Tuesday, Jul. 23, 2019

El problema (serio) de la sobreorganización

Eric Abrahamson, de la Columbia Business School, eligió como frase provocadora en la conferencia Inventing The Future Of Managament que organizaron Gary Hamel y el Management Lab en mayo de este año la siguiente: Las organizaciones están sobre-organizadas. Cada día que pasa estoy más de acuerdo y no sólo aplicado a las organizaciones sino a otros subsistemas que pululan por territorios empresariales en general. Creo que es síntoma de que aquí, si algo no puede permitirse, es la pérdida de control. Hay que controlar, sea como sea. Gestionar es, en un elevadísimo porcentaje, controlar.

Entiendo que es difícil no intervenir cuando algo se desvía de lo que uno quisiera. Vivimos subyugados por la creencia en la entropía negativa sabiamente aderezada de humor cáustico por Murphy: si algo puede ir mal, irá, y lo hará en el peor momento. Así que la responsabilidad de quien gestiona es intervenir para forzar a que las cosas sean de una determinada manera.

Pero al tiempo que intervenimos estamos cerrando el grifo de la iniciativa individual que podría responder con lógica ante una desviación. Es la vieja historia del control de calidad. Si una persona en un taller sabe que hay otra que se encargará de verificar la calidad de un producto, es casi seguro que no intervendrá ante un problema que podría resolver: “eso no es asunto mío; a mí no me pagan para eso”. Aquel artesano que se sabía responsable del producto completo pasó a mejor vida, engullido por el progreso del management.

Estoy convencido de que una de las claves para romper con el endiosamiento de la gestión es el significado del trabajo. Si una persona encuentra significado en su trabajo, entonces salta la chispa y se produce una conexión suficiente como para que no haga falta sobreorganizarlo. En realidad, la reacción de planificar y controlar cuantas más cosas no deja de ser la respuesta al comportamiento de una parte de las personas. Pero aquí pagan justos por pecadores. Y los justos simplemente se vuelven pecadores por imitación. Y que organice otro, que luego ya haremos lo que queramos o podamos.

Os dejo con un breve video en que Eric Abrahamson nos aporta algunas ideas. Escuchándole me venían al recuerdo todas esas ocasiones en que algo ha desaparecido de la gestión (una persona, un procedimiento, un formato, un control) y… no pasa nada. No pasa nada. Es el mejor ejemplo de que había sobreorganización. Además, este buen hombre plantea una segunda cuestión muy interesante: si hay sobreorganización y las cosas cambian deprisa, piensa que vas a sudar la gota gorda cambia que te cambia tus sistemas, con el consiguiente consumo de recursos de por medio. Eso sí, quizá sea buen negocio para la consultoría 😉

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(8) comentarios

  1. Germán
    09/09/2008 at 09:07

    Una pregunta sobre tu última frase Julen ¿cual es el valor de los consultores, ayudar a organizar o ayudar a cuestionar?

  2. Telémaco
    09/09/2008 at 10:03

    En mi opinión has vuelto a meter el dedo en la llaga.

    Existe una indudable y dañina sobreorganización igual que existe una indudable y dañina sobreingeniería...etc,etc., y dando un paso más atrás existe una terrible incapacidad de comprender los sistemas que causa que se intente optimizar el global persiguiendo objetivos locales.

  3. Ramon
    09/09/2008 at 10:37

    Altamente recomendable el librito de Abramson "A perfect Mess: the hidden benefits of disorder".

    El papel de los consultores es hacer pensar y que la propia gente saque sus ... soluciones (fácil, ¿no?)

  4. Anonymous
    09/09/2008 at 15:07

    En realidad controlan la mediocridad. Nadie es capaz de hacer un buen trabajo si no encuentra el sentido final de lo que hace y si no se vincula emocionalmente con el.
    Sé cómo suena esto, pero por aquí lo entendéis bien.

  5. David
    09/09/2008 at 15:51

    Bravo.

    La critica constructiva es la base de la innovación.

    Intentar mejorar un sistema que funciona sin control externo, significa correr el riesgo de trastocar el sistema y comprometer su exito...

    Un saludo

  6. Julen
    10/09/2008 at 05:13

    germán, lo nuestro es hacer preguntas. Pero también rellenar tablas y más tablas como loa a la innovación. Tú me entiendes ;-)
    telémaco, creo que saldrán puestos de trabajo: se busca sobreorganizador/a para meter a las ovejas en el redil. Quizá se presenten perros pastores.
    ramón, otro que va a la lista a competir con la novela negra ;-)
    anónimo, con la precaución de que el vínculo emocional no puede gestionarse con los parámetros habituales de gestión, ¿no?
    david, constructiva o destructiva, es la forma en que podemos avanzar.

  7. Pingback: Consultoría artesana en red » Sobreorganización de redes sociales

  8. Pingback: Caos y desorganización… en su justa medida | Consultoría artesana en red

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