Thursday, Jul. 24, 2014

Sobre compartir y la propiedad en la empresa

Sobre compartir y la propiedad en la empresa

EncadenadosEs evidente que “sentirse propietario” de algo, sea un bien material, un conocimiento o una empresa puede generar mayores niveles de compromiso con ese “algo”. Al mismo tiempo, cuando ese “algo” se comparte puede que el compromiso se fortalezca porque reconocemos que hay otras personas interesadas en lo mismo que nosotras. Tener en propiedad y compartir son, sin embargo, dos conceptos que hasta cierto punto pueden excluirse entre sí.

En el cooperativismo que he conocido, la propiedad como vínculo de compromiso se utiliza como principio básico y fundamental. De hecho cuando la persona adquiere la condición de socia de la cooperativa pasa a un estatus que la hace propietaria de la empresa. Y el salto se interpreta como un mayor vínculo con lo que esa empresa es y representa. Vamos, que no hay mejor manera de conseguir la implicación de las personas como haciéndolas propietarias.

Sin embargo, la propiedad es en sí misma excluyente. Una persona (o un conjunto de ellas) es propietaria, a diferencia de otra que no lo es. Tú no eres de mi grupo porque no eres propietaria de la empresa. En realidad creo que esto encumbra la referencia “hacia dentro” frente a la opción de “abrir” la empresa, que supone compartirla con otros grupos de personas con los que se interactúa de forma habitual de acuerdo con el tipo de negocios a los que nos dedicamos. Sin embargo, sigo pensando que “propiedad” incorpora ciertos valores positivos. Vaya lío.

Cuando hablamos en nuestra línea de investigación de empresa abierta de que la organización no es un fin en sí mismo sino un medio para un fin, estamos sobrevalorando lo de fuera frente a lo de dentro. Quiero decir que es más importante resolver el problema debido al cual existe la empresa que no tanto encumbrar la propiedad de ciertos medios materiales o incluso la propiedad del conocimiento. Es algo así como que la causa última de existencia es externa a la organización. Cuenta más conectarse con la resolución del problema (y, por tanto, con todas aquellas otras partes de la sociedad con quienes se puede colaborar para ese fin) que sentir orgullo por la organización que somos.

Hacia dentro, desde luego, hay organizaciones que han sido capaces de conseguir que su gente se sienta orgullosa de pertenecer a ella. “Soy de” tal o cual empresa es una forma de autodefinirse. Como cuando alguien dice “soy del Athletic”, por ejemplo. En este momento manifiesta una identificación con ciertos valores, manifiesta un sentimiento, difuso pero potente y movilizador. Sin embargo, a no ser que la empresa se defina por un fortísimo sentido social, es muy raro que alguien se identifique sentimentalmente con ella. Pero, con todo, el lado emocional cuenta, y mucho.

Así que, ¿cómo abordar la disyuntiva “poseer” frente a “compartir”? Si hablamos de empresa, la primera opción genera orgullo colectivo mientras que la segunda facilita la conexión y genera, creo, un modelo más resiliente. En cierto sentido es como contraponer producto y mercado. Hay veces que ves empresas muy volcadas en sus tecnologías, en su saber hacer, en su producto, en sus procesos. Se miran mucho para dentro. Otras veces contactas con empresas en las que enseguida percibes la orientación al mercado, a salir, a expandirse, a contactar con proveedores o con universidades y centros tecnológicos. Se miran más desde fuera, según con quiénes conectan.

La respuesta a todo esto es un puro tópico: aplicar líneas de trabajo inclusivas, que miren tanto hacia dentro como hacia fuera. Pero si hay que mojarse, lo hago. Creo que importa más la resolución del problema que la empresa aborda y la visión de lo que quiere conseguir que sobrevalorar el orgullo de pertenencia. Me viene de perlas la manera en que mi amigo Iván Marcos Peláez se suele presentar: ciudadano del mundo. De Asturias, pero ciudadano del mundo. Pues en la empresa igual. Primero resolver lo de fuera y luego mirar hacia dentro.

En fin, que quería compartir esta reflexión porque tengo enfrente un posible proyecto en el que a lo mejor hay que darle vueltas a este dilema para encontrar que pueden no ser términos excluyentes: poseer y compartir.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.