Saturday, Sep. 23, 2017

El #Brexit se decide según la flema

El #Brexit se decide según la flema

Polling Station Belsize ParkLos humanos decidimos de muy diversas maneras. Preguntando a una amiga, leyendo sesudos informes, basándonos en nuestra intuición, analizando los hechos, escuchando a quienes supuestamente son líderes de opinión. Sí, hay muchas formas de decidir. No diré que tantas como humanos, pero sí que la clasificación admite un enorme abanico de tipos. Una manera de decidir es desde la visceralidad, desde ciertas convicciones que puede que no tengan tanto que ver con la razón cuanto con la emoción y con arquetipos que cada cual llevamos por ahí dentro.

Por otra parte, hay que tener en cuenta qué se decide para entender cómo decidimos. El mundo, con el paso el tiempo, parece que se vuelve más y más complejo. Cada vez es más difícil recurrir a las leyes naturales porque los vínculos causa-efecto explotan por los aires. Nuestra sociedad está afectada, como es lógico, de complejidad dinámica: causas y efectos se enredan en ilógicas circulares donde no queda claro dónde empiezan y acaban los asuntos. Una pregunta del calado de la que proponía el #Brexit no es fácil de responder. A no ser que recurras a la simplificación extrema (y paradójica) del sentimiento: decides según te sale de dentro.

Para mí preguntar por la independencia de un territorio, por una constitución o por la salida de esa cosa llamada Unión Europea es muy similar. Sí, debe hacerse. Estoy de acuerdo con Amalio Rey. Pero la pregunta provoca en todos los casos el mismo tipo de respuesta: lo más normal es que se vote con el corazón, el hígado, las tripas o el bazo, esos órganos que igualan entendimientos. Tu corazón y el mío tienen capacidades muy parecidas para decidir. La tentación de que tu voto cualificado -frente al mío que dices que no lo es- me sitúe como el malo (y el tonto) de la película no procede. Tu voto y el mío valen lo mismo cuando salen de dentro.

¿No deberían salir de dentro? ¿Deberían ser decisiones racionales basadas en hechos? Lo siento, no procede. No hay acuerdo en datos ni en relaciones causa-efecto. Todo es interpretable. La ciencia debería llegar en auxilio de la decisión pero no puede hacerlo. Los experimentos van cargados de sesgo y cada medio de comunicación se encarga de distorsionar más los resultados. Dime quién eres y te diré cómo me contarás los resultados. Ha sucedido, sucede y sucederá. Vivimos pegados a esta mierda, con perdón.

Otra cuestión importante es que hoy las preguntas sí/no son, demasiadas veces, una trampa. El mundo es interdependiente. Las decisiones que tomamos desde una base territorial y preguntando a la ciudadanía -sí, lo podemos llamar democráticamente- hace tiempo que valen menos. No argumentaré que es opio para el pueblo para no ser tan bestia, pero seamos conscientes de que otras muchas decisiones en las que nadie nos pregunta, van a marcar más si cabe nuestro futuro. Mucho más que no lo que llegue vía referéndum. Así está montado el tablero de juego: resulta que los referéndums son vinculantes ¡hasta donde pueden serlo! Después, las grandes instancias económicas y los lobbies de presión colocarán las piezas de nuevo como más convenga. Y vuelta a empezar.

Pero quizá el elemento que más entristece en todo este asunto es reconocer que la Unión Europea es (también) un constructo burocrático desalmado. ¿Quién quiere formar parte de un algo que, por ejemplo, cierra puertas a los refugiados? Son seres humanos en la peor de sus experiencias vitales y hay alguien que les niega derechos básicos. Argumentando así, la papeleta del #Brexit es la mía. Sería igual que fuera la del Euskexit, Españexit o Scotexit. Mi voto siempre sería : yo tampoco quiero formar parte de ese monstruo llamado Unión Europea.

Y es que en esto hay dos planos: la idea general de una Europa unida (cuento de hadas para el que sí o sí se busca un final feliz) y el triste andamiaje burocrático y deshumanizado que de vez en cuando da señales de vida. ¿Qué preguntaba el #Brexit? ¿Era salir de lo primero o de lo segundo? Ya, hace falta simplificar. Pues esto es lo que hay. La flema británica se impone. Quizá es que la mayor parte, el 52%, ha decidido con su flema, un concepto que hay que añadir a la forma en que los humanos toman decisiones: basándose en su flema personal. Científicas, científicos, es su turno para explicar con sesudos experimentos en qué consiste la flema. Yo hasta donde puedo les ayudo mirando al diccionario de la RAE. Vayan eligiendo postura:

1. f. Mucosidad pegajosa que se arroja por la boca, procedente de las vías respiratorias.
2. f. Uno de los cuatro humores en que la medicina antigua dividía los del cuerpo humano.
3. f. Calma excesiva, impasibilidad. Gastar flema.
4. f. Quím. Producto que se obtiene en el comienzo de la destilación de mezclas orgánicas.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

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