Thursday, Apr. 25, 2019

Esclavitudes: electricidad e Internet

ElectricidadSeguramente que Edison se pusiera las pilas hace un montón de años y consiguiera que el primer mundo funcione con electricidad fue un gran avance para la humanidad. Nicholas Carr matiza en su best-seller The Big Switch, creo que con buen criterio, que el gran salto no tuvo tanto que ver con “producir” electricidad sino con “distribuirla”. Esto le sirve para establecer un paralelismo entre la forma en que usamos la electricidad y la forma en que usa(re)mos Internet.

Internet en la nube, Internet distribuida, Internet en streaming. Algo ubicuo, omnipresente, algo en donde “no puedes no estar”, un lugar donde no hay interruptor para desconectarse, en palabras de Lawrence Lessig (por cierto, adiós a su blog). Y con una realidad –aumentada o no– que está cada vez más presente, la Internet de las cosas, esa avalancha en la que trabaja Neil Gershenfeld y sus colegas. Como antes la electricidad, Internet ahora distribuye información en formato digital como alimento básico de la economía del primer mucho.

Han pasado los años y la frontera que separa comprender la electricidad como una bendición o tal vez como una esclavitud se está diluyendo. Para cualquier cosa necesitamos electricidad. Un apagón es un desastre monumental que colapsa la vida en cualquiera de nuestras ciudades. Al mismo tiempo, la electricidad es eso que falta a más de 2.000 millones de personas en este planeta. Toda esa gente está a la espera de recibir la bendición del cielo. Mientras aquí en el primer mundo, llegamos a decir que vivimos esclavos de ella. De hecho, hay quien ante el miedo a quedarse sin ella retoma inventos del pasado para generarla por sus propios medios. El primer mundo se defiende de sí mismo.

Internet cada vez más es la vida en sí misma. Está presente en nuestra vida cotidiana, seamos o no personas activas en el ciberespacio. Una multa pasa por Internet, una transacción con el banco, una oferta para comprar ordenadores. Cada vez más tráfico de la vida corriente pasa por allí. Nace allí y allí desarrolla su función. Incluso cuando llegamos a la transacción real, el dinero fluye en soportes digitales. Nicholas Negroponte escribió en la primera década de los noventa su libro Being Digital. Han pasado casi 20 años e Internet se expande cual teoría de los gases: va a ocuparlo todo.

¿Un gran avance? Hay personas sensibles que reniegan de Facebook. Mucha gente se da cuenta de que la tecnología no es neutra. En parte las grandes compañías que comercian con nuestra información juegan en los bordes de la legalidad. En tanto que la cartografía que serviría para navegar por estos nuevos territorios aún no está del todo explicitada, aprovechan esos huecos para moverse con actitudes alegales. Son espabiladas y en el actual río revuelto consiguen ganancia de pescadores. ¿Vamos a asistir a una lucha de resistencia contra Internet?, ¿movimientos civiles en defensa de nuestra intimidad, de nuestro ser, de nuestra existencia al margen de una monitorización salvaje a través de grandes hermanos tanto privados como públicos?

En el primer mundo vivimos esclavos de la electricidad. Y al tiempo es la gran bendición. ¿Viviremos esclavos de Internet? ¿Es un lugar para gozar y donde aplicar lo de “relájate y disfruta” porque esa es la mejor actitud posible? Creo que cuando Lessig habla del ciberespacio como un lugar donde hay que regular (pero con otra métrica, aún por construir) no deja de ser cierto. Necesitamos normas de convivencia para un mundo donde reconoces que mucha gente, quizá demasiada, todavía no se siente nada del todo a gusto.

Y esto que comento relativo a las personas sucede en mayor medida con las empresas. La mayor parte son todavía renuentes a considerar que Internet es un lugar fundido con la realidad, real y no virtual, que es donde las personas (también) se socializan. ¿Cómo abordarlo? Sólo se nos ocurre un camino contradictorio con los tiempos actuales: poco a poco y sobre la base de experiencias concretas. De todas formas, aunque no lo sepan muchas empresas ya están en Internet. ¿Por qué? Porque las personas que trabajan en ellas ya lo están. Otra cosa es que las empresas sean conscientes de ello.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(5) comentarios

  1. josempelaez
    16/10/2009 at 10:10

    Tengo la sensación de que, cuando pensamos en nuestras dependencias, no relacionamos suficientemente las que nos vienen dadas (comer, beber…) con las que nos creamos "voluntariamente" para mejorar nuestra vida. ¿Es mejor la heredada genéticamente que la adquirida "culturalmente"? Considero que todas tienen sus reglas.

  2. Jaime Izquierdo
    16/10/2009 at 11:56

    Hola Julen,

    Sí, habrá co-dependencia entre el hombre y la máquina ("The One"), como ya identificaba Kevin Kelly en su charla en TED 2007. Y está claro que cualquier legislación sólo tendría sentido con carácter supranacional, así que nos queda mucho camino por delante, siglos, quizá.

    Quizá porque pienso así las empresas - y los países - me preocupan menos, porque las que no sepan escuchar (tremendo, por sencillo, el post de Joan Jiménez de hoy) lo pasarán peor o desaparecerán, pero no dejan de ser entes jurídicos. El factor importante está en "la gente", muchas personas no están ni poco ni muy a gusto con las nuevas tecnologías y tenemos un impresionante reto por delante para no encontrarnos con media generación de trabajadores de conocimiento con veinte años de vida laboral por delante y totalmente fuera de juego.

    Así que también comparto contigo tu última reflexión: "start small, start now", no me canso de repetirlo...

    Muchas gracias una vez más por la oportunidad de comentar y un saludo muy cordial,

    Jaime

  3. Julen
    18/10/2009 at 05:24

    @josempelaez, lo cierto es que parece que nos define como humanos: somos especialistas en crearnos dependencias.

    @Jaime, respecto a lo último que comentas, a mí me choca tanto "tremendismo" como manejamos en nuestras sociedad. Usamos con demasiada frecuencia el recurso al golpe dramático: los medios de comunicación se aferran a grandes golpes para reclamar nuestra atención. Poco a poco, suave, sin prisa: todo esto no se lleva. Por cierto, muy interesante la reflexión que comentas de Joan Jiménez.

  4. Pingback: Consultoría artesana en red » Identidad y marca cuando Internet aprieta (I)

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