Tuesday, May. 21, 2019

10 citas en torno al taller artesano, por Richard Sennett

El artesano, de Richard SennettMás de una vez hemos dejado reseñas aquí de El Artesano, el primero de los libros de Richard Sennett de lo que ha prometido será una trilogía. En los agradecimientos nos dice que a una pregunta que le hacía el filósofo Richard Foley respondió que “hacer es pensar“. Esta obra es la defensa de ese argumento.

El libro del que os extraigo estas diez citas es muy especial para mí. Porque allá en 2003 cuando comencé con esta idea de consultoría artesana aún no había leído nada de Sennett. No tengo el gusto de conocer a este hombre, pero supongo que existe alguna extraña química que une el pensamiento. He pensado desgranar el libro en varios artículos. Hoy comienzo con una selección de citas de uno de sus capítulos, el que dedica al taller artesano.

Me parece que este capítulo es para leerlo despacio y digerirlo con tranquilidad, saboreando y deglutiendo bien cada párrafo. Alimento para el espíritu y para nuestra actividad profesional. Allá va mi selección de citas, con un breve comentario que las precede.

Hogar y trabajo, dos lugares confrontados. ¿O no?

El taller es el hogar del artesano, expresión que debe entenderse históricamente en su sentido literal. […] Es fácil comprender el atractivo romántico que el taller-hogar ejercía sobre los socialistas que afrontaban por primera vez el paisaje industrial del siglo XIX. Karl Marx, Charles Fourier y Claude Saint-Simon veían en el taller un espacio de trabajo humano, donde también parecían encontrar un buen hogar, un lugar en el cual el trabajo y la vida se entremezclaban.

Y he aquí otra definición de “taller” volcada no tanto en el qué sino el cómo. Un cómo que tiene que ver con las relaciones personales que se establecen:

… espacio productivo en el que las personas tratan las cuestiones de autoridad en relaciones cara a cara. […] nadie aprende a poner cristales en una ventana o a extraer sangre trabajando solo. En el trabajo artesanal tiene que haber un superior que establezca patrones y que dé formación. En el taller las desigualdades de habilidad y experiencia se convierten en un asunto de relaciones personales. El taller exitoso depositará la autoridad legítima en personas, no en derechos y deberes preestablecidos en el papel.

Una reflexión sobre la celeridad como patrón de éxito:

En la Gran Bretaña anglosajona, por ejemplo, los santos Dunstan y Ethlewood eran artesanos del metal, venerados por el sosiego con que trabajaban.

Sennet bucea en la historia medieval y encuentra a la Muqaddinah, allá por los tiempos de la Andalucía árabe, y describe cómo funcionaba en forma nómada.

A su juicio[se refiere a Ibn Jaldún, un sociólogo de la época] los orfebres se parecían a los bereberes, fortalecidos por los viajes y la movilidad. Los gremios sedentarios, por el contrario, le parecían perezosos y “corruptos” . El buen maestro, en sus palabras, “preside una casa itinerante”.

Autoridad, ética y destrezas profesionales, todo unido en una reflexión sobre el artesano íntegro, con expresión plena de sentido en lo que se hace.

Tener “autoridad” es algo más que ocupar un lugar honorable en una red social. Para el artesano, la autoridad reside igualmente en la cualidad de sus habilidades. Y en el caso del orfebre, las buenas habilidades que establecía la autoridad del maestro eran inseparables de su ética.

Una comparativa con el momento actual que resume su planteamiento de la artesanía.

El artesano medieval era al mismo tiempo hermano y extraño para la mirada actual. Su trabajo era migrante, aunque también procuraba estabilidad mediante la habilidad compartida. La conducta ética estaba implícita en su trabajo técnico. Su oficio requería la participación activa, como una práctica clínica.

Avanzando hacia el Renacimiento, Sennett se topa con la autonomía, que permite comparar al artesano con el artista. Encuentra los argumentos en la obra Nacidos bajo el signo de Saturno de los historiadores Margot y Rudolf Wittkower, que

… narra el surgimiento del artista del Renacimiento a partir de la comunidad medieval de artesanos. En esta versión del cambio cultural, el “arte” realiza un ascenso de gran envergadura. Ante todo, representa e privilegio nuevo y más amplio que la sociedad moderna concede a la subjetividad: el artesano está volcado haca fuera, hacia su comunidad, mientras que el artista se vuelve hacia dentro, hacia sí mismo.

¿Y qué hay de la soledad? ¿Dónde encuentra el artesano -o el artista- su comunión íntima con la actividad que realiza? ¿Es expresión de autonomía?

Aunque la pregunta «¿qué es el arte?» plantea una cuestión seria e inagotable, es posible que esta particular preocupación por encontrar la definición del arte esconda algo más: tratamos de hacernos una idea de qué significa la autonomía, entendida como impulso que nos impele desde dentro a trabajar de una manera expresiva, por nosotros mismos.

Pero el taller es una experiencia social, que contribuye a estructurar la sociedad, a conformar prácticas sociales que se hacen cultura.

Los talleres, hoy como ayer, han sido y son un factor de cohesión social mediante rituales de trabajo, sea el de compartir una taza de té, sea el del desfile de la ciudad; mediante la tutoría, sea la formal paternidad del medievo, sea el asesoramiento informal en el lugar de trabajo; o mediante el hecho de compartir cara a cara la información.

Y terminamos con un guiño a la cultura de remezcla. La originalidad como imposible o al menos entremezclada con la realidad de la reproducción.

El maestro establece un patrón absoluto, cuya reproducción se demuestra a menudo imposible. Pero debería tomarse en serio el interrogante democrático que se acaba de formular. ¿Por qué tratar de recuperar la originalidad de otro? El lutier moderno quiere continuar con la empresa de fabricar violines; desea producir los mejores violines posibles de acuerdo con sus aptitudes, antes que quedarse inmovilizado, preso de la infructuosa imitación. Esta es la reafirmación de la práctica contra la perfección.

Si quieres echar un vistazo a otros artículos en este mismo blog con reflexiones alrededor de la obra de Richard Sennett, puedes consultar esta etiqueta.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(13) comentarios

  1. lMikel
    19/01/2011 at 09:28

    ¡Jo! Julen. Buena apertura para debatir sobre todo aquello que hace a la vida, sueños y esperanza de las personas.
    Y tienes (ya la tenías) razón en lo que ya decías hace años. Desde el invento de la imprenta al 2.0, la velocidad de transmisión se ha multiplicado por millones. Quienes sufren en un enorme deconcierto somos las personas y sufrimos por la "ausencia manifiesta de la verdad". La verdad se manifiesta sufriente y presente en su ausencia y creo que eso genera sufrimiento en los que la habitan.
    LOa verdad nunca ha existido, cierto, pero se aceptaba "UNA", la oficial, la que se injertaba en la cultura, la que daba una pincelada de "SER": ser en la creencia.
    Ahora, cada vez que la verdad se manifiesta como "verdad-en-menos", ¿Podrá el ser humano mantener un estatus de civilización sin la verdad oficial? ¿Nos melancolizaremos todos? ¿Será todo posible, opor eso mismo, será todo imposible? Qué seré será...

    • Julen
      20/01/2011 at 05:24

      @IMikel, es que este progreso del que la humanidad dice haberse dotado tiene muchas aristas, algunas ciertamente desasosegantes. Eso sí, va en cada cual jugar con la percepción de los hechos. Siempre hay escapatoria.

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