Friday, Feb. 10, 2012

Insurgencia

Escrito por:

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05/04/2005

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Sobre:

Cada vez estoy más convencido de que una cosa es lo que decimos y otra muy distinta lo que hacemos en las empresas. Cada vez me convenzo más de la asimetría que hay entre la persona y la organización. El sistema devora iniciativas y aplana inquietudes.
Parece que hay una cierta obsesión por encontrar “sistemas de reconcomiento”; al menos es lo que veo en muchas cooperativas. Pero me parece que estos sistemas se quedan en la periferia de la persona. No entran a dialogar realmente con ella, no plantean una relación de igual a igual en la que lograr mutuos beneficios. Hoy por hoy queda claro quién tiene la sartén por el mango.
Y, sin embargo, también creo observar que las personas nunca han tenido tanto poder en sus manos frente al sistema. Las nuevas tecnologías de información y comunicación son un soporte espectacular. Hoy cada uno de nosotr@s puede manejar mejor información que el jefe de nuestro jefe. Es una actitud, la de orgullo, la de autoestimarse. Me parece que veo demasiada gente a la que se la traga el sistema. Gente que sucumbe arrollada por la incompetencia de quienes gestionamos organizaciones.
Quizá todo sea tan sencillo como “dejar a la gente en paz”. Sí, en vez de gastar energía en intervenir, quizá debiéramos gastar energía en facilitar… lo que nos pidan.
Hoy ha sido un día duro o, al menos así me lo ha parecido.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(1) comentario

  1. germán
    10/04/2005 at 15:30

    Tal vez el problema sea la propia existencia de la jerarquía organizadora; el que existan personas que definen su tarea en la organización de otras, sus subordinados.
    Son muy pocas las personas que no se dejan llevar por la erótica del poder, por la sensación de que tienen un mejor criterio, más global y experto que quienes están en primera linea.
    ¿Cómo redefinir las funciones de estas personas, las que no están en primera línea, para evitar que usurpen el papel de los verdaderos actuantes?
    Es como un anuncio que dan ahora en la tele en el que alguién llama por teléfono a un jugador para que salte, y de este modo mete el gol.

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