Wednesday, Jul. 17, 2019

Proletariado digital

Proletariado digital

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No conocía hasta ahora a Markus Gabriel, un joven filósofo alemán que ha acuñado el término Nuevo Realismo. El País publicaba recientemente una entrevista con él en la que su titular decía: Silicon Valley y las redes sociales son unos grandes criminales. No descubrimos nada nuevo. Bueno, quizá dicho así, con esa contundencia, pueda extrañar. Pero un titular es un titular y hay que vender. El caso, no obstante, es que con el paso del tiempo ha quedado claro que los gigantes empresariales nacidos en aquellas tierras no son, precisamente, hermanitas de la caridad.

Hace mucho aprendimos que la base de todo el negocio radicaba en que nos conocieran bien. Nosotros, los humanos, seríamos la mano de obra con la que los GAFAM – o los BATX- de turno construirían sus imperios. Pero no recibiendo un sueldo por el alquiler de nuestro tiempo de trabajo. No, en la era de Internet y sus redes sociales, la transacción era mucho más elaborada: nosotros lo pasaríamos bien compartiendo nuestra alma mientras que los recolectores de datos se harían de oro vendiéndolas. Me refiero a nuestras almas. Eso sí, debidamente segmentadas para ponerlas en valor delante de cualquiera que necesite saber algo sobre su potencial mercado.

En la entrevista referida, Markus Gabriel lo dice alto y claro:

Todos trabajamos para Facebook o para Google. Cuando usas el buscador, generas un rastro, produces algo y eso es trabajo. Y luego sus algoritmos, producidos por humanos, se utilizan para anticipar tu comportamiento y el de los demás, para ganar dinero con tu trabajo. Es lo que llamo el proletariado digital.

En la sociedad del conocimiento también hace falta mano de obra barata. Gabriel nos asigna ese papel en la base de la pirámide. Nosotros somos quienes generamos la materia prima con la que los GAFAM trafican. A veces delinquiendo, a veces en la alegalidad y de vez en cuando con alguna que otra obra social para que el pueblo se apiade de sus negocios. Nos ofrecen servicios gratuitos y, ya se sabe, cuando no eres su cliente, eres su producto.

Parece que Markus Gabriel –pasa desde ahora a la lista de lecturas pendientes– arremete contra este capitalismo global que lideran americanos y chinos. Supongo que también anda por ahí con su cuota de responsabilidad la vieja Europa, aunque parece que este buen hombre nos asigna el papel de buenos de la película (al menos en potencia). La piedra filosofal la sitúa en una radicalidad democrática que nos correspondería a quienes habitamos este continente. Sí, el capitalismo global nos necesita porque a alguien tiene que venderle toda su producción tangible e intangible. Gabriel dice que nos están engañando con todas estas cosas de la inteligencia artificial, la robótica colaborativa y el universo de los datos como alimento de las máquinas que toman decisiones en nuestro nombre.

El nuevo realismo tiene que ver con ese engaño mediante el que nos quieren hacer creer que en realidad no sabemos tanto como antes, que las máquinas y su inteligencia artificial nos están rebasando en la carrera del conocimiento. Desde luego que los medios ya se encargan día sí y día también de recordarnos el poder de los datos. No tengo que ir muy lejos, ya que mi universidad saca el curso que viene un nuevo grado en Business Data Analytics. Será que algo está pasando.

Me quedo, en fin, con lo que escribe Ana Carbajosa, la autora del artículo de El País:

Gabriel aspira a empoderar el pensamiento, del que sostiene es un acto sensorial, y uno especialmente poderoso. Nos enseña que los humanos somos más inteligentes de lo que pensamos.

Imagen: Di Giuseppe Pellizza da VolpedoAssociazione Pellizza da Volpedo, Pubblico dominio, Collegamento.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(2) comentarios

  1. amalio rey
    04/05/2019 at 11:59

    Hola, Julen:
    Siempre me produce, supongo que como a ti, una sensación extraña, agridulce, cada vez que leo tesis de este tipo, que desde la radicalidad asimétrica nos presentan como meras víctimas que somos engañados para trabajar gratis. Yo, en principio, pongo en duda que: 1) seamos engañados, 2) lo gratis sea tan asimétrico. En cuanto a lo primero, casi todo el mundo ya sabe que "si no pagas, eres el producto", y sigue alimentando la rueda, no se quita de las redes sociales, 2) la razón de lo primero, se explica por lo segundo: algo significativo sacamos de bueno en esa relación => damos cosas gratis a cambio de servicios, de valor, que son también gratis. Es cierto que ellos se enriquecen, ganan sus millones, pero nosotros también ganamos cosas. El ejemplo más claro es cuando permites que Google personalice cosas, cookies, etc. Uno es consciente de que así ellos saben más de ti, y ganan pasta de esa manera, pero al mismo tiempo puede que lo aceptes porque de esa manera trabajas más cómodo, dado que te manejas en un entorno personalizado. Lo que quiero decir es que entregas cosas, y recibes cosas. ¿la relación es asimétrica? Sí lo es desde el punto de vista de cómo se reparten las ganancias, pero la pregunta que hay que hacerse es: ¿estamos de acuerdo con lo que recibimos? ¿estamos dispuestos, sabiendo lo que ganamos (y perdemos), con seguir ese juego? => Yo, cada vez que leo esos artículos tan radicales, con "claims" cuidadosamente pensados para vender (esas ideas), me pregunto si ellos se han quitado realmente de las redes sociales, por dar el ejemplo. He visto que esta "joven estrella del pensamiento aleman", Markus Gabriel, está en Twitter, tiene esta cuenta: @realM_Gabriel. Lo busqué en Facebook, y parece tener un "perfil", pero lo cierto es que no lo encontré. En fin, a mí cada vez me cuesta más criticar a las redes sociales sabiendo que sigo en ellas. Esa contradicción me obliga a bajar la voz y andar humilde.

    • Julen
      04/05/2019 at 12:53

      Desde mi punto de vista, el gran problema es la escasa transparencia de estos gigantes. Cada dos por tres les pillamos en conductas reprobables. Da la impresión de que nos la cuelan todo el tiempo, Amalio. La opción de salir de las redes es evidente que tiene hoy en día un coste personal de aislam. Para mí la clave está en exigir más a estos gigantes. La asimetría tiene que ver con su enorme poder. Y cada vez más...

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