Wednesday, Dec. 12, 2018

Edudiversión

Edudiversión

Dragon KhanEn plena era del capitalismo artístico, repleto de experiencias memorables y de una exaltación sin límite de las emociones, la educación también se ve afectada también por esta megatendencia del disfrute ubicuo. O lo pasamos bien en clase o no será. Alumnas y alumnos deben acudir felices a sus centros de enseñanza a sabiendas de que se ha diseñado un sistema para que gocen al máximo de su experiencia de aprendizaje. Nada que pueda afectar a su desánimo. Se necesita que estén a gusto con lo que los rodea y que aprendan a través de experiencias completas.

La corriente no es sino una más de lo que nos hemos empeñado en proponer para que suceda, efectivamente, el acto de compra. Nada de servicios a granel, nada de insistir en la calidad del producto. Importa el oropel suficiente como para que todo parezca irresistible. Te compro no por lo de dentro sino por la cosmética del producto. Porque el producto, de alguna forma, ha muerto. Ha sido sacrificado en el altar de la estética moderna de momentos únicos. La economía de la experiencia traspasa las paredes de las aulas.

Nadie quiere imposiciones. Flow, flow. Importa el diseño de los momentos en que se aprende. Un juego en el que cada pieza ha sido diseñada para crear una experiencia de consumo poderosa. El sistema vive preso de sus propias evaluaciones, incluidas las que realizan alumnas y alumnos. Nadie puede permitirse feedback negativo. Es cuestión de autoestima. Nadie quiere chicas y chicos deprimidos.

Este es uno de los ejemplos que Lipovetsky y Serroy nos aportan en su libro La estetización del mundo. La megatendencia a experiencializar todo acto de consumo. Y la educación entra también en este saco. Más allá de sus objetivos últimos, necesita ofrecer experiencias en las que se apele a los sentidos, a la percepción de quien recibe el servicio. No se puede permitir el lujo de ir contracorriente. Como en el resto de lo que sucede en la sociedad que rodea las aulas, también la pedagogía tiene que ludificarse. Solo queda un modelo, no hay otro que triunfe.

La letra con sangre entra no es metodología propia de los tiempos contemporáneos. Hemos conquistado la cultura del no-esfuerzo. Así que en la experiencia educativa actual se producen daños colaterales. La falta de esfuerzo, la intolerancia a la frustración, no aceptar el reconocimiento diferido o los déficits de atención pueden surgir como peligros de este nuevo modelo experiencial. Una sociedad hedonista que se gesta en las aulas exige mantener el estándar: la letra ahora entra a base de experiencias únicas e irrepetibles, de actos sublimes donde se asegura diversión y risas. El (hiper)espectáculo de la educación lo requiere.

 

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(16) comentarios

  1. perelosantos
    05/05/2015 at 14:32

    Julen, por una vez no estamos de acuerdo, fantástico!!!

    Creo que debemos separar el juego como método de aprendizaje natural de los seres humanos (y por ejemplo los gatos) de la estetización del mundo. No se trata solo de esforzarse o no, se trata de acompañar el aprendizaje en el sentido natural, como cuando empujas un columpio cuanto va y no cuando vuelve.

    Pedagogos y neurocientíficos del mundo mundial postulan desde hace años -y siglos- que el aprendizaje vivencial es el que cuenta especialmente antes de la adoslecencia si quieres tener resultados a largo plazo. Todo lo otro, esfuerzo inútil o cuanto menos poco eficiente. O trabajar con elementos para los que nuestra mente no está todavía preparada, como aprender a leer -con esfuerzo- a los dos años. El esfuerzo sí, pero enfocado, como en el columpio.

    Entiendo tu postura, pero hay una base de ciencia que tiene sólo 20 años que nos indica que detrás de las teorías de la educación activa hay más de lo que creíamos, pero también hay mucho charlatán.

    Francisco Mora Teruel ha escrito Neuroeducación. Interesante punto de vista, y crítico con algunos métodos pedagógicos de un lado y otro. En todo caso, con sangre ya te digo yo que la letra no entra, sólo defensas y bloqueos mentales inconscientes que -por ejemplo- impedirán gestionar las empresas en tu tan querido modo colaborativo.

    No entiendo demasiado del tema, pero por lo que he leído me suena consistente, mientras no convirtamos a los niños en receptores de programas de aprendizaje cronológicos siguiendo las ventanas de atención que describe Francisco Mora o las teorías del neuromarqueting para preparar las lecciones, con las que la neuroeducación comparte base científica. ¿Vender un aprendizaje vía captación de atención de un material o experiencia, o vender una moto vía captación de atención del anuncio, qué más da?

    • Julen
      06/05/2015 at 06:21

      Hola, Pere.
      Aquí creo que se nos juntan, como muchas veces, dos conceptos. Por una parte, está el hecho de la ludificación de extensos campos de la oferta de productos/servicios actuales. Alguien ha descubierto que favorece la compra compulsiva: bajas el nivel de consciencia, entras en "flow" y así es más fácil que compres. Es decir, el juego como medio para el fin de siempre: vender.
      Por otra parte, está el hecho natural de que a todos nos gusta disfrutar con lo que hacemos. Y ahí, por supuesto, está la educación. Y bienvenido sea el trabajo de "naturalizar" al aprendizaje.
      El problema viene cuando alguien abusa del juego. Yo prefiero levantar alertas porque nos quieren colar demasiadas cosas. Prefiero un aprendizaje consciente -no hace falta que sea con sangre, claro- pero sí un aprendizaje en el que haya momento para pararse y comprender el propio proceso. Ya sé que una niña o un niño, un adolescente, no tiene por qué entrar en esos subterfugios pero yo por si acaso prefiero estar con la mosca detrás de la oreja. Las neurociencias están muy bien, pero ojo con su uso no sea que al final descubramos relaciones causa-efecto y se nos apliquen soluciones tipo albóndiga emocional para sigamos como ratas corriendo por la noria dentro una cárcel de cristal.
      Ya, ando un poco a lo mejor un poco pesimista, ¿no?

      • perelosantos
        06/05/2015 at 09:19

        Hola Julen, como psicólogo estás más capacitado que yo para opinar sobre estos temas. Me ha parecido interesante rescatar esta entrevista de Francisco Mora sobre el tema que nos pre-ocupa.
        http://neurocienciaparapsicologos.com/2014/11/19/entrevista-a-francisco-mora-neuroeducacion/
        El enfoque de la figura del maestro/a como pieza fundamental y la crítica de la neuro-ola me parece que tienen sentido en nuestro debate.
        Pere

        • Julen
          15/05/2015 at 07:56

          A mí, Pere, lo de la neuro-ola que tú llamas me da mucho respeto. Y ¿miedo? No sé, no estoy a gusto que mucho de lo que viene por ese lado.

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