Monday, Jul. 22, 2019

La otra crónica del milímetro digital

La otra crónica del milímetro digital

Ya sé lo que me engancha. Me enganchan reuniones como la de ayer en el Milímetro Digital de La Almozara. Ya he dormido, tengo una pequeña distancia respecto a los hechos. Me ha dado tiempo a un rápido repaso de crónicas y sé (más o menos) quiénes estuvimos: Roberto Abizanda, Alfonso Romay, Fernando Tricas, Carlos Mata, Eduardo Paz, Emilio Gil, Adolfo Estalella, Carlos Tricas, Antonio Novo, Javier Mendivil, Victor, Luis Luedro, Pedro Canut, Javier Torres, Jose Carlos Arnal, Mariano Gistain, Samuel Gimeno, César Laso, Reflexiones en voz alta, José Martinez. Qué simple es llamar a la gente por su nombre, ¿verdad?

He leído lo que se dice aquí y allá, luego iré dejando comentarios. Pero antes quiero organizarme, si puedo, cuatro emociones. Son las que puedes leer en los siguientes párrafos. Es la otra crónica, la que rarísimas veces harías cuando te vienes de un congreso, o de un aula de la universidad o del mejor de los centros tecnológicos. No, aquí hablamos de cosas de barrio.

La tecnología es agresiva y quizá eso saca a las mujeres, en parte, de estos saraos. El medio que usamos engancha a una minoría. Estadísticamente es así a fecha de hoy. El humano digiere mal una conversación digital porque tiene otro referente que mucho antes le convirtió precisamente en humano: el lenguaje. Y aunque la historia llegó con el lenguaje escrito, la conversación íntima requiere la voz y todos los matices que la acompañan. En la prehistoria ya conversábamos, lo cual supone muchos años cincelando nuestros genes. Sirvieron, sirven y seguirán sirviendo inflexiones, silencios o ausencias. Mejor comprendidas cara a cara que digitalmente.

Y RSS es tecnología, es algo que se asocia a unos cacharros. Si no hay cacharros no hay RSS. Si no hay cacharros no hay blogs. Todo ello muy difícil de explicar a mi vecina del quinto. Es un gran obstáculo. Aunque la pasión a veces supera barreras. Cuando traspasas una puerta metálica en una esquina de un barrio esquinado de Zaragoza, puede que surja la magia. Se trata de la conversación al más puro estilo tradicional: contactar con miradas y dialogar con ideas. Es en estos espacios íntimos donde las defensas bajan, el discurso fluye y se hacen más permeables meninges y corazones.

¿Quién quiere escribir una crónica de hechos? Quizá debamos escribir crónicas de emociones. Porque éstas son las que abren las puertas del conocimiento. Goleman y compañía insisten en evidencias: mentes bloqueadas por corazones. Quizá debamos reivindicar el espacio de barrio para redimensionar el universo digital. Porque el problema de la dimensión es horrible. Nadie puede mantener conversaciones dignas con multitudes. Por mucho que queramos ver en las multitudes la sabiduría del planeta. Eso es para los libros y las grandes investigaciones. En el barrio se recrea la esencia del humano. Y el barrio nunca puede ser muy grande. Si llega a serlo, se despersonaliza.

Siglo XXI: todas las personas pueden aportar. Wikipedia way of life. Pero aportar empieza en la casilla cero del juego de la oca: querer hacerlo. Y si quieres, primer gran paso, luego tenemos que ver si puedes. Y poder es tecnológicamente áspero. Porque la tecnología levanta un muro, asociado sencillamente al momento en que se crea. Hay una fecha que marca la raya. Antes no había y ahora hay. Si conociste el mundo de antes, tienes -tenemos- un problema. Y superarlo no consiste en incorporar conocimientos. No sólo, no sólo. Primero tenemos que recuperar espacios de conectividad humana para que luego sean posibles las otras dos conectividades: la de la cacharrería y la de la asimilación de conocimientos. Si no estás humanamente conectado, ¿para qué quieres lo demás?

La participación comienza en estos espacios sin calefacción central. Aquí disfrutas de la incomodidad. Es la forma de sentir que lo que prima es la conexión humana, mucho antes que la conexión con Internet. Por cierto, ¿de qué fue el taller?

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(11) comentarios

  1. Txetxu
    14/01/2007 at 10:05

    Me ha emocionado y peinso al mismo tiempo. Esto es así para nosotros. Pongamos gente de cuarenta. ¿Será así para los más jóvenes que quizás se mueven en otra constelación?

    Me parece clave la dimensión sentido, sentimiento y añadiría velocidad como barrera de entrada no sólo hombre mujer, sino pobre rico, alfabetizado no alfabetizado.

    Avancemos, quizás también, hacia unos "aprendices más lentos"

  2. unjubilado
    14/01/2007 at 10:12

    Tu artículo ha sido emocionate ya que por mi condición de jubilado, soy un ente inservible para la sociedad, pero al menos puedo relacionarme de manera personal y por supuesto de forma virtual con mucha gente que en muchos casos al igual que me ocurre a mí estamos fuera de circulación. Todo ello gracias a esta "cosa" que se llama Internet.

  3. Eduardo
    14/01/2007 at 11:23

    Encuentro muchísima razón en lo que dices, Julen. Las dimensiones más pequeñas son lo que forman el todo y es donde la gente se comunica de verdad.

  4. Tochismochis
    14/01/2007 at 11:30

    Cierto. Hubo momentos en la conversación de ayer, de mesa camilla y brasero, de sentimientos sencillos y conversación de café por la tarde. Comunicación entre personas (sin hablar de medios).

    Muy especial, la verdad.

  5. m ; )
    14/01/2007 at 11:49

    Hola. El Luis que tienes sin enlace se apellida Luedro: http://luedro.spaces.live.com/

    Y también ha escrito bastante sobre lo de ayer.
    Salud !

  6. Julen
    14/01/2007 at 11:58

    txetxu, no cabe duda que hay muchos matices según edades y procedencias. Los ritmos de aprendizaje también tienen mucho que ver con los fracasos. El mundo decimos que se mueve deprisa y quizá quienes acabamos masacrando a quienes llevan el paso más lento. Jodido asunto.
    unjubilado, hacía un tiempo escuché una entrevista en la radio con una chica inmigrante, del África subsahariana (que decimos ahora). Le preguntaban qué era lo que más le chocaba comparando con su lugar de procedencia. Dijo que la forma en que nos relacionamos con nuestros mayores. De donde ella venía era sinónimo de sabiduría, aquí...
    eduardo, pues estamos de acuerdo, entonces. Las distancias cortas...
    tochismochis, va a ser que la niebla baturra conduce a esos espacios reducidos de buenas conversaciones.
    m;), gracias. Ya está actualizado.

  7. Antonio Novo
    14/01/2007 at 17:01

    ¡Magnífico artículo Julen! Y totalmente de acuerdo: fue un placer simple e intenso.

  8. fernand0
    15/01/2007 at 17:49

    Gracias por la visita, hiciste un gran esfuerzo para venir :) y pasamos un buen rato.

  9. m ; )
    16/01/2007 at 00:05

    Hola, Julen
    Está muy bien lo de aprendices.
    A mi también me engancha lo del otro día. A ver si se me ocurre algo.
    -
    Luedro no es Luedro 8aunque el blog se llama así) es Luis Royo, ¡por fin!
    -Enhorabuena por las entradas posteriores a esta. Acabo de leerlas, aunque te he seguido por Bloglines (creo que a través de alfonso Romay, no estoy seguro), es mejor en directo, soy un antiguo.
    Si vas a la Quebrantahuesos te iremos a postear a la meta. Eres un titán.

  10. Tíscar
    17/01/2007 at 10:31

    Vaya, parece que me perdí algo interesante y mejor aún, emocionante.

  11. Pingback: Consultoría artesana en red » Hiperterritorio: el sur de Islandia

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