Saturday, Sep. 22, 2018

5 reflexiones a partir de un taller sobre cultura colaborativa

5 reflexiones a partir de un taller sobre cultura colaborativa

Este sábado participé en la jornada de encuentro entre personas vinculadas al tejido asociativo de Portugalete que organizó Adaka. Allí me encontré con gente amiga. Fue el caso de los compañeros taZEBAez, Laura FernándezMentxu Ramilo (que también ha escrito sobre el encuentro en su blog), Enrique Sacanell… Bueno, como jugar en casa, vamos 🙂

Topaketa

Me habían encargado un taller sobre cultura colaborativa. Es algo en torno a lo que últimamente ando trabajando. La explosión de la economía colaborativa no deja de ser, en parte, una manera natural de practicar empresa abierta al enlazarla con quienes conforman su comunidad natural. Pero sobre esto mantuvimos una interesante discusión en en taller.

Utilicé el vídeo Compartir mola: la revolución colaborativa, un estupendo documental en el que se recoge el punto de vista de mucha gente vinculada a este tipo de propuesta. Lo ha coordinado Héctor Castillo, de Tutellus, y ha sido dirigido y producido por Enrique de Alzaga, de Alfa Zulu. Nos sirvió para calentar motores. Media hora de argumentos para que muevas neuronas.

Comparto aquí cinco reflexiones a partir de la conversación que mantuvimos en el taller:

  1. La economía colaborativa, el consumo colaborativo, la cultura colaborativa… me temo que no son el mismo perro con distinto collar. El boom de ejemplos colaborativos evidencia que hay que separar el grano de la paja, que no todo es lo mismo y que sí, que lo “económico” extiende su poder. Como ya dijimos en su día, esto puede oler a capitalismo extremo: todo percibido en su valor de mercado.
  2. La palabra comunidad es otra de las que va a acabar perdiendo su significado. La usamos con tal profusión y es tan recurrida por quienes ponen en marcha negocios de economía colaborativa que se va a romper de tanto usarla. Conviene quizá ser más humilde y ponerle siempre el apellido, indicar algo más allá de la palabra comunidad que facilite comprender el para qué de cada una de ellas.
  3. La economía colaborativa puede tapar o desviar la atención de problemas de mayor calado. El coche compartido -todo un fenómeno social y que presume de pensar en sostenibilidad- puede ocultar el hecho de que quizá el coche sea el problema. En el taller se habló del transporte público y cómo, en cambio, este tipo de soluciones alternativas de movilidad parece que “ganan”, con muchísima mayor atención mediática, frente a otras opciones quizá mejores para la salud presente y futura de nuestro planeta.
  4. Lo colaborativo se fija enseguida en una escala global, planetaria, de crecimiento exponencial, que diría Javier Creus. Pero lo local, lo inmediato, el lazo humano intenso fruto del saludo de cada mañana, la conversación en una acera de encuentros casuales, todo eso ¿no os parece que queda en segundo plano frente a estas dinámicas bestiales de cifras mareantes que se mueven en torno a la economía colaborativa? ¿No nos convendría bajar la mirada a nivel de calle y pensar en modo colaborativo sobre todo junto a las personas que conforman nuestros barrios?
  5. Richard Sennett desarrolla un esquema sobre la cooperación en forma de continuo donde un extremo es “el ganador se lo lleva todo” y el otro es el altruismo. ¿Acaso no es cuando doy sin esperar nada a cambio cuando manifiesto lo mejor de mi condición humana? Pero la tentación vive en el piso de arriba: la economía colaborativa me insiste en que puedo ganar dinero al compartir. La cultura colaborativa parece subsumida por lo económico y hace olvidar que otra forma de cooperar es posible. Pudiera ser que gran parte de los ejemplos que hoy representan la colaboración no sean sino lo que nos impide ver que hay que trabajar otros valores desde la educación.

En fin, ideas que siempre ayudan a afilar los argumentos y a repensar las cosas. Demasiadas veces nos “gustamos” tanto en el discurso que se agradecen las críticas. El taller del sábado sirvió en parte para esto. Y para saludar a amigas y amigos, claro está 🙂

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(8) comentarios

  1. Mentxu Ramilo Araujo
    22/06/2015 at 08:10

    Un placer encontrarte y leerte! Soy fan de dos proyectos que trabajan la colaboración a pie de calle en mi ciudad, VitoriaGasteiz: www.saregune.net (inclusión digital con tecnologías libres) y www.muralismopublico.com (proceso colaborativo para pensar y pintar murales en la calle con personas diversas). Cuando vuelvas por Gasteiz te llevo a conocerlos in situ ;-)

    • Julen
      25/06/2015 at 05:58

      Como siempre, Mentxu, estupendo saber que nos movemos por territorios afines. Gracias por las referencias :-)

  2. José Carlos Hernández González
    22/06/2015 at 12:13

    Fantásticas reflexiones Julen. Gracias por compartirlas. Me gustaría hacer hincapié en la visión local de la economía colaborativa vinculada al concepto de comunidad. Efectivamente. la Economía colaborativa no es conseguir beneficio económico a costa de la comunidad, puede ser un resultado final, pero la economía son relaciones entre personas para conseguir bienes y servicios que generan un intercambio que se puede monetizar pero no es la esencia o el fin mismo.

    • Julen
      25/06/2015 at 05:57

      Lo que ocurre, José Carlos, es que bajo lo de "economía colaborativa" está entrando de todo. Y no queda sino hilar fino y separar el grano de la paja porque alguien se ha empeñado en colarnos mucho proyecto colaborativo que ejem...

  3. Pingback: 5 reflexiones a partir de un taller sobre cultu...

  4. Isabel
    24/06/2015 at 18:53

    Me había hablado Iago del documental pero no lo habíamos visto, gracias por ponerlo aquí. Y sí que da juego, mucho, mucho.

    Hubiera disfrutado y aprendido mucho en ese taller. Comparto todos y cada uno de los puntos de la reflexión. Y añado un subrayado a esto que ya has destacado con negrita: “¿No nos convendría bajar la mirada a nivel de calle y pensar en modo colaborativo sobre todo junto a las personas que conforman nuestros barrios?”

    Del docu me quedó especialmente grabada una afirmación que transformo en pregunta: ¿Generan más valor del que capturan? Porque, coincido contigo, ¿cómo medir la perversión de algunos conceptos y palabras y lo que eso conlleva?

    También es cierto que es la realidad que tenemos pero, si bien no hay que ponerse en contra, tampoco se trata aceptar sin cuestionar los argumentos que se están vendiendo. Para bien o para mal, esto no ha hecho más que empezar así que no nos quedemos con la vía única, hay mucho por explorar y hacer.

  5. Pingback: Los materiales del Encuento de Asociaciones de Portugalete | Consultoría artesana en red

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