Wednesday, Apr. 23, 2014

La empresa ya no es un eje vertebrador de nuestras vidas

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11/11/2009


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3015049345_3217f8aa2eEsta es la tesis que maneja Richard Sennett en varios de sus libros. Quizá es en La corrosión del carácter donde más la desarrolla, aunque también es tema que explica en La cultura del nuevo capitalismo. La empresa está pasando a ser un lugar contradictorio donde al mismo tiempo que nos hablan de conexión emocional se producen despidos y se contrata en condiciones precarias. La empresa, en último instancia, no se fía de sus personas y busca su eficiencia a través de hacer más con menos personas. Quiere ser emocional, pero es pura ficción. Antes podía jugar un rol estructurador y paternalista, hoy juega con las cartas de lo efímero.

Ignacio Muro Benayas ha publicado recientemente Esta no es mi empresa. El subtítulo: El desapego de los profesionales del siglo XXI. Más de lo mismo, pero con muchos datos. Este autor describe cómo navegamos en la contradicción de observar cómo las empresas ensalzan el valor del trabajo, pero persiguen siempre reducir el precio que pagan por él. Son los dictados de la competitividad del siglo XXI.

Ante este panorama, la cuestión es: ¿hay algo que ejerza como verdadero eje vertebrador de nuestras vidas? Quizá el trabajo pueda serlo, pero no la empresa. Porque la empresa acompasa su ritmo con el de la liquidez de los tiempos modernos actuales. En palabras de Sennett, “la organización a corto plazo de las instituciones modernas limita la posibilidad de que madure la confianza informal“. La referencia de la misión, visión y valores es un cuento chino que trata de fijar un norte, pero que luego, cuando llega una crisis, acaba hecho pedazos. Las prácticas son tozudas: las empresas están para ganar dinero, para dar valor a los accionistas, para generar riqueza. Y las personas son un medio para ese fin, se note más a veces o se note menos.

Cuando digo que el trabajo sí puede representar un eje vertebrador, me refiero a nuestra profesión, a nuestras actividades profesionales y remuneradas. Pero es una cuestión primero individual y luego colectiva. Aunque en ocasiones necesite de instituciones -empresas, por ejemplo- lo que en realidad genera  sentido es la forma en que nos percibimos como profesionales. La empresa no es de fiar, el contrato que firmamos es lo que es: dinero a cambio de horas. Léelo, repásalo bien: ¿qué encuentras en ese contrato que vertebre tu vida? Nada, es demasiado prosaico.

Por eso insisto tanto en buscar alternativas para dotar de sentido y sensibilidad a nuestra actividad profesional. Necesitamos recuperar el control sobre la actividad profesional. En las empresas grandes se diluye en una frenética carrera hacia el sinsentido. Por eso -una vez más- te recomiendo que leas El Artesano, de Richard Sennett. Hay forma de recuperar el control. Por cierto, espero que no sea nada la enferemedad de este hombre. Tenía que dar una conferencia ayer en el CCCB de Barcelona y se ha suspendido por enfermedad, según puede verse ahora (5:43 am) en la web donde se anunciaba.

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La foto en Flickr es de antolazaZD.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.