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Cuando necesitamos sentir control

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22/02/2013


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Cuando necesitamos sentir control

Vediamo un po'...che ore sono?Cabalgar con el caos y aceptar lo impredecible que resulta el futuro puede desasosegar. Sentirse al albur de los acontecimientos viendo cómo todo se sucede de forma incontrolable no suele gustar. Estrategias, objetivos, acciones e indicadores pelean contra el famoso segundo principio de la termodinámica en una lucha encarnizada por hacer este mundo más previsible. Dejarse llevar, fluir, disfrutar con lo que está por llegar… puede que no resulte una actitud natural para muchas personas. De hecho, creo que tampoco para mí.

Cuando hago un viaje en bici, como el que tenemos previsto para esta semana santa por el Camino Mozárabe y luego la Vía de la Plata, me encanta “controlar” el recorrido de forma previa. De hecho, la labor de documentación forma parte del goce del viaje. De hecho si no pudiera hacerlo por alguna razón reconozco que me quedaría cierta sensación de que, de alguna forma, ya la he realizado. Ayer, en la inauguración de Emana, ese bonito proyecto de María Carrascal, comentaba con Eñaut Tolosa que ando ya trabajando en algunas ideas-fuerza para ese viaje si finalmente lo narramos con cierto fundamento. Lo estoy ¿planificando? Supongo que sí.

Pero luego, como siempre, acontece la realidad. ¿Y qué pasa si la realidad no es como lo que preví? Aquí está el truco: no pasa nada. Es lo que tiene que ser. Y no tiene por qué ser ni mejor ni peor que mi previsión. No lo veo como una “desviación” en negativo que requiere “acciones correctivas”. Simplemente es diferente de cómo pensé en un inicio que podía ser. Y menos mal que no todo sale como preví. Mira que el mundo resultaría aburrido si así fuera.

¿Me proporciona “control” sobre la situación preparar un rutómetro, prever unos lugares donde hacer noche y unas etapas lógicas por lo que respecta a distancia y desnivel acumulado? Desde luego que sí. Manejo muchos datos. Es un trabajo -podemos llamarlo así- que merece la pena. Te hace conocer mejor lo que vas a hacer y te proporciona más argumentos y recursos para que las cosas salgan a gusto.

Una organización necesita sentir que se ha dotado de mecanismos de control. Pero no tanto para ejercerlos -hasta cierto punto sucederá- sino para mejorar el rendimiento. El ejercicio de ponerse manos a la obra sobre algo y prever acontecimientos es una actividad humana como pocas. Somos, creo, la única especie que habita el planeta que anticipamos, que imaginamos, que prevemos. Pero me temo que no tenemos la varita mágica. No predecimos el futuro, aunque es evidente que las profecías tienden a su autocumplimiento.

La planificación genera, sin embargo, un efecto contrario en muchas ocasiones: el sentimiento de culpa. Al no hacer lo que pensamos que debíamos haber hecho aparece la emocionalidad negativa. Somos un desastre, hay que poner remedio a la situación. Y vivimos de la “acción correctiva”, aquella que se empeña en devolvernos a la previsión. Porque la previsión era la verdad. Aquí veo el problema para muchas organizaciones.

En nuestro modelo de empresa abierta hablamos de hipoorganización, aunque quizá debiéramos hablar de la “mínima organización necesaria”. Cada situación requiere una dosis de organización. Que puede ser mayor o menor según las circunstancias y según las personas involucradas. La sensación de control procede de diversos lugares. Uno, desde luego, es un manejo adecuado de la información. Saber que hay posibilidad de acceder a los datos… sin que -curiosa paradoja- pudiera hacer falta recurrir a ellos 🙂

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(5) comentarios

  1. Iván
    22/02/2013 at 22:25

    En el caso del viaje es curioso como a veces planificamos y soñamos un destino, pero la realidad la transforma en cosas que obviamente no entraban en esos planes iniciales. Al final la sorpresa y los encuentros resultan muchas veces la verdadera riqueza del viaje. En mi caso planifico y leo, pero cada vez he dejado más paso a la improvisación. Buen viaje Julen, espero estar en Granada ese finde.

    • Julen
      24/02/2013 at 06:33

      Las sorpresas son parte del viaje ;-)

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