Thursday, Jul. 18, 2019

El arte y la estética, compañeros de viaje del turismo y el consumo

El arte y la estética, compañeros de viaje del turismo y el consumo

Disneyland Halloween Time - 2013 EditionRepasando algunos textos sobre cómo el capitalismo se reinventa en los tiempos modernos, vuelvo a las ideas de Gilles Lipovetsky, para mí uno de los autores clave que nos ayuda a entender la sociedad contemporánea. Ya reseñé aquí el libro que ha publicado junto a Jean Serroy: La estetización del mundo. Vivir en la época del capitalismo artístico. Está edtiado por Anagrama en su fantástica colección Argumentos. En esta ocasión regreso a su texto a cuenta de los debates recientes sobre el turismo como actividad económica motor de los territorios.

Quienes gobiernan (o eso dicen) están empeñados en ser atractivos como destino. Los datos dicen que el turismo crece como macrotendencia mundial. La gente quiere moverse y conocer otros lugares. Sea por su cuenta o a través de paquetes, el caso es ocupar el tiempo con experiencias visuales y emocionales que sacudan lo anodino de sus vidas laborales. O algo así parece.

Pues bien, en ese sentido, me ha parecido muy pertinente recuperar una reflexión de Lipovetsky y Serroy en la Introducción del libro que citaba antes. Copio y pego, sin más. Y os dejo abierta una gran interrogación: ¿es esto lo que está sucediendo? Los subrayados son míos.

Los centros urbanos se maquillan, se escenografían, se “disneyfican” con el ojo puesto en consumo turístico. La publicidad pretende demostrar que es creativa y los desfiles de modelos parecen performances. Florecen las arquitecturas de imagen que valen por sí mismas, por su atractivo, su dimensión espectacular y que funcionan como plataformas de promoción en los mercados competitivos del turismo cultural.
Los términos utilizados para designar las profesiones y las actividades económicas llevan igualmente la impronta de la ambición estética: los jardineros se convierten en paisajistas, los peluqueros en estilistas, los floristas en artistas florales, los cocineros en creadores culinarios, los tatuadores, los tatuadores en artistas del tatuaje, los joyeros en artistas joyeros, los sastres en directores artísticos, los fabricantes de coches en “creadores de automóviles”. Frank Gehry es célebre en todo el mundo como arquitecto artístico. Incluso a ciertos empresarios se les denomina “artistas visionarios” (Steve Jobs). Mientras se desata la competencia económica, el capitalismo trabaja para construir y difundir una imagen artística de sus operarios, para artistizar las actividades económicas. El arte se ha convertido en instrumento de legitimación de las marcas y de las iniciativas del capitalismo.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(17) comentarios

  1. Juanjo Brizuela
    07/09/2015 at 18:19

    Pues ese tema me sorprendió muchísimo en cuanto comencé con el libro… y sí, sinceramente, tiene mucha razón… estoy acabando el libro y espera un post. Porque me ha gustado su visión critica, y para mí, muy cierta.
    Por el mundo que me toca, mucho que reflexionar las marcas, las personas y la cultura que estamos construyendo.

    • Julen
      13/09/2015 at 06:32

      Pues espero tu post, Juanjo. Yo estoy enganchado a Lipovetsky :-)

  2. Isabel
    07/09/2015 at 18:39

    Que perla esta cita Julen, anotada ;) La pregunta que dejas tras tu reflexión previa debería removernos los cimientos, pero seguro que la tendencia seguirá avanzando porque lo anodino siempre encuentra refugio en el escapismo, como el del turismo enlatado.

    Quienes (mal) gobiernan parecen obsesionados por matar el alma de las ciudades que tan bien refleja Jordi Borja en estas palabras:

    “La ciudad es el espacio que contiene el tiempo, que acumula memorias colectivas y conocimientos diversos, es donde se mezclan personas y actividades, donde se producen los intercambios múltiples, programados o no programados, donde aparecen las oportunidades generadas por el azar”

    • Julen
      13/09/2015 at 06:32

      Hola, Isabel.
      Disculpa que conteste tan tarde. Voy dejándolo para hacerlo con propiedad... y se me queda pendiente. Lipovetsky a mí me gusta mucho porque, poniendo el dedo sobre la llaga, mantiene cierto optimismo de fondo, que no está mal para los tiempos que corren. Esa definición de Jordi Borja añade un ingrediente que no conviene olvidar: las cosas pasan sin que tengamos que plantearlas como intención. Los espacios deberían ayudar a que un intercambio natural fluyera sin más. Pero eso es una ciudad de verdad, quizá algo distinto de lo que hoy se quiere planificar.

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