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1- Puerto Lápice – Pedro Muñoz #DonQuijoteMTB

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03/12/2016


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1- Puerto Lápice – Pedro Muñoz #DonQuijoteMTB

Pues ya hemos comenzado la ruta. Gente muy amable en el hotel de Puerto Lápice. Apartado como queda ahora, sin el tráfico que antaño debió de pasar por delante de su puerta debido al supuesto progreso en forma de autovía, el sitio provoca cierta melancolía. Bueno, quién sabe, quizá soy yo quien la llevo encima y es simple proyección lo que hago. Una cena a base de pasta y una brocheta de carne y verduras con piña de postre. Estupendo. Menú ciclista como Dios manda.

Decía ayer que el Quijote parece omnipresente en estas tierras. Eso sí, en cuanto traspasas la puerta de entrada a cualquier estancia, la sobriedad manchega completa enseguida la escena. En cambio pedaleando por tierras de amplios horizontes la sensación es bien distinta. Dentro el sentido espartano de la vida, fuera la inmensidad de cielos, nubes y campos abiertos. Bueno, eso si la niebla no impide que veas más allá de cien metros… siendo generoso.

El día ha amanecido fresco, pero esto ya lo sabíamos. Aunque como decían ayer en el hotel, el frío este año anda tarde. Menos mal, porque los escasos dos grados y una humedad tremenda en forma de densísima niebla lo invadían todo a primera hora. Fresco, fresco a las ocho y cuarto. No hay duda, me decido por los guantes de Goretex y me coloco mis plantillas calefactoras. Vaya invento. Para un friolero como yo, santo remedio. En marcha.

El caso es que no sé si por eso o porque tenía una considerable empanada encima, he empezado a pedalear ¡en dirección contraria! Dos kilómetros ha durado la broma. ¿A estas alturas y eres capaz de salir por donde deberás llegar dentro de cinco días? Háztelo mirar.

Enseguida se cogen las típicas pistas de uso agrícola, bien mantenidas y agradables de pedalear. Cereal recién plantado, viñas, olivos y alguna que otra plantación de frutales. Y tractores y abono, buff, vaya con el abono. Vamos, lo habitual.

Tras el despiste inicial enseguida llego a Herencia. Pasamos rápido por el pueblo, más que nada para no perder el calorcito del sudor. Atravesamos luego una zona donde el barro amenaza con ponerse serio. Lo mantenemos a raya aunque por muy poco no hay que parar y comenzar con las maniobras de recuperación cardiovascular de la bici. Mirando al suelo, buscando trazadas que eviten el contacto con zonas “peligrosas”; vamos, lo que viene a ser un sin vivir.

En Alcázar de San Juan hago una parada en la plaza del ayuntamiento para hacer una foto a… bueno a los de siempre, Don Quijote y Sancho Panza, anywhere. Quiero seguir hasta Campo de Criptana y hacer allí avituallamiento sólido y líquido en la sierra de los molinos. Pero antes hay que subir a los que están a las afueras de Alcázar de San Juan, envueltos en la niebla. Nunca los había visto de esta guisa y por un instante, al aparecer entre la bruma he empatizado con el caballero andante: ahora sí que sí, son gigantes surgidos de otro mundo. Campo de Criptana queda cerca y allí caigo en la cuenta de que estamos de puente. No es que hubiera un gentío pero ya se veía animación con unos cuantos turistas dale que dale a la fotografía junto a los molinos. Porque mira que son fotogénicos los condenados, ¿verdad?

Sorpresivamente uno de los restaurantes junto a los molinos está abierto y ¡vacío! Allí saciamos hambre y sed a base de producto local, cómo no. Queso manchego, por supuesto. Subimos fotos a Instagram, miramos Twitter y Facebook, disfrutamos de la tranquilidad del lugar y ale, para El Toboso, que Dulcinea nos espera.

De nuevo tocan zonas de barro, pero lo vamos esquivando. El día se abre y aparece el cielo azul inmenso. Horizonte, eso es también Castilla La Mancha. Callejeamos por El Toboso, hacemos alguna que otra foto y de paso llamamos a la familia. Solo quedan algo más de quince kilómetros hasta Pedro Muñoz. Un bonito regalo en forma de viento casi siempre en contra nos hace más amena esta última parte. Rodeamos una de las lagunas de Pedro Muñoz y llegamos al hotel donde nos hospedamos. Antes lavamos la bici porque, ejem, a ver quién es el guapo que se presenta así en la recepción.

Ducha, colada, estiramientos y a comer. He llegado pasadas las dos y media, perfecto. A las tres y cuarto estoy comiendo. En el ambiente flota el derby. Un Barcelona-Madrid es mucho para mi cuerpo. Griterío, insultos y demás lindezas me mandan de nuevo a la habitación. Aquí terminamos esta primera crónica. Mañana más. La previsión dice: lluvia. Oh, oh.

Distancia: 88,70 kms. Tiempo de pedaleo: 4h 40min. Desnivel acumulado: 591m.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(1) comentario

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