Monday, Oct. 22, 2018

Startups, el outsourcing del riesgo

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10/01/2018


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Startups, el outsourcing del riesgo

Creo que ya va siendo hora de que “startup” sea palabra aceptada en el diccionario de la RAE, ¿no? A fin de cuentas, si fuera por las veces que aparece en las páginas de economía de los periódicos, ya se habría ganado la plaza. El caso es que hoy en día no podemos entender el mundo empresarial sin las startups. Asociadas normalmente a una base tecnológica, ágiles en la economía digital, atentas a necesidades insatisfechas de los clientes o incluso a generar nuevas necesidades, suponen el comienzo de algo que no se sabe muy cómo terminará. Pero como puede que acabe bien, las moscas con dinero revolotean a su alrededor para ir picando a ver qué tal.

Entiendo que un concepto asociado a la startup es el riesgo. Más cerca del mercado ligero y volátil de la economía financiarizada en la que vivimos, son capaces de hacer propuestas que serían imposibles para los dinosaurios empresariales de toda la vida. En vez de que el buque nodriza se arriesgue, mejor que sea un pequeño bote salvavidas el que, si fuera el caso, se rompa hecho pedazos contras los acantilados del salvaje mercado.

Esto confiere más flexibilidad al sistema en su conjunto. La idea no está mal porque hace realidad la red distribuida con nodos que son competitivos en función de la calidad y cantidad de conexiones que son capaces de establecer. Claro que la otra cara de la moneda es la precarización salvaje a la que se somete a una parte del ecosistema. El reparto de poder se vuelve más y más asimétrico. Apretamos a quien podemos, fueran antes simples proveedores o ahora startups como nueva esponja de la competitividad empresarial.

Claro que la startupización de la economía se dota de una cosmética cool, de challenge, capaz de atraer business angels y cultivar sus dosis adecuadas de urgencia. El ambiente cuenta y hay que edulcorarlo. El capitalismo de seducción se viste con sus mejores galas y no deja títere con cabeza. Las chicas y chicos (y no tan jóvenes a veces) se lanzan a por su oportunidad. Desaparecido el empleo bajo una insoportable levedad, ahora toca arremangarse, buscar un claim adecuado, vender la idea con un buen elevator pitch y conquistar la tierra prometida.

El riesgo, la adrenalina, la osadía: venga, nos lanzamos. Haya o no agua en la piscina, la escena tiene todos los ingredientes para el éxito. No tanto porque la mayoría triunfe, sino porque quienes lo hacen recibirán atención mediática. Se buscará una historia de garaje, unos horarios intempestivos, una energía contagiosa. Hace falta una historia para narrar el éxito. Porque, aceptado el riesgo, la victoria final será el reclamo para las nuevas hordas. Mientras, el transatlántico juega otra liga.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(4) comentarios

  1. Juanjo Brizuela
    11/01/2018 at 09:36

    ¿Suena a moda, Julen? ¿Suena a que ha tenido y tiene ya cierta retórica emocional para hablar del "ojo cuidadin" ya que parece que o eres startup o no hay futuro? Me he vuelto a llenar de preguntas

    • Julen
      12/01/2018 at 10:58

      Para mí, Juanjo, es evidente que hay moda. Y como siempre, habrá de todo, como en botica. Pero ojo con precarizar más a la gente joven vendiendo la moto de que deben arriesgar sí o sí. Hay personas diferentes y conviene tener en cuenta que también necesitan construir proyectos de futuro sobre bases más o menos seguras. Este mantra de que tiempos actuales = inseguridad total no lo compro :-(

  2. Iván
    11/01/2018 at 10:21

    Entiendo y comparto la crítica Julen. Pero más allá de las connotaciones que tiene y la época actual en la que vivimos, y pensando desde otra perspectiva me ha llegado una reflexión ¿acaso no fueron también startups una gran parte de empresas que hoy generan empleo y riqueza?

    • Julen
      17/01/2018 at 11:47

      Lo que pasa, Iván, es que precarizar aún más a los "jóvenes" es enviar un dardo envenenado. Vale que ahí se acepta mejor el riesgo, pero cuidado con proyectar un mundo de absoluta inseguridad... para una parte de la población.

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