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Etapa 8: Cáceres-Galisteo

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31/03/2013


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Etapa 8: Cáceres-Galisteo

Campos anegados Medio en sueños le he oído a Alberto recoger sus cosas y salir para la estación de autobuses de Cáceres. Y medio en sueños oía llover. Claro que uno piensa que ya parará pero hay veces que no para. Y hoy ha sido uno de esos días es que desde que he salido hasta que he llegado al fin de etapa aquí en Galisteo, solo puedo decir que he visto llover todo el tiempo. A veces con más intensidad, a veces con algo parecido al sirimiri, pero dale que dale.

Por la mañana un poco más tarde de las 7:30 me he acercado a desayunar al buffet del hotel. Un ejército de gente mayor arrasaba como la marabunta con todo lo que estaba dispuesto a la vista. Lo cierto es que muy poca calidad en la oferta pero allá estaba toda esa gente que debió pasar el 41, el año del hambre, y que a lo mejor no se anda con tonterías cuando hay tanto que llevarse a la boca. Me he hecho a un lado con mis cereales mientras observaba curioso cómo se movían los platos con más y más comida desde los expositores hasta las mesas. Como si el mundo se fuera a acabar mañana, quién sabe.

De vuelta a la habitación el panorama meteorológico no había cambiado un ápice. Si acaso llovía con más fuerza. O sea, sin sentido lo de apurar el secado de la ropa. Total, iba a durar seca apenas unos segundos. Al salir la chica la recepción se despedía muy amable con un “tenga cuidado”. Gracias, maja, lo tendré, no te preocupes.

Ya en ruta me lío un poco para salir de la ciudad pero enseguida enfilo la carretera para Casar de Cáceres. EL camino que va paralelo por la izquierda está casi imposible así que sigo hasta llegar al pueblo y como quiera que sigue lloviendo fuerte decido ir también a Cañaveral por asfalto.

Enseguida me siento un asesino en serie de limacos. No hay manera de evitarlos. Salen a la carretera a cientos y van cayendo uno tras otro. Menos mal que mi versión limaquicida se va atemperando con la vista de muchísimas cigüeñas que recogen palitos para sus nidos mientras yo sigo pedales para delante. ¿Qué les pasará a los limacos para semejante comportamiento suicida? Vaya vida.

La carretera me conduce al espectacular embalse de José María Oriol sobre un Tajo rebosante y que asiste a unas no menos espectaculares obras de puentes de vértigo (supongo que para un tren, digo yo). Hasta los topes el pantano como no podía ser de otra forma. Ya en Cañaveral paro en el único bar que encuentro abierto. Allí está todo el mundo. Me doy cuenta de que voy empapado hasta los huesos -no hacía falta ser muy listo para ello- y me preocupo un poco por si el equipaje me aguantará seco. Espero que la funda y los dos plásticos interiores que he puesto resistan las acometidas del agua.

Busco alternativa para llegar a Galisteo por carretera y, curioso, me acabo encontrando por ella a siete peregrinos en momentos diferentes. Quizá están evitando las zonas delicadas de agua o algún que otro vadeo que no pueden realizar. Una chica, por cierto, con su perrito.

Al llegar a Grimaldo cojo una en encantadora carretera que me introduce en un encinar hasta Holguera donde pregunto si saben cómo está el camino más adelante, de Ríolobos a Galisteo. Estupendo, porque me dicen que es carretera asfaltada. Menos mal porque en este tramo final la lluvia arreciaba con más fuerza. Al pasar junto a la ermita de Nuestra Señora de la Argamasa un grupo de chavales que están refugiados en su pórtico me aplauden y vitorean. No me extraña porque, como decía, en la parte última de la jornada es cuando más llovía.

Total, que para pasadas las dos de la tarde me he zampado los casi ochenta kilómetros previstos. Aprovecho para dar una vuelta con la bici por el pueblo, que luce una tremenda muralla. Pregunto por el hotelito donde he reservado habitación y para allá me voy. Una chica muy amable me conduce a un garaje enorme para guardar la bici. Al volver a la habitación observo que la cámara de fotos tiene agua… y de momento no rula. A ver si consigo revivirla. Ya tengo trabajo para la tarde del domingo. El resto del equipaje, con algunas humedades pero nada grave. Mañana ya veremos cómo llegar a Béjar donde haré noche en el mismo hotel en el que estuve el verano pasado cuando anduve doce días de pedaleo por la zona, incluyendo un tramo de la Vía de la Plata que ahora pintará bien diferente, me temo.

Distancia recorrida: 78,91 km. Tiempo sobre la bici: 3h 55min. Desnivel acumulado: 840 m.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(2) comentarios

  1. francesc
    31/03/2013 at 18:40

    Qué crack :)
    A seguir disfrutando del camino!!

    Abrazos!

    • Julen
      01/04/2013 at 20:30

      Gracias, Francesc. En ello estamos, entre barro y lluvia cómo niños...

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