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Tuesday, Dec. 23, 2014

Propiedad del conocimiento

Propiedad del conocimiento

Uuuffffff, superinteresantes las reflexiones que leo en este post acerca de la “propiedad de la sabiduría de las multitudes”. Está en el blog de BuzzMachine, de Jeff Jarvis. Llego a él, como otras muchas veces, a través de mi querida Smart Mobs.

Las reflexiones sobre la propiedad del conocimiento me resultan especialmente atractivas. Personas, grupos, empresas, multitudes, todos interctúan en torno al conocimiento. ¿Quién tiene derecho a decir que es suyo? Es más, ¿alguien tiene derecho a decir que es suyo algo que ha partido de recoger conocimiento de otros? Estando donde estamos, ¿qué sentido tiene proteger el conocimiento? Si, además, cada vez que lo protejo, genero más deseo de romper las fronteras que me has impuesto para entrar donde creías que sólo podías estar tú.

Surgen otra vez las referencias al p2p como punto de partida. Porque cuando hacemos cosas desde nuestra decisión personal, entonces somos propietarios completos de nuestras acciones. Pero al llevar a cabo esas acciones en plazas públicas (del.icio.us, búsquedas en google, compras en Amazon), estamos pasando la frontera y entrando en el p2p. Son lo que denominan “enablers” (posibilitadores). Los demás ven como soy y se fían de mis conductas y decisiones personales, pueden adquirir conocimiento. Lo adquieren cuando les sirve para sus decisiones personales, al basarlas en lo que ven de la multitud que actúa individualmente en esos sitios que decíamos antes. Estas ideas enlazan con las de Yochai Benkler, de quien ya colocamos un post muy básico en su momento.

Por otro lado, encuentro visiones críticas muy atractivas que sugieren que el fenómeno del open source y la colaboración p2p surge por cuestiones económicas en el blog de Nicholas Carr, citando a John Mark Walker en www.onlamp.com. Es decir que es una nueva forma de comprender las transacciones económicas porque ha habido una traslación de valor añadido de unas partes de la cadena a otras.

Ma hace falta más tiempo para reflexionar sobre estas cuestiones. Pero en mis clases de gestión del conocimiento (imparto este módulo en varios postgrados de la universidad) suelo hacer un ejercicio que nos ayuda a reflexionar sobre los condicionantes de ceder conocimiento cuando estás en una empresa. Surgen en el ejercicio las lógicas miserias de quienes han sido agredidos por el sistema (normalmente la empresa) para pervertir su relación con el conocimiento. Al final rehúsan compartir simplemente por desconfianza hacia el sistema. Hay gente capaz de preferir perder si su vecino pierde más. Y esto con el conocimiento es dramático. Lo refleja este famoso cuento:

El consultor, estresado y nervioso por un día agobiante de trabajo, encontró al final del día la suerte que había estado buscando durante tantos años de esfuerzo. Encontró una lámpara maravillosa. Estaba claro: era una lámpara mágica y frontándola saldría un genio. Podría pedir tres deseos. Así que… la frotó y allí estaba: era el genio de la lámpara. Enseguida el genio le habló: “Has tenido suerte; soy el genio de la lámpara y te concederé un deseo. Lo que me pidas”. ¿Cómo?, ¿un deseo? No puede ser… son… siempre han sido tres deseos; no uno… ¿Por qué no puedo pedir tres deseos? El genio se disgustó por lo que oía. Le dijo entonces al consultor de empresa multinacional, con sistema piramidal, donde muchos son los que entran y pocos los que progresan: “Además, debes saber que al consultor de la mesa del fondo le daré el doble de lo que tú me pidas. Pero, insisto, te daré lo que me pidas”. Aquello destrozó al consultor. Empezó a dar vueltas y vueltas pensando qué pedir. Pensaba y sudaba. Se iba poniendo nervioso. El genio le apremió: “Pide el deseo; mi tiempo se agota”. Entonces el consultor, con voz quebrada y despidiendo odio por los ojos, le dijo: “Pues… ¡déjame tuerto!, ¡déjame tuerto!, ¡déjame en paz!”

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.