Monday, May. 21, 2018

20 ideas para repensar la participación en el cooperativismo de MONDRAGON

20 ideas para repensar la participación en el cooperativismo de MONDRAGON

Recojo un texto que escribí hace un cierto tiempo sobre participación en el marco del máster de economía social y empresa cooperativa. A cuenta de una serie de conversaciones recientes me ha parecido pertinente rescatarlo.

1. Se necesita más diálogo intergeneracional. Los saltos generacionales son motivo de profundo análisis hoy en día. Las cooperativas de MONDRAGON son instituciones que nacen en su mayoría en el siglo pasado de la mano de personas que las impulsaron desde su particular idiosincrasia. El sentido de la experiencia cooperativa de MONDRAGON tiene necesariamente que alimentarse también de las nuevas generaciones.

2. El vínculo con el trabajo ha cambiado. Hoy la seguridad del vínculo con un empleo de por vida es mera ilusión. Como afirma Richard Sennett en La corrosión del carácter, la empresa ya no es un eje vertebrador de nuestras vidas. Esta afirmación choca contra con la importancia que el pensamiento de Arizmendiarrieta atribuye a la cooperativa. La participación, si la empresa cooperativa pierde su poder referente, se hace si cabe aún más dificultosa.

3. Los valores y principios necesitan una reinterpretación tras las convulsiones globales y locales. La caída de Fagor Electrodomésticos, los posteriores problemas con Ordaindu y Eskuratu, o la sanción a Auzolagun tienen consecuencias, tanto hacia dentro como hacia fuera de las cooperativas. Ahora más que nunca hay que repensar valores y la forma en que se practican. La participación forma parte del núcleo duro y se ve afectada.

4. La dicotomía tecnoestructura/socioestructura genera problemas. De hecho ya se están generando prácticas mixtas. Cuando se leen las nuevas propuestas de funcionamiento de asambleas, consejos rectores y sociales, y también de consejillos, de fondo se aprecia una mezcla operativa de temas a abordar. La cercanía de la gestión inmediata, la subsidiariedad, aporta un plus que puede y debe incorporar lo institucional y lo que llega de la gestión.

5. La formación cooperativa llega hasta donde llega. Se insiste por todas partes en formar a quienes acceden a un consejo rector o a un consejo social. Lo mismo sucede con las personas que adquieren la condición de socio. Hoy la educación se ha fragmentado, se ha convertido en una suma de inputs formales e informales. Se aprende tanto o más de los pares que de quienes ejercen profesionalmente la docencia. Es posible que haya que rediseñar la formación cooperativa para adecuarla a formatos más actuales y reconocer, al mismo tiempo, que su capacidad de influir es hoy relativa.

6. Imaginación e innovación disruptiva en torno a la participación institucional. Aunque sea un término muy manido, hay que innovar. ¿Cuántas cooperativas disponen de una aplicación en el móvil para que la gente acceda a información rápida y veraz de lo que está sucediendo?, ¿cuántas incorporan en sus órganos colegiados personas de fuera que puntualmente puedan ofrecer un contrapeso y hacer que corra aire fresco en la sala?, ¿cuántas se han planteado cuotas de género en sus órganos colegiados?, ¿se puede imaginar un consejo rector elegido como equipo y no de forma individual? Es posible que haya que pensar desde fuera de la caja.

7. La pérdida de influencia del consejo social y del consejo rector: que no, que no, que no nos representan. La crisis a partir de 2008 ha descubierto un posible movimiento tectónico: pudiera ser que las personas socias de una cooperativa no encuentren en sus tradicionales órganos colegiados la representatividad que sería lógica puesto que proceden de una votación democrática. Pero la queja está aquí, quizá más expresa en torno al consejo social. Asunto complejo y con el que no hay que eludir responsabilidad. Tienes el consejo social que te mereces es una expresión que ya se ha escuchado en más de una ocasión.

8. Trabajo más desde lo emocional. Si bien esta es una línea que se lleva trabajando desde hace varios años, no cabe duda de que necesita todavía un cierto recorrido. En línea con aquella idea fuerza de “cooperativistas antes que cooperativas”, adentrarse en lo que las personas son y hacen, en sus comportamientos, en sus miedos y su potencialidad, supone una manera diferente de enfocar la participación, necesaria pero también extraordinariamente compleja.

9. La eficacia del consejo rector y del consejo social como equipos. La participación institucional canalizada a través de estos dos órganos exige que ambos funcionen bien. Las relaciones interpersonales que se van gestando con el paso del tiempo influyen, como no puede ser de otra manera. Parece conveniente pensar en estos dos órganos como “equipos de alto rendimiento” (en terminología empresarial). ¿Qué tipo de dinámicas conviene trabajar en su seno para mejorar su funcionamiento colectivo? A fin de cuentas son órganos fundamentales para que la participación institucional se desarrolle con agilidad.

10. El consejo social y el consejo de dirección como polos opuestos. Si preguntáramos a quienes ocupan la gerencia de las cooperativas, no debería extrañar que en un buen número de ocasiones obtuviéramos respuestas (bien vehementes, por cierto) en las que expresaran su malestar con el rol del consejo social. Frente a lo que exige el mercado y la competitividad, el consejo social es el freno que no quiere ver las cosas como son. Sin embargo, el contrapeso parece necesario porque son visiones complementarias de la realidad. Necesitan entenderse y desarrollar un marco de trabajo común que no genere animadversiones personales. Todo un reto.

11. Un consejo social que asuma que de la protesta hay que ir a la propuesta y de ella al compromiso con la acción. En la distribución de roles respecto a la participación institucional un riesgo evidente es el de que el consejo social se quede como órgano de denuncia. Esto conduce a contextos en los que tenéis que hacer, que para eso os pagan. En el consejo social también parece lógico que exista capacidad ejecutiva y no solo de denuncia. Cualquier protesta, a nada que aporte un mínimo análisis de la situación, incluye una propuesta . Por supuesto, deberá ser negociada y consensuada, pero romper el círculo y separar la protesta de la propuesta contribuye a enquistar relaciones y sembrar rencores.

12. Consejillos en forma de red distribuida frente a la idea jerárquica. En varios documentos de los aportados en el máster se reflexiona sobre el rol de los consejillos. Es fácil comprender el poder en tanto reunión cercana donde se conoce a las personas por su nombre y donde se pueden plantear situaciones más vinculadas con lo cotidiano, con lo que afecta día sí y día también. Esta fórmula de participación institucional, surgida ante la dimensión de las cooperativas, encierra en sí misma un gran potencial. También es cierto que puede solaparse en ocasiones con reuniones de colaboradores. En cualquier caso, puede ser un excelente campo de experimentación para renovar la participación en un ambiente donde es más fácil que haya confianza.

13. La diferente condición societaria de las personas que trabajan en la cooperativa: ¿todas son socias? Joxe Azurmendi escribe en El hombre cooperativo que “todos los miembros de la entidad y, por tanto, todos los que trabajan en la misma son socios” y de ahí deriva que “como tales participan con voz y voto en la Junta General, que es el órgano de la voluntad social y de soberanía”. En la práctica no es así porque no todas las personas son socias y la regulación para incorporarse con esa condición ha ido extendiendo progresivamente el tiempo necesario para serlo. Si bien son abundantes las prácticas para permitir que quienes no son socias y socios de la cooperativa acceden a la participación institucional también es cierto que no tendrán voto.

14. El prestigio o carisma de los promotores frente a la implicación personal. Se trata de otra interesante reflexión de Azurmendi a partir de las ideas de Arizmendiarrieta. Tiene que ver con el excesivo peso en el liderazgo que pudieran tener las personas promotoras. Aceptar una decisión no es lo mismo que participar en la toma de decisión. Si quienes están al frente de la cooperativa destacan en exceso con su visión se puede asistir a una peligrosa pérdida de sentido personal: no se interiorizan las decisiones. Ya hay quien decide por mí y además lo hace bien, según parece.

15. Corresponsabilidad y no paternalismo para hacer auténtica la participación. Ciertamente es una alusión directa a que el proyecto conjunto depende, en última instancia, de cada una de las personas. Nadie puede escapar a la exigencia de que, en tanto que organización teóricamente democrática, la cooperativa requiere unas obligaciones. ¿Existe el derecho a no participar? Es una pregunta complicada por cuanto habrá que matizar siempre a qué tipo de participación nos referimos. Si se mira a la institucional parece exigible porque va con la condición de socia o socio. Pero también es cierto que la participación puede entenderse como un continuo y no tanto como un hecho que sucede o no sucede. Esta idea de corresponsabilidad es en la actualidad una que atrae mucha atención. Sin embargo, frente a la idea de una persona un voto (igualdad) hay que contraponer ese otro enfoque de que personas distintas en diferentes puestos asumen responsabilidades diferentes.

16. Proyección a futuro y adaptación permanente al cambio. Es una idea que recoge Gorroñogoitia del ideario de Arizmendiarrieta pero que se da de bruces contra el imperio de la inmediatez que marcan los tiempos. Los proyectos a futuro viven presos de la exigencia de rentabilidad a corto plazo. Aquel chiste de Forges que exagera la precariedad de la contratación diciendo aquello de que le haremos un contrato de cinco minutos y luego va veremos refleja una moderna esclavitud: la pérdida de referencias en un mundo bautizado como líquido por Zygmunt Bauman. Además, “adaptarse” al cambio puede que no sirva como táctica ya que hay que adelantarse de alguna forma a él o al menos tomar decisiones con una visión prospectiva. La participación necesita actualizarse en fondo y forma pero el suelo bajo sus pies continúa moviéndose. Es importante no dejar de mirar a lo que está por venir, a las tendencias, a lo que parece que va a pasar. Claro que moverse en esa incertidumbre no es un buen mensaje para afianzar un sentido sólido de participación: hoy será de una forma y mañana de otra.

17. El contexto importa. La teoría de sistemas a veces explica una conducta en términos de un círculo que se retroalimenta sin necesidad de fuerza externa. ¿Cabe imaginar una participación que sucede porque sí, porque es la única forma en que las cosas se pueden hacer? ¿Podría diseñarse un sistema en el que da igual como lo hagas lo vas a hacer participando? Desde perspectivas como las de design thinking es probable que se puedan encontrar nuevas respuestas. Conviene una perspectiva profunda, antropológica incluso, para desentrañar qué mecanismos son los que favorecen una participación natural, desprovista de artificialidad.

18. La mayoría silenciosa también puede participar. Derivado de la idea de que la participación se pueden entender como un continuo con diversos grados de intensidad, conviene tener en cuenta también mecanismos de participación muy simples, que no dejen a nadie fuera del tablero. Un simple click en una encuesta es ya una forma de participar que no conviene descartar porque se dispone de tecnología para hacerlo de forma sencilla. La participación requiere de un menú con diversas opciones. El diseño importa.

19. Participar cuando la información es ubicua. Quizá en tiempos pretéritos una asamblea era un momento en el que acceder a información. Hoy, sin embargo, no es tanto ese el problema sino que hay sobreabundancia de ella. No parecería lógico por tanto invertir en informar, sino en la responsabilidad de que cada cual se informe. Se trata de desplazar la responsabilidad hacia cada socia y cada socio para que sepan lo que está sucediendo en tiempo real. En este sentido, cabría repensar todos esos puntos del orden del día que suponen “informar”.

20. Individualismo en red, también una oportunidad. Hoy se hace alusión frecuentemente al individualismo como un mal de la sociedad contemporánea. Pero cabe considerar también otra óptica no tan negativa. Si bien es cierto que la expresión de la persona cobra relevancia también lo es que emergen por todas partes propuestas de economía colaborativa real, de trueque, de monedas sociales. Las personas también se conectan y utilizan la red (Internet, pero también en un sentido más cercano) para trabajar conjuntamente en “pequeñas cajas” (Wellman).

La imagen está tomada de pexels.com.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(5) comentarios

  1. Jorge Martínez
    09/03/2018 at 08:48

    Eskerrik asko Julen
    En el grupo Goiener; Cooperativa de energia renovable, Goiener elkartea para un cambio de modelo energético, Nafarkoop y energiarekin estamos desarrollando un modelo de Gobernaza en la línea que propones.
    Nos van a venir muy muy bien tus aportaciones ¡¡¡¡
    Un saludo
    Jorge
    Socio y Voluntario de Goiener

    • Julen
      09/03/2018 at 09:42

      Me alegro, ánimo con vuestro empeño. Por cierto, de un día de estos no pasa y cambio de proveedor. Espero que nos veamos pronto en torno a Goiener :-)

  2. Jorge Martínez
    12/03/2018 at 10:16

    Desde la estructura profesional de Goiener me agradecen que les recuerde este otro artículo; Antes y ahora, necesitamos personas conectadas
    Personas y tecnología se dan la mano para ahondar en los
    valores cooperativos que publicaste con Maite Darceles.
    Buena semana
    Jorge

  3. joxemi arregi
    12/03/2018 at 14:39

    Julen: tu texto me ha parecido muy interesante e invita a repensar aquello que damos por obvio.
    También a situarnos en el contexto real , con mente abierta. Seguro que ayuda a seguir avanzando.

    Eskerrik asko por compartirlo.

    • Julen
      19/03/2018 at 07:38

      Joxemi, encantado de verte por aquí. Disculpa que no contestara antes tu comentario. Es terreno delicado. Siempre andamos buscando la mejor forma de construir proyectos colectivos y los tiempos cambian. Hay que echarle imaginación. Quizá el norte está claro, pero la relación de nosotros como personas con las instituciones (y la cooperativa es una de ellas) ha cambiado. En fin, sea como sea, hay que continuar ;-)

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