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Saturday, Dec. 3, 2016

La cultura del (no) esfuerzo

La cultura del (no) esfuerzo

Cuesta arribaTengo la sensación de que vamos cuesta abajo y sin freno en una loca carrera para conseguir que a la gente no le cueste hacer lo que tenga que hacer. Sea lo que sea. Por supuesto, que esta es la típica afirmación de un señor mayor: resulta que ahora los jóvenes ya no se esfuerzan, esto no es lo que era, se han perdido los valores bla bla bla bla. Pues sí, a lo mejor ya hemos llegado -en parte- ahí. Discurso rancio y de toda la vida. Acepto improperios.

El énfasis por introducir dinámicas de juego (disfrutar haciendo sin excesiva conciencia del proceso) o la búsqueda del beneficio personal primero (la lección delicious) son síntomas de la cuestión. Todo el enfoque de aprendizaje basado en proyectos o en problemas, la insistencia en generar espacios personales de aprendizaje; todo parece apuntar a lo mismo: que “hacer” no se asocie al trabajo duro.

Disfrutar, gozar, divertirse con lo que uno hace: ese es un gran valor de nuestro tiempo. ¿Quién no va a comprarlo? En este mundo de felicidad paradójica, ser feliz puede ser un estado al que se llega porque no hay obligaciones ni cuesta hacer lo que haya que hacer. Ergonomía, para qué te quiero; elimina de este mundo cualquier viso de esfuerzo físico. No sé si también mental, pero ya puestos, por qué no seguir en la pelea.

Yo mismo me miro a lo que llevo años tratando de hacer (no sé si consiguiéndolo) en clase: que la gente se lo pase bien haciendo unos proyectos que pretendo que enlacen con sus intereses. El proyecto como un vehículo de aprendizaje. Aprender haciendo, pero sobre algo que de entrada creo que puede atraerte y que puede captar tu atención. Y ya digo que una cosa es que sea esto lo que pretendo y otra que lo consiga.

También es cierto que a veces me sale la mala hostia (así lo siento) de poner en práctica el malvado ejercicio de que a la gente le cueste llegar hasta el final. “El que hago quiere, algo le cuesta”. Pues eso, para que asignes valor a algo, ese algo debe costarte. De donde se deduce: si aprender no te cuesta, ¿no vas a valorar el propio proceso de aprendizaje? Al perder la consciencia sobre el propio acto de aprendizaje, ¿lo degradamos? ¿Se aprende de forma natural?, ¿es lo que ha pasado toda la vida y no debemos endiosarlo? Será que tiene que ser: hoy mediante contextos significativos, mediante estimulación constante, las oportunidades de aprendizaje son innumerables. Pues up to you, que dirían por la Gran Bretaña.

Quizá mi generación ha tenido las cosas fáciles. Quizá lo que hemos heredado es que nuestra obligación es que el esfuerzo en el primer mundo sea reemplazado por la felicidad. Pero cuando parecía que llegábamos a una sociedad del bienestar, resulta que ahí, dentro de ese “bienestar” vivía una especie de demonio. Y cuando le conocimos de verdad nuestra forma de ver y entender el mundo entró en crisis. Y parece que ahí andamos, con un síntoma que ahoga todos los demás: la crisis económica. Aunque todos los demás síntomas quizá solo sean una extensión de la economía, eso que engloba todo lo que hacemos, según parece.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(13) comentarios

  1. J.G. del Sol
    16/11/2011 at 08:37

    'Amoh a vé',no te costaba nada extender tu razonamiento y llegar,como yo,a que todo es un timo.Porque quien diga que la informática,el ABP o el elearning ahorran esfuerzo o simplifican las cosas a todos los implicados no sabe los pasos añadidos insospechados que puedes necesitar para arreglar hasta la menor nimiedad,o ignora que hay más fases a la hora de entregar el resultado que la antigua simple entrega de folios mecanografiados o piensa que el trabajo de tutoría,seguimiento y evaluación de un grupo de e-estudiantes por un buen e-profesor...lo hacen sus becarios.Respectivamente,y por poner 3 temas en los que tengo o he tenido algo de contacto.
    Y si no quieres llegar a mi nivel de cascarrabismo,podemos aceptar que somos primates expertos en dividir tareas en subtareas para ganar en rapidez y eficiencia -no necesariamente en eficacia- pero bastante lerdos con la suma posterior de los esfuerzos de las subtareas.Así somos,mamíferos soñadores que aún no han encajado en su ADN social que la fama cuesta y que la entropía siempre aumenta.

    • Julen
      18/11/2011 at 06:07

      Quizá tú estás también en un lugar privilegiado para ver cómo la gente se esfuerza o no por aprender sobre tecnología. Claro que ahí depende mucho de la actitud... pero eso pasa con todo, ¿no?

  2. Pablo Garaizar Sagarminaga
    16/11/2011 at 13:27

    La cultura del esfuerzo tiene sentido en una sociedad como la de hace 50-40-30 años, donde el que se esforzaba, progresaba siempre (en mayor o menor medida, pero siempre hacia adelante). En una sociedad en la que es más que probable que los nuevos que llegan vivan peor que los que ya estamos, obligarles a esforzarse porque sí, porque lustra y da vigor, no creo que tenga demasiado sentido ya que el esfuerzo sin recompensa genera frustración e indefensión.

    Y luego está la segunda derivada que comenta Goyo: para que todo sea más fácil para ti, tiene que ser más difícil para otro. Es como la ley de conservación de la energía :-D Las webs de ahora son mucho más fáciles de usar porque son muchísimo más difíciles de programar, y así con todo. Así que no caminamos hacia una Idiocracia donde todo va a ser fácil, divertido y poco valorado, sino que pretendemos que lo que pueda no ser un coñazo, no lo sea.

    En la misma línea que la medicina, que intenta que lo que pueda no doler, no duela. Y eso que el dolor es lo que nos mantiene vivos (la poca gente que nace con los receptores del dolor dañados, lo pasa realmente mal y suelen morir prematuramente), pero aún así, se trabaja por minimizarlo. Claro, que luego están las mujeres que quieren parir sintiendo algo, porque ahora dar a luz es casi como si te quitan un quiste, y eso me parece genial, pero no vería sentido a forzarlo para todas.

    ¿Todo tiene que ser divertido en el aprendizaje? No, pero ¿por qué no esforzarnos en hacer más divertido lo que puede serlo? Es como si dijeras que si cambiáramos los pocos profesores que lo hacen bien por sus equivalentes ineptos, la gente valoraría más lo que aprende en la escuela porque le ha costado mucho más. ¿Seguro?

    Lo dulce engancha, aunque sea barato ;-)

    • Julen
      18/11/2011 at 06:10

      Mi gran duda, Txipi, es si el aprendizaje en sí mismo pierde valor porque no cuesta. ¿Es su destino? ¿Que no se note? ¿Que sucede "como consecuencia" y no debido a la consciencia que aplicas en lo que haces? Esa es mi duda y, al final, mi temor. Es la infantilización, el juego y el yo-niño llevado en volandas por toda la sociedad. Es el niño como rey absoluto.

  3. Amalio A. Rey
    16/11/2011 at 17:37

    Julen: No es discurso rancio, sino percepción sensata. Tratas de un tema que a mí me preocupa también, y coincido con tu análisis. Como formador he notado que el "aprendizaje fácil" es bastante vaporoso, y que la gente termina fijando mas lo que le ha costado mucho aprender. No es lineal, pero la simplificación me vale. Por otra parte, hay que hacer algo para desarrollar capacidades de tolerancia al esfuerzo, porque nadie nos va a salvar de tener que esforzarnos, en un ámbito o en otro.
    Aprender haciendo, y asumir el proyecto como un vehículo de aprendizaje, sigue siendo bueno en cualquier caso, y no tiene por qué significar menos esfuerzo. Si el proyecto está bien elegido, y se exige lo suficiente, la gente va a tener que currar un montón :-)

    • Julen
      18/11/2011 at 06:11

      Quizá esto que comentas sea un buen punto de partida: el proyecto que requiere cierto esfuerzo como vehículo del aprendizaje. Por ahí pueden ir las cosas.

  4. Guiomar
    23/11/2011 at 14:38

    Coincido plenamente en que, en general, tendemos a infravalorar aquello que no nos cuesta y sí esto es (por así decirlo) una regla, entonces aquél conocimiento que hemos adquirido sin esfuerzo no sería valorado, pero creo que aquí habría que hacer algunas puntualizaciones: el conocimiento , que no la información, requiere de un cierto esfuerzo para ser adquirido aún cuando el medio de adquisición resulte divertido, porque implica interiorizar cierta información, entenderla y llevarla a la práctica con todas sus consecuencias y si no que le pregunten a los divertidos niños que pasan los primeros años de sus vidas aprendiendo y ¿partiéndose de risa? mientras se caen, tropiezan, se queman, etc, etc, todo ello producto de la experimentación indispensable para aprender. No confundamos el hecho de que tratemos de que el proceso a través del cual aprendemos resulte divertido y disfrutable, con la "eficiencia" del aprendizaje. Cuántas veces la gente asiste a cursos, seminarios y talleres divertidísimos pero se queda con la anécdota solamente, sin llegar a trasladar la experiencia a una realidad concreta que le presenta problemas que han de ser resueltos justamente a través de este conocimiento... quizá les haya faltado hacer ese esfuerzo por aprender. Como consultor seguro que lo has vivido más de una vez, impartes una formación, la gente sale motivadísima y divertidísima pero no tiene ni mediana idea de cómo aplicar aquello en su trabajo diario... y los indicadores que pretendías mejorar se quedan igual. El esfuerzo es indispensable para aprender y esto no es una idea rancia, o sí, y entonces yo también!

    • Julen
      26/11/2011 at 07:55

      Hola, Guiomar.

      Desde luego que es asunto complejo. Mi reflexión trataba de incidir sobre todo en la obsesión que hoy en día tenemos por "hacer fácil" el aprendizaje. Si antes era aquel lema salvaje de "la letra con sangre entra", ¿estamos hoy en el extremo opuesto? El matiz que compartes me parece muy relevante. Al final importa la interiorización, el valor personal que asignamos a lo que hemos aprendido. "Poner en práctica" pasa seguramente por una fase previa de "reconocer" la información pertinente y traducirla.

      También es verdad que a veces generalizamos mucho (yo el primero) y quizá debiéramos considerar los diferentes estilos de aprendizaje personal que introducen muchos matices en todo esto. A mí siempre me ha gustado el enfoque de David A. Kolb, que distinguía cuatro estilos de aprendizaje: acomodativo, convergente, divergente y asimilativo. Más info por aquí: http://www.businessballs.com/kolblearningstyles.htm (está en inglés).

      Gracias por darte una vuelta por aquí.

      • Guiomar
        02/12/2011 at 13:03

        Julen, mil gracias por el link... !! Saludos!!

  5. José Arahal
    24/11/2011 at 14:37

    Un profesor de historia de mis tiempos mozos (tampoco hace tanto) me decía que nunca ha sido tan fácil como ahora para la juventud hacerlo mal, tomar malas decisiones y estropearse la vida. Decía que, por ello, hay que valorar el esfuerzo que supone no dejarse arrastrar por la vagancia, por las drogas o por las relaciones sin amor. Y aún así hay muchos jóvenes que no se escapan de las tentaciones que los esforzados mayores ponen a su alcance. Pero son muchos más los que siguen sus estudios, buscan su trabajo (esfuerzo ímprobo en nuestros días) y se buscan la vida, separándose de su terruño y del amparo familiar en muchas ocasiones. Lo que no tiene sentido es pretender que el modelo y los objetivos en los que se aplica el esfuerzo sean los mismos, esto no tiene mucho sentido. De muy joven llegué a realizar trabajos físicos en el campo que hoy se hacen con máquinas, no tiene sentido volver atrás en muchos caminos, y en otros, simplemente tenemos que encontrar todavía cual es la mejor opción para seguir adelante.

    • Julen
      26/11/2011 at 07:59

      Hola, José.

      Sí, precisamente le respondía a Guiomar en el hilo anterior que a veces generalizo y es evidente que no es forma de abordar un tema. Hay jóvenes que se esfuerzan y mayores que son vagos y se lo cultivan. Es bien cierto. Tampoco, como bien dices, vamos a volver a un esfuerzo físico cuando podemos resolverlo con tecnología. Ahora bien, te dejo una reflexión: curioso que el sedentarismo se convierta en un problema social. A lo mejor, respecto al esfuerzo físico al menos, hemos ido al extremo contrario, ¿no?

      Lo mismo que le decía a Guiomar, gracias por darte una vuelta por aquí.

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