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El circo de la empresa

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10/07/2010


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Azuzados por el presentador, todos corren a exponer sus últimas creaciones. Saben que tendrán la oportunidad. ¿Qué hay que hacer? Captar atención. Uno lo hará con palabras que vienen y van, otro con imágenes evocadoras, el otro se sentará al piano. Cada cual saca ese arte que lleva dentro. Hay que divertir a la audiencia. Nadie consume película si no resulta entretenida.

Por los pasillos se nota el nerviosismo de los momentos previos a la función. Cada cual con su maquillaje, todos preparados para la explosión vital. Hay quien se ha colocado la nariz de payaso. Sabe que ese rol recrea la esencia del marketing moderno. La marca viaja pegada a la nariz. En el espectáculo todo sirve. Cuando se midan las audiencias, los números cantarán. Éxitos y fracasos analizados una y mil veces han terminado por determinar que la nariz de payaso es imprescindible.

Vivos colores, alegría de vivir, sonrisas de niños encantadores. La cámara lo capta. Y si no, se artificializa la cara angelical para dotarla de sensación de vivir. Marcas y productos que los payasos de la empresa gritan a los cuatro vientos. Explosiones de carcajadas a cada nueva propuesta. La emoción de sentir la marca a través de un acto sublime de compra compulsiva. ¿Para qué tratar de comprenderlo? Es felicidad inducida, pero felicidad real, la que el siglo XXI ofrece cada tarde por la televisión convertida en Internet.

El acto navega online desde que información no compartida no es información. Cañonazos de estiércol para fertilizar la tierra prometida. Esos lugares donde se sobreexpone la mercancía para que sea deglutida sin necesidad de masticado previo. El producto humano se vuelve objeto. Se aplica suficiente cosmética y resulta ser un regalo para los sentidos. Allí están: son los telepredicadores que, una vez perdido su trabajo con la fe religiosa, han invadido la escena empresarial para excitar nuestra fe económica. Excitados, vehementes, intensos, son el circo de la empresa. El moderno medio de comunicación para llegar a nuestros corazones.

Miro y remiro la escena. Descubro al jefe de pista que conduce el show. En su papel, anticipa y crea tensión narrativa. Son las nuevas artes escénicas del management del primer mundo. Detrás, ocultos en la maleza o apartados por la eficiencia de la policía municipal, los desechos del sistema empresarial ocultan las vergüenzas de sus contratos basura. Esa escena queda a la sombra que proyectan las grandes estrellas mediáticas del management moderno.

El circo, noble arte, revive en esta alocada carrera de la empresa por conseguir nuestros corazones. Somos los payasos de una representación donde sólo unos pocos manejan los hilos de las marionetas. ¿O somos las marionetas?

————–

La imagen en Flickr es de hbp_pix.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(4) comentarios

  1. sonia
    10/07/2010 at 08:45

    Buenas Julen:

    Somos marionetas y lo malo es que nos gusta . En este caso no diría "el maravilloso mundo del circo" sino "triste espectáculo".

    up_person/twitter

  2. Moli
    10/07/2010 at 10:08

    el burro con rayas, siempre se apuntan al burro con rayas. Una innovación de cartón piedra, sin empapar cada rincón, lentamente, fuera de cámaras ni importarles el ritmo de cada persona.Un abrazo...verdadero

  3. Jesús Fernández
    11/07/2010 at 10:54

    No sé si optar por las marionetas, pero en el fondo, hablamos de espactáculo.

    Esta obsesión tuya nos coloca a mitad de camino entre "el gran teatro del mundo" de Calderón y el "matrix" de los Wachowski. La empresa se constituye en uno de los escenarios más importantes para representar nuestro rol en escena con el lenguaje actual.

    Y si nada cambia en el comportamiento humano... ¿no será que simplemente somos así, que necesitamos jugar a ocupar nuestras mentes multidependientes mientras creemos que construimos libremente nuestras vidas?

    Pero si así fuera y si todos, desde el productor al actor secundario estuvieran representando en realidad su papel dentro del sistema... dime, ¿crees que sería mejor adoptar el papel de director de escena... o pagar por el de espectador?

    Porque lo más fuera que uno puede situarse... quizá sea hacer de crítico de teatro... :-)

  4. Julen
    12/07/2010 at 07:21

    @sonia, el circo siempre ha entretenido.

    @imoli, si supieras la cantidad de cartón piedra repartido por nuestras organizaciones...

    @Jesús, es evidente que hay diferentes papeles a repartir y que hay "querencias" diferentes entre los humanos. Supongo que lo importante es cada cual se ponga las pilas y cumpla su papel como mejor pueda. Eso sí, me temo que la dirección de todo esto es algo a lo que ni tú ni yo podemos aspirar. Así que sólo nos queda hacer lo que tengamos que hacer con inteligencia.

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