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Nuestra crisis, su destino

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20/02/2014


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Nuestra crisis, su destino

2005_1003entradagrupo0075Todo es relativo en la vida. Aquí lloramos por un pasado de bonanza económica que parece haberse diluido y cuyas claves se han extinguido, no sabemos si para siempre. La sociedad del bienestar está en crisis. Todo comenzó con asuntos turbios del capitalismo financiero y ha acabado aumentando las colas ante los bancos de alimentos. Aquellos tejemanejes de altos vuelos han desembocado en que muchas personas no lleguen a fin de mes.

Así que es lógico quejarse. La gente joven no encuentra trabajo y la gente que lo tenía ve cómo las condiciones empeoran. El empleo mengua y quienes lo poseen empiezan a ser conscientes del tesoro que tienen entre las manos. Las grandes empresas se empeñan en ser competitivas. Nada nuevo bajo el sol. Excepto que ahora en el lote se incluye sí o sí la correspondiente eliminación de una parte de los puestos de trabajo.

Nos empeñamos hace años en fabricar barato. Y como aquí no salían los números, se buscó allí donde los seres humanos cobraban bastante menos. La mano derecha se empeñó en no saber qué hacía la mano izquierda con tal de que trajera a nuestros establecimientos comerciales productos a precio de risa, ya fuera a cien pesetas o a un euro. ¿Quién los manufacturaba? ¿Qué más daba? Las empresas querían seguir con cuentas de resultados en positivo y el recurso a comprar barato arrasó.

Sí, los tiempos andan jodidos. Ahora se recorta la inversión en servicios básicos. El empleo público se pone en el disparadero por sus privilegios. Las personas, nos explican, se apoltronan, pierden tensión y pasan a ser figurantes de una escena donde nadie mantiene la tensión por el buen servicio. Al mismo tiempo, los políticos que nos gobiernan y a los que elegimos cada cuatro años pasan a ser sospechosos todos ellos de enriquecimiento ilegal. Los jefes de los funcionarios no dan ejemplo. Cómo se lo vamos a pedir a los indios si sus superiores se han llenado los bolsillos sin rubor.

Esto es lo que hay. Crisis. Colas en los bancos de alimentos, empleo que desaparece (sea público o privado), corrupción en la clase política, pérdida de confianza en las instituciones y un futuro que pinta peor que el pasado. Por eso abruma más aún si cabe que miles de personas a las que deshumanizamos bajo el nombre colectivo de subsaharianos se jueguen la vida por llegar aquí. Nuestra crisis, su destino. Y ahora que, según parece, nuestro primer mundo no los necesita, la discusión se centra en cómo evitar que lleguen aquí, por lo legal o por lo criminal. Señor conductor, pare por favor en la próxima parada, que yo me bajo. Mierda de primer mundo.

La imagen es de fronterasur en Flickr.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(2) comentarios

  1. Marta
    20/02/2014 at 16:02

    Desde txiki me habían venido contando que había que luchar contra la pobreza.
    Hoy sé que no es así. Es justo al contrario. Contra lo que hay que luchar es contra la riqueza.
    Tú lo has expresado bien ...

    Baina, mesedez, ... no te bajes! Seríamos uno menos y hay mucha batalla por delante.

    • Julen
      23/02/2014 at 07:26

      De vez en cuando, Marta, dan bajones. Siempre me he tenido por alguien aquejado de una ciclotimia considerable. Abajo, arriba. Puede que ahora ande abajo. Pero ya cambiará el momento.

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