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Sunday, Dec. 4, 2016

Sobre compartir y la propiedad en la empresa

Sobre compartir y la propiedad en la empresa

EncadenadosEs evidente que “sentirse propietario” de algo, sea un bien material, un conocimiento o una empresa puede generar mayores niveles de compromiso con ese “algo”. Al mismo tiempo, cuando ese “algo” se comparte puede que el compromiso se fortalezca porque reconocemos que hay otras personas interesadas en lo mismo que nosotras. Tener en propiedad y compartir son, sin embargo, dos conceptos que hasta cierto punto pueden excluirse entre sí.

En el cooperativismo que he conocido, la propiedad como vínculo de compromiso se utiliza como principio básico y fundamental. De hecho cuando la persona adquiere la condición de socia de la cooperativa pasa a un estatus que la hace propietaria de la empresa. Y el salto se interpreta como un mayor vínculo con lo que esa empresa es y representa. Vamos, que no hay mejor manera de conseguir la implicación de las personas como haciéndolas propietarias.

Sin embargo, la propiedad es en sí misma excluyente. Una persona (o un conjunto de ellas) es propietaria, a diferencia de otra que no lo es. Tú no eres de mi grupo porque no eres propietaria de la empresa. En realidad creo que esto encumbra la referencia “hacia dentro” frente a la opción de “abrir” la empresa, que supone compartirla con otros grupos de personas con los que se interactúa de forma habitual de acuerdo con el tipo de negocios a los que nos dedicamos. Sin embargo, sigo pensando que “propiedad” incorpora ciertos valores positivos. Vaya lío.

Cuando hablamos en nuestra línea de investigación de empresa abierta de que la organización no es un fin en sí mismo sino un medio para un fin, estamos sobrevalorando lo de fuera frente a lo de dentro. Quiero decir que es más importante resolver el problema debido al cual existe la empresa que no tanto encumbrar la propiedad de ciertos medios materiales o incluso la propiedad del conocimiento. Es algo así como que la causa última de existencia es externa a la organización. Cuenta más conectarse con la resolución del problema (y, por tanto, con todas aquellas otras partes de la sociedad con quienes se puede colaborar para ese fin) que sentir orgullo por la organización que somos.

Hacia dentro, desde luego, hay organizaciones que han sido capaces de conseguir que su gente se sienta orgullosa de pertenecer a ella. “Soy de” tal o cual empresa es una forma de autodefinirse. Como cuando alguien dice “soy del Athletic”, por ejemplo. En este momento manifiesta una identificación con ciertos valores, manifiesta un sentimiento, difuso pero potente y movilizador. Sin embargo, a no ser que la empresa se defina por un fortísimo sentido social, es muy raro que alguien se identifique sentimentalmente con ella. Pero, con todo, el lado emocional cuenta, y mucho.

Así que, ¿cómo abordar la disyuntiva “poseer” frente a “compartir”? Si hablamos de empresa, la primera opción genera orgullo colectivo mientras que la segunda facilita la conexión y genera, creo, un modelo más resiliente. En cierto sentido es como contraponer producto y mercado. Hay veces que ves empresas muy volcadas en sus tecnologías, en su saber hacer, en su producto, en sus procesos. Se miran mucho para dentro. Otras veces contactas con empresas en las que enseguida percibes la orientación al mercado, a salir, a expandirse, a contactar con proveedores o con universidades y centros tecnológicos. Se miran más desde fuera, según con quiénes conectan.

La respuesta a todo esto es un puro tópico: aplicar líneas de trabajo inclusivas, que miren tanto hacia dentro como hacia fuera. Pero si hay que mojarse, lo hago. Creo que importa más la resolución del problema que la empresa aborda y la visión de lo que quiere conseguir que sobrevalorar el orgullo de pertenencia. Me viene de perlas la manera en que mi amigo Iván Marcos Peláez se suele presentar: ciudadano del mundo. De Asturias, pero ciudadano del mundo. Pues en la empresa igual. Primero resolver lo de fuera y luego mirar hacia dentro.

En fin, que quería compartir esta reflexión porque tengo enfrente un posible proyecto en el que a lo mejor hay que darle vueltas a este dilema para encontrar que pueden no ser términos excluyentes: poseer y compartir.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(14) comentarios

  1. Jesús Fernández
    13/06/2012 at 06:56

    Ya se sabe que no vale la pena tener unas espléndidas vacaciones en lugares extraordinarios si luego no puedes contarlo...

    Pues parecido, ¿no? Creo que hoy en día, la mayoría de las veces que te encuentras con gente orgullosa de lo que pasa en su empresa, de formar parde de ella y viceversa, te encuentras con gente que lo va contando por ahí afuera.

    Y en términos empresariales, que además alguien te escuche implica no que seas su amigo, sino que estés contando algo de interés, bien porque te estés mostrando y por tanto compartiendo lo que sabes... o bien en mayor grado porque estés abriendo una oportunidad de colaboración, un proyecto en algún modo compartido.

    Además es un proceso retroalimentado, porque cuanto más practicas la conectividad externa, más tomas conciencia del valor que para fuera tiene lo que tienes dentro... y viceversa.

    Como en otras cosas, el valor que percibes de tus propios activos crece con el honesto reconocimiento ajeno.

    Es más, cuando algunas cosas para las que has abierto la empresa empiezan a salir bien, incluso hay quien intramuros empieza a ver valor en ello... :-)

    Así que, en resumen... ¡hay esperanza! ;-)

    • Julen
      14/06/2012 at 04:29

      Jesús, parece lógica la complementariedad de que al abrir y ver lo de fuera toma valor lo de dentro. Pero en mi experiencia demasiadas veces veo que se sobrevalora lo de dentro frente a lo de fuera (lógico hasta cierto punto) en el sentido de "dedicarnos a lo que es nuestro" y no a mirar al mercado y moverse más allá de los límites de la organización propia. No recuerdo a quién le leía hace poco que explicaba que allá fuera hace frío y que como el calor del hogar nada de nada. Me pareció una buena manera de explicar por qué a veces se sale tan poco fuera de la empresa.

      • Jesús Fernández
        14/06/2012 at 10:45

        Pues yo creo (ingenuo de mí...) que hay cosas que (esta vez sí) pueden estar cambiando...

        Pero claro, yo hablo desde un "dentro" (no lo podría evitar ni aunque lo deseara) y eso, ahora y hace tres años, siempre viene filtrado con cómo nos va la vida a cada uno.

        Creo que algunas organizaciones empiezan a moverse desde el oir hasta el escuchar.

        Y ojalá tenga razón...

        • Julen
          15/06/2012 at 05:57

          Jesús, mejor pensamos en positivo, porque la mayor parte de las veces la realidad que tenemos enfrente nos muestra tanto brotes verdes como agujeros negros. Así que aunque solo sea por nuestra salud mental, mejor que veamos que sí, que hay algo que está cambiando ;-)

  2. Alberto
    13/06/2012 at 18:41

    Creo que la reflexión que planteas tiene esa doble vertiente: el ser y, por contra, el no ser. Si compartes con unos, por el mismo hecho, no se comparte con otros. Sin embargo, y referido a la propiedad, las organizaciones -y sus proyectos- tienen propietarios - unas veces físicos y hoy en día también virtuales- y personas que los desarrollan. Frente a que sean unos propietarios y otros no, me inclino por el hecho de que los que trabajan lo sean. O algo así ...

    • Julen
      14/06/2012 at 04:31

      A mí lo que genera dudas es la insistencia en la propiedad cuando me parece que por compartirlo a veces un proyecto se hace más fuerte. Insistir en la propiedad entiendo que busca la identificación y el compromiso, pero eso mismo creo que se puede plantear si miramos a resolver algún problema de hondo calado social, donde la organización es claramente un medio para un fin.

      • Alberto
        15/06/2012 at 10:59

        Veamos si me explico. La propiedad en sí misma no tiene porqué generar ningún sentimiento de compartir (ejemplo: tener acciones en Iberdrola al igual que las tiene un fondo de inversión austriaco no genera, entre ese accionista y el fondo ningún sentido de compartir). La propiedad, tuya y mía, de aquello que supone nuestra actividad, sí es un elemento -uno más, pero significativo- que aporta sentido a compartir. Y si no lo hace -que sería otra cuestión-, sin duda que facilita un escenario más proclive para que ocurra.

        • Julen
          18/06/2012 at 04:36

          Alberto, lo que pasa es que "propiedad" suele ser un concepto más relacionado con la persona que con un equipo. De hecho casi parece que hay que añadir "compartida" a la palabra "propiedad" para darle ese carácter potenciador, ¿no?

  3. Albert Cañigueral
    14/06/2012 at 18:49

    Muy buena reflexión. Me encanta "la organización no es un fin en sí mismo sino un medio para un fin, estamos sobrevalorando lo de fuera frente a lo de dentro. Quiero decir que es más importante resolver el problema debido al cual existe la empresa que no tanto encumbrar la propiedad de ciertos medios materiales o incluso la propiedad del conocimiento" ... sólo entendiendo esto los 7 billones que somos en el planeta podríamos vivir bien... sin copyrights, ni patentes, etc.

    • Julen
      15/06/2012 at 05:56

      Sí, es que a veces nos miramos demasiado al ombligo cuando ahí fuera es donde tenemos los retos. Hay mucho por resolver y puede que no sea tan importante insistir sobre nuestro proyecto, que seguro que está bien, pero mejor "manos a la obra" y ya iremos encontrando nuestro lugar en el planeta a partir de las obras que hacemos ;-)
      Por cierto, gracias por darte una vuelta por aquí, Albert.

  4. Juanjo Brizuela
    15/06/2012 at 06:51

    Hace unos pocos días, tras una clase, estuve pensando en que (desde mi punto de vista, ya sabes el branding y el nuevo marketing) que lo primero que deberían hacer las empresas es pensar en su proyecto desde fuera. El primer punto nada de eso de misión, visión, etc… sino simplemente qué "satisfacción" queremos lograr en el "mercado"… y a partir de ahí hacer el recorrido hacia dentro: qué tenemos que ofertar, cómo nos hemos de organizar y por tanto qué misión coherente hemos de tener culturalmente e internamente.
    Me pareció cuando menos curioso que podríamos hacer este ejercicio y veríamos que pocas empresas saben qué satisfacción logran hacia fuera y me da que esa misma no tiene ni un sentido hacia dentro.
    Este post me ayuda a seguir pensando sobre ello.

    • Julen
      18/06/2012 at 04:38

      Muy de acuerdo. Creo que darle sentido a una organización por lo que "resuelve" en cuanto necesidad del mercado es fundamental. Básicamente la "propuesta de valor" debería girar en torno a esta cuestión, ¿no?

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