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Thursday, Nov. 27, 2014

¿Todos los ricos son ladrones?

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30/06/2012


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¿Todos los ricos son ladrones?

DineroEl veredicto del jurado popular es claro y meridiano: sí, todos los ricos son ladrones. Lo que no tengo tan claro es que habiendo estudiando en clase de pequeño el género de la picaresca, no sea esa una condición -la de rico, no la de ladrón- hasta cierto punto idolatrada en esta parte del sur de Islandia. A fin de cuentas, a lomos del consumo como símbolo de estatus no queda otra que meter dinero para alimentar a la bestia. Y como el vecino de adosado también lo hace, pues yo más. Yo no soy tonto.

Conste que en esto hay una lógica que la gente de a pie no entendemos. ¿Por qué cuando tienes un pastizal en euros necesitas más? El ejemplo está en Urdangarín. ¿Para qué meterse en líos cuando puedes disfrutar de un mundo que se somete a tus deseos? Debe haber por ahí una patología aún por documentar y para la cual todavía no hay fármaco que la combata: se llama ambición. Esta enfermedad se agrava no con el paso de los años, sino con el incremento progresivo de la cuenta corriente. Cuanto más rebosa más pide seguir creciendo.

Así que una manera de explicar esto es que, traspasado un punto, no hay retorno posible: te haces ladrón. Eso sí, ese punto tiene más ceros que cuando conviertes un terabyte en humildes bytes. ¿Cómo se llega ahí? Pues por sangre o por ambición. La sangre sigue marcando destinos y si te apellidas de la forma adecuada y tus progenitores no se han enfadado contigo, recibes una herencia que te coloca en el lugar de riesgo: ya eres rico sin tú haber hecho nada por ello. Vamos, como cuando eres borbón o Botín, que tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando.

Otra cuestión es la ambición. Citius, altius, fortius es un mantra para el éxito en el siglo XXI. Hay que destacar y para eso el modelo que nos ofrecen es uno, bien claro y redondo: excelencia, más y más hasta la cima, liderazgo como receta. Y llegar arriba supone dar patadas a los pares y dejarles sin comida si hace falta. Al enemigo, ni agua. Y ahí arriba la vocación de servicio va perdiendo la batalla frente a la lógica del poder. Donde fueres haz lo que vieres. Y lo que ves es que, si los demás lo hacen, tú también. Así que por qué no robar cuando es tan fácil y, además, la línea que separa una buena gestión fiscal y evadir dinero no es tan evidente.

Yo creo que no todos los ricos son ladrones. Pero la tentación está ahí y muchos de ellos prefieren que su mano derecha no se entere de lo que hace su mano izquierda. La gestión del crecimiento de los patrimonios pasa a manos de profesionales. Se delega la condición de ladrón en asesores y especialistas que juegan con los límites de la ley porque esas son las instrucciones que reciben: se les evalúa en la medida en que hacen crecer patrimonios. Y si no lo consiguen, a la puta calle. Así que con esa presión, a ver quien no arriesga.

Concluyendo, hay un momento en que se pierde la decencia. Para ti y para mí, que tratamos de currar para ganar dinero suficiente con el que vivir, hay ciertas cifras que nos provocan sonrojo. Como nunca vamos a retirarnos con cifras de escándalo como recompensa, no entendemos que haya gente que tenga la honradez de aceptarlas. Porque si le hacemos caso a Pareto y le metemos mano al 20% de los ricos-ricos, entonces hemos resuelto el 80% del problema. Pero no, no parece que haya empeño en aplicar la lógica.

Hay un momento en que ser muy rico se da la mano con ser ladrón. No me cabe duda. Y los esfuerzos de la Administración Pública debieran ir encaminados a desenmascararlos. El gran problema es que ambas instituciones -dirigentes políticos y ladrones ricos- se dan la mano en un lugar llamado poder, donde parece que comparten valores. Y al final, Eurovegas mola, así que alfombra de oro a sus pies, Mr.Adelson, lo que usted mande, faltaría más. ¿Desea no pagar impuestos? Espere, que preparamos una ley a medida.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.