Saturday, Dec. 16, 2017

Moverse y su contrario

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15/08/2017


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Moverse y su contrario

Equilibrio
Es más que evidente que vivimos en una sociedad que incita a moverse. Si volvemos a leer al difunto Bauman, diríamos que es un movimiento de insatisfacción radical. No importa adónde te muevas, cuando llegues al nuevo lugar no podrás decir que estás satisfecha. ¿Por qué? Porque necesitarás moverte de nuevo. Es lo que nos venden. Hay que conseguir ese logro que aún nos falta, hay que hollar aquella cumbre a lo lejos. Hay que moverse. Si no te mueves, mueres: solo una consonante para diferenciar estas dos palabras.

Acudo a mi obsesivo mundo de la bicicleta para encontrar otro símil utilizado hasta la saciedad: “si dejas de dar pedales te caes”. Pero no tiene por qué ser necesariamente así. Hay un equilibrio que sí, cuesta alcanzarlo, pero un equilibrio tal que te permite no caer y que se consigue sin dar pedales. Claro que es mucho más fácil pedalear y moverse de sitio. Pero el equilibrio también lo puedes obtener sin dar pedales.

Este post reflexiona sobre esta paradoja: conviene pedalear y quedarse quieto, conviene moverse y su contrario. Nómada y sedentaria, así es nuestra existencia. Frente a la exacerbada apuesta mediática por un modelo que de forma compulsiva empuja al movimiento, conviene no perder la referencia de la quietud. Siempre he dicho que frente a la perfección prefiero estar a bien con mis debilidades. Hasta cierto punto me confirman en que estoy aquí de paso, como humano. Sí, intento hasta donde puedo dejar algo mejor para quienes vengan detrás, pero acepto mis limitaciones. Y son muchas.

Iván Marcos Peláez ha escrito un artículo en su blog, Ciudadano en el Mundo, tras su enésimo viaje: Cruce de caminos con Oriente. No es post en el que explique lugares y exponga maravillas arquitectónicas, culturales o cualesquiera otras. Simplemente es un post para reconocerse en contradicciones. Él hurga en citas de Robert D. Kaplan para encontrar las razonas por las que el viaje le proporciona un aprendizaje global, completo, casi trascendente. Y creo que tiene mezcla de la ida y de la vuelta. Porque al volver, de repente el viaje, el de ida, adquiere una nueva dimensión.

Mi último viaje en bici ha sido circular. Volví al lugar del que salí. Trajo consigo tanto el deseo de ir como el de volver. Pedaleo hacia el este para encontrar luego el camino de vuelta hacia el este. Y a cada pedalada, me alejaba y me acercaba. A cada nuevo esfuerzo una nueva contradicción. Viajar para volver a ser uno mismo. Cada cual de diferentes maneras. Moverse y su contrario.

La imagen es de Merwin Infante en Flickr.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(2) comentarios

  1. Iván
    15/08/2017 at 11:31

    Hola Julen. A veces no es sencillo eso de darle al equilibrio para saber conjugar el moverse con el estarse quieto. Creo no obstante que la cabeza y el cuerpo necesitan también el reposo y el pararse (algunas veces a tiempo) para tener un poco de perspectiva, de uno mismo y de los lugares recorridos. La pausa es parte del camino y sinceramente creo que es algo totalmente necesario, En mi caso, intento encontrar el equilibrio, cuando no viajo (por placer o por trabajo) cada vez valoro más el reposo, con amigos, familia y conmigo mismo. Dedicarle tiempo a las conversaciones (triviales o no), a leer, caminar, tomarse algo en compañía de gente que quieres y te quiere. El libro de Kaplan está lleno de citas que dan para mucho, le descubrí hace años y fue uno de los autores que incrementaron mis intereses por los países balcánicos. Leyendo sus reflexiones encontré cosas que también siento, el autor viaja entre el pasado y el presente, viendo su viaje de mochilero veinteañero por la zona y explicando como fruto de la casualidad llegó en aquella época a un libro y a un país (Rumania) que fueron parte clave de descubrirle parte de su vocación por ser corresponsal. He leído por cierto un libro de Bauman, el de la globalización, le daré a parte de su obra líquida durante los próximos meses, da para pensar sin duda. Por cierto, la casilla de salida a la que me refiero en mi post son mis raíces, la verdad es que se ha ido dando el caso que con el tiempo he ido viendo que en la Luarca de mi familia materna empiezo a encontrar el desasosiego y la paz a los lejanos territorios orientales. Tiene su gracia la cosa, de una Asia que me fascina al lugar de donde vengo. Algún día me gustaría tener parte de mi espacio allí, entre el mar y la montaña, alejado del ruido, un espacio de reposo entre la locura del mundo que hay ahí afuera. Un abrazo y gracias por estar ahí.

    • Julen
      16/08/2017 at 05:56

      Hay muchas formas de viajar, incluyendo la que llevamos a cabo con nuestra imaginación o cuando leemos. Sentado puedes dejar que un libro te sugiera viajes que resultan tan intensos como los que realizamos en la "realidad". A mí por ejemplo me gusta leer sobre los sitios a los que voy a viajar. Luego, si por la razón que sea no puedo hacer el viaje, sé que de alguna forma ya he viajado a esos sitios.
      Disfruta de Luarca... y de Oriente. Seguro que encontrarás puntos en común jejeje.

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