Wednesday, Jul. 17, 2019

La eficiencia mató a la estrella de la empresa

Cuando yo era niño, hace muuuuchos años, en casa no se hablaba casi nada de los trabajos de mi padre y de mi abuelo. Mi madre y mi abuela trabajaban en casa y los hombres lo hacían en grandes empresas. Además, mi abuelo cuidaba del ganado que teníamos, sobre todo de las vacas, que daban trabajo día sí y día también. Las empresas en las que trabajaban mi padre y mi abuelo eran, respectivamente, el Banco Vizcaya (que luego fue cambiando de nombre) y la Babcock Wilcox (a la que todos llamábamos “la balco”).

Supongo que esas grandes empresas allá por los años 70 del siglo pasado eran símbolo de ineficiencia, mirado con los ojos de hoy. Mantenían una línea muy clara de “beneficios sociales” para sus trabajadores. No era raro que ofrecieran economato, servicios sanitarios específicos, oferta de residencia de vacaciones, becas para los hijos de trabajadores o incluso vivienda. Sabían de la necesidad de sus trabajadores y la cubrían. Supongo que no tenían más remedio si querían que la gente trabajara. Además, eran empresas “para toda la vida”.

Supongo que aquellas empresas no hablaban de coaching. No sabían lo que era Internet porque no estaba inventado. En el caso de la empresa industrial, a los hombres -empleo mayoritario masculino, por supuesto- les harían un buen reconocimiento médico al ingresar para ver si tenían alguna tara física. Brazos y piernas eran extremidades útiles. Sólo en algunos casos imagino que corazón y cabeza formarían parte del análisis. Se partía del presupuesto de que la gente necesitaba trabajar. ¿Hoy ya no?

Eran empresas que practicaban un gigantismo diferente al actual. Crecían en número de personas, algo de lo que hoy en día se huye como del demonio. Se volvían omnipresentes influyendo en distintos órdenes de a vida. Aunque no se hablara de ellas en casa, estaban presentes, vinculadas a necesidades básicas: vivir bajo un techo o comer. Por eso Richard Sennett en sus libros no hace sino reconocer que aquel tipo de empresa sí estructuraba la vida de las personas, no como ahora.

Yo empecé a trabajar con 25 años, 11 después de la edad a la que lo hicieran mi padre o mi abuelo. Estudié psicología, especialidad industrial (decían así). Y de lo que leí, me quedó clara una cosa: había que preocuparse por las personas dentro de las organizaciones. Pero desde siempre no he conocido otro tufillo que el de sacrosanta eficiencia. Y esto me temo que cambió todas las reglas y mató a la estrella de la empresa.

Hoy sólo queda la añoranza de algo de lo que se despotrica: las empresas no necesitan malgastar dinero en necesidades básicas de las personas. No, ahora aceptan que las personas no se van a doblegar a sus exigencias. Satisfechas las necesidades básicas, los cabrones quieren más. Maslow tenía razón, maldito imbécil.

Ahora las empresas desconfían de que las personas pongan en el trabajo alma, corazón y vida. Por eso juegah al capitalismo emocional. Crecen las artimañas para construir escenarios donde realidad y fantasía se entremezclan. Ahora necesitan hablar de coaching, de programación neurolingüística, de desarrollo directivo. Tienen que defenderse de personas que se han rebelado contra sus antiguos dueños. Es una lucha desigual, pero es una lucha.

Fue la eficiencia la que desencadenó la guerra. No queda la menor duda. Aunque 2009 sea el año en que Elinor Ostrom recibió un premio nobel por hablar de cooperación, no se fíen ustedes. La competitividad es, por definición, excluyente. Y este el escenario, por muchos adornos que reciba. Estamos en un mercado donde el ganador se lo lleva todo.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(7) comentarios

  1. virginio
    05/12/2009 at 11:04

    OK las empresas apuestan por granr alas emociones de sus empleados ahora no quieren sus manos ni su cerebro quieren su corazón.

    Pero lo siento, no estoy deacuerdo con esa nostalgia del pasado, las emresas antes no eran más humanas, a pesar de los economatos, no debriuamos confundir paternalismo con humanismo.

  2. jemarba
    05/12/2009 at 12:29

    Muy acertada reflexión, relatas la verdad de la vida empresarial. Estoy en el lado opuesto del comentario anterior. Las empresas son fiel reflejo de la sociedad en la que se insertan y desde luego la sociedad de la época de los antecesores de Julen era bastante más humana que la actual. Afortunadamente la viví personalmente y trabajé en dos grupos que eran víva imagen de las que menciona el autor como las que trabajaban su padre y abuelo. Ocurre simplemente que quien no la vivió, ahora a posteriori, suele juzgar por opiniones de terceros que también en muchas ocasiones no han sido intérpretes de aquellos tiempos profesionales. Suele ser bastante habitual por desgracia. No es que quiera mantener el famoso dicho de que cualquier tiempo pasado fue mejor, es que en este caso fue una realidad y verdad conocidas y demostrables por aquellos que la vivimos. Es también comprensible que los "jovenes" defiendan la postura contraria con respecto a los tiempos actuales, pero lamentablemente no creo que estén hablando de algo de lo que hayan almacenado conocimientos suficientes.

  3. guiller
    05/12/2009 at 14:49

    Recuerdo lo que cuentas (somos de una juventud parecida, tú y yo): los míos trabajaban en la Aurrerá y en Altos Hornos (teníamos libreta para las dos cooperativas).

    A ninguno de ellos les arrancó la empresa para la que trabajaban lo que llevaban más dentro: uno me enseñó a andar por el monte, y el otro, acertijos y problemas con soluciones divertidas. Crecí con ellos, agarrado a sus manos.

    Pienso en ellos en ocasiones, cómo vivirían en esta locura de vida en la que andamos embarcados. Quizá la mejor lección que me enseñaron es que hay más vidas además de la vida profesional (o las múltiples vidas profesionales que tocan ahora). Hay mucha vida fuera de las empresas, fuera de la eficiencia, y en esa vida las victorias y las derrotas empresariales se ven con mejor perspectiva.

  4. gallas
    05/12/2009 at 15:32

    Mis hijos tendrán que decidir sobre muchísimas cosas que en mi caso venían predeterminadas o marcadas a sangre o fuego.

    Hace un rato que hemos puesto el árbol de navidad en casa. Junto a este un nacimiento. En función de a quien de sus adultos pregunten en casa recibirán una interpretación diferente de la escena.

    Supongo que era más sencillo desenvolverte con algunos temas por corta e ilógica que pudiera parecer la respuesta por el simple hecho de que fuera la más extendida.

    A veces cuando leo comparaciones con esa empresa omnipresente tengo dos reacciones; una la de buscar el calor en el trabajo para toda la vida y la programación familiar para continuar estelas. Por otro lado los mensajes que me llegan me recuerdan a algunas estrategias de empresas punteras y ejemplos de modernidad; los nipones, los siliconvalley,...

    Divertido pensar que la PNL y otras estrategias pueden arrancar emociones para la empresa. Mi experiencia es que si eso ocurre será trás un proceso personal dónde la vinculación con la organización será resultado de un posicionamiento critico y cierto momento de crisis dónde cogemos distancia y pensamos en nuestras necesidades personales.

    Eskerrik asko Julen

  5. David
    06/12/2009 at 11:35

    Cuando voy por el barrio de mis padres y abuelos y encuentro a sus compañeros de fábrica de sus tiempos de juventud me doy cuenta de que existía otra realidad social muy diferente de la actual y que no sabia como describir. Este verano he leído "life Inc." de Douglas Ruskoff y he entendido el elemento que me faltaba.

    Tal y como describe en el libro, la empresa intenta desconectar a las personas de aquello que producimos para hacernos cada vez más dependientes de las instituciones y grandes corporaciones.

    Creo que en la empresa actual y solo primando la eficiencia se ha pasado a medir las relaciones entre personas con los parámetros de eficiencia económica de balance, eliminado las redes sociales que hacían más cohesionada los barrios, pueblos y comunidades y en definitiva una vida menos dependiente de las cosas..

  6. Julen
    08/12/2009 at 22:08

    @Virginio, quizá entonces explotaban otras necesidades de las personas, ¿no? Yo no digo que aquello fuera mejor, sólo digo que las empresas tenían más capacidad de estructurar la vida de las personas.

    @jemarba, aquí las opiniones van por barrios. Antes eran otros tiempos, con personas más "necesitadas" de prestaciones básicas. Hoy son otras y las empresas juegan en un terreno muy delicado.

    @guiller, lo que pasa es que a veces la vida profesional se come a "las otras vidas". Tenemos demasiados ejemplos a nuestro alrededor.

    @gallas, espero que lo que dices de "crítico" sea un poquito cierto al menos ;-)

    @David, eso pienso yo muchas veces, que las empresas nos llevan por un camino donde "su realidad" parece la única vara de medir las cosas. Hay que andarse con ojo.

  7. Mariangel
    08/12/2009 at 22:26

    Este mes cumplo los 49...he vivido lo que cuentas y ahora soy miembro (o tal vez deba decir miembra) de una macroempresa para la que gestión del conocimiento se mide en términos de eficiencia pura y dura.
    Mi empresa se ha dedicado a predicar a diestro y siniestro la importancia que tienen las personas en las organizaciones y medalla a medalla ha demostrado sus valores y su responsabilidad social corporativa. Lástima que ahora le han crecido los enanos y algunos rondamos los cincuenta y somos mujer...Qué lástima! ahora que habíamos reinventado la RSC y el criterio resultados en las personas, vamos y nos damos de bruces con la cruda realidad. De economato ni hablamos!!!

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