nos comprometemos más y mejor con nuestros colegas y desarrollamos un vínculo más profundo con lo que hacemos. Se trata de entretenerse con algo que conecte con nuestras capacidades y que nos haga sentirnos quienes somos, que nos rete y que nos anime a progresar en nuestras habilidades. Sí, entretenerse trabajando parece, en general, positivo. Lo miremos por donde lo miremos. Pero cuidado: Empleo, profesión y pasión, un nuevo homo economicus.

Sin embargo, mucha (¿qué porcentaje?) gente se entretiene, sobre todo, fuera del trabajo. El trabajo es eso que hay que hacer para generar unos ingresos. Hoy, por cierto, menores que antes de la crisis en muchos casos. La dignidad pasa por apreciar justicia en el salario que recibimos y puede que ahí se haya producido un cisma. ¿Cuánta gente diría hoy que recibe una retribución que considera justa? ¿Cuánta de todas las nuevas incorporaciones que se producen en el mercado de trabajo?, ¿cuánta de toda la gente que trabaja en el sector servicios en puestos de atención directa?

¿Se puede hablar de “sentido” del trabajo sin una retribución económica percibida como justa? La teoría tradicional de Herzberg diferenciando factores higiénicos y motivadores lo explica de forma sencilla: ¿será que hemos tirado abajo buena parte del progreso asociado al estado del bienestar y que hablar de “entretenerse” o de percibir “sentido” en el trabajo que uno lleva a cabo ya no es posible si no recuperamos una serie de condiciones básicas de partida? Me temo que en la mayoría de los casos hay que colocar un punto de desconfianza en las propuestas de “felicidad” que nos lanzan.

La conclusión: necesitamos relaciones auténticas entre personas dentro del marco laboral. Necesitamos sentir que nuestros derechos y obligaciones forman parte de un trato justo. Queda mucho camino por desandar en la desconfianza respecto a las instituciones. Entre ellas, las empresas. ¿Nos fiamos de lo que nos ofrecen? Es, quizá, la pregunta de partida.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

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