Wednesday, Apr. 23, 2014

Azul dos veces

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03/02/2013


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Azul dos veces

Rugen las olas IVEs un azul que se huele. Un azul que recorre los sentidos y juguetea con las emociones. La mar. El cielo. Las tonalidades mutan según la hora del día. Inmenso, arriba el cielo lo azulea todo mientras una claridad embriagadora se instala en el ambiente. Azul dos veces.

La sensación es inmensa y atronadora. Se percibe al primer contacto. Por contraste con otros azules y otros grises. Esa insultante capacidad de transparentar el aire y de llenarlo todo de brillo. El balance de color rompe sus limitaciones. La luz es quien ocupa el espacio. La luz. Azul.

La tierra sirve de contraste para realzar esa luminosidad tan cotidiana. Es un telón de fondo sobre el que se recorta la luz. Mar y cielo se proyectan y engalanan gracias a lo turbador de una tierra ennegrecida aquí y retorcida allá. Con habitantes de otro planeta. Un tono ocre, un tono triste. La montaña proyecta su sombra y todo queda dispuesto para que el sol juegue a su antojo.

Las paredes rocosas suben y suben hasta alcanzar la cumbre. Arriba, por encima del algodón de nubes, todo es intenso. El azul del cielo explota y tiñe de transparencia la vista. El relieve se recorta mejor y las líneas se perfilan mientras a lo lejos las otras islas insinúan su presencia. Allá arriba el tiempo se detiene. Azul. Azul dos veces en la lejanía.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.