Jornada sobre Empresa y Economía Abierta, 18 de febrero de 2011, en Eutokia
Descárgate nuestro Informe sobre Economía Abierta con 20 casos analizados a nivel estatal dentro del programa de investigación de sectores de nueva economía 20+20 de la EOI. Haz click en la imagen para bajarte el pdf (4,8Mb).
Bueno, se ve que rodamos suave suave, ¿no? Si en abril terminamos la TransAndalus nos ha llevado tres meses preparar este video que muestra de alguna manera lo que fue esa ruta, cargadita de lluvia y humor. La gente de Ubiqa se ha portado y ha producido el video. Así que… sobran las palabras. Allá va el video.
Dos territorios lejanos, aunque los dos comparten costas oceánicas. Desde el martes, rodamos suave suave desde Moguer a Antequera para terminar la TransAndalus. Anuncian mal tiempo, con lluvia al menos para los primeros días. Muy lejos de allí, en Azores casi seguro que también lloverá.
Cada viaje suele tener su libro. Recuerdo a Montalbano en el viaje por los Pirineos de hace siete años o a Petra Delicado y su colega Fermín Garzón cuando empecé la TransAndalus en 2009. En este viaje será Dama de Porto Pim, una novelita de Antonio Tabucchi, de quien no he leído nada hasta la fecha y que tiene su película, con Emma Suárez como protagonista. Ballenas, diminutas biografías y alguna que otra historia de amor que acontecen en una ficción aseteada por dosis de realidad. Dice el autor en su prólogo:
Efectivamente yo puse pie en tierra y este librito procede, además de mi disponibilidad hacia la mentira, de un periodo de tiempo transcurrido en las islas Azores. Sus temas son fundamentalmente las ballenas que más que animales parecen metáforas; y con ellaslos naufragios, que en su acepción de actos fallidos y de desastres, parecen asimismo metafóricos.
En la imaginación que todo lo puede, Andalucía se llenará de ballenas. Mientras la ruta avanza por la costa y luego penetra el Parque de los Alcornocales para dirigirse hacia la Serranía de Ronda, yo podré disfrutar del recuerdo de Faial, de Pico, de Flores o de San Jorge. Antiguos puestos de vigia para escrutar en el mar las ballenas. Aquí en Cádiz, allá al otro lado del mar, quizá veamos África, si el tiempo no lo impide.
Porto Pim fue el Puerto principal de Horta hasta 1878 y está enclavado en una bahía con una preciosa playa de arena dorada y aguas turquesa. De las fortificaciones que protegían la isla en el Siglo XVII sólo nos quedan el portón del viejo puerto Portão Fortificado de Porto Pim y los muros del pequeño fuerte de São Sebastião. A la izquierda de la playa está la vieja factoría ballenera convertida hoy en un interesante museo que nos ofrece información sobre lo que fue la industria ballenera.
Hace unos años tuve la ocasión de escuchar a un viejo trabajador de la fábrica de ballenas. Un pasado que se esconde del progreso porque el humano convirtió en indigna la pesca de ese tipo de mamíferos. Seguramente que no por las cantidades de una actividad con regusto heroico que se practicaba en las islas Azores, pero el progreso tiene estas cosas, que arrasa también con ciertas prácticas humanas. Pone en peligro de extinción especies animales y sepulta bajo la ignominia lo que antes fue motivo de orgullo.
La Dama de Porto Pim viajará por tierras andaluzas para poner el contrapunto y dar salida a un mundo paralelo. En verano, eso sí, nos iremos para allá, a escuchar viejas historias de la gente que miraba a la mar en busca de ballenas. Santa María y Graciosa cerrarán varios años de visitas a las Azores. Pero eso será en verano. Mañana mismo salimos para Moguer y quién sabe si en las costas gaditanas podremos ver orcas y delfines. O quizá sea una ballena que ve a los hombres.
Del 19 al 29 de abril nos vamos para Andalucía. TransAndalus llama de nuevo para cerrar el bucle que comenzamos en el verano de 2009. Pasaremos al libro de honor de la TA: Y sucedió que (si la rodilla izquierda no lo impide) en fecha 25 de abril de 2011 un fulano llamado Julen Iturbe-Ormaetxe terminó en Antequera sus 2.200 kilómetros por la Andalucía rural. Firmado y sellado por el señor coordinador de la ruta en cuestión, el señor Fran Cortés. Fran, quiero algo así, vete pensando cómo me lo das
Bueno, los planes ahí están. Pero es que, además, este cierre de la ruta transandalusera va a ser el primer experimento de nuestro proyecto Rodamos Suave Suave. Cámara GoPro por un lado para las imágenes en movimiento, iPhone por otro como cámara de video para entrevistas o lo que se tercie y Motorola Dext para twittearle al mundo por dónde andamos y lo que nos pasa. Todo esto para un primer documental sencillito y para ir compartiendo materiales vía web social: en este mismo blog y también en deporteywebsocial.com.
Me hubiera gustado dedicar más tiempo a pensar cómo hacer todo esto. Pero no ha sido posible. ¿Tiempo? Ah, eso que se esconde detrás de las mil historias en que uno anda trabajando disfrutando. Así que José Luis Roncero me ha preparado un plan de trabajo (será capullo, que lo llama trabajo arrrjjjj) para que mis nulas capacidades de producción audiovisual se transformen en “unas pocas capacidades” en un brevísimo plazo de tiempo. Hasta me ha enviado unos manuales para torpes… que no, que no, que son manuales básicos de uso que han utilizado en Habla, su proyecto peruano. Yo soy el torpe.
Esta tarde tengo reunión para que me llamen al orden y me expliquen algunas cosas de un guión que será emergente. José Luis me pedía ideas-fuerza para lo que queremos narrar. Aunque hay más líneas de fuga que ideas centrípetas, estamos manejando estas:
Narración tranquila de algo que va aconteciendo suave suave. No hay prisa. La bici nos lleva de un lugar a otro. Pero son los lugares los que dan sentido al viaje.
Fijándonos en detalles y momentos que acaban componiendo un dibujo final. Los detalles llegan solos. Uno prevé la ruta, pero lo que sucede es momentáneo.
Este recorrido para cerrar la TA es una prueba de un primer proyecto de Rodamos Suave Suave. Es, literalmente, un viaje para aprender una nueva narrativa, nueva para mí, claro
Andalucía en Semana Santa da juego. Quizá lo primero son sus imágenes, pero ¿por qué no sus silencios o su música? Es una tentación el símil entre una larga subida y un paso procesional. ¿Exageramos?
Baretos, encuentros fortuitos, animales que se cruzan, un árbol y su sombra, un lugareño con quien te cruzas, alguien que te saluda, una curva, un repecho imposible, una conversación interior. ¿Todo esto es previsible?
En próximos días más información. Estamos aprendiendo, con la ilusión de un niño que va a clase y le enseñan a escribir. ¿Disfrutas con la caligrafía? Todo depende de lo que tengas que escribir. No es caligrafía, es aprender a escribir… para escribir cosas bonitas. Solo que ahora hay que narrarlas con imagen y sonido. Y yo que solo sé escribir y escribir…
Por cierto, Naiara anda dándole vueltas al logo que vamos a usar en Rodamos Suave Suave. ¿Alguna sugerencia?
Ya sabéis de mi interés por el proyecto de la TransAndalus. En buena parte, algo que me atrajo de él fue el énfasis en el uso de los caminos de dominio público. Todavía recuerdo el tramo que va desde Torrecampo a El Guijo a través del Cordel de la Mesta en la comarca de Los Pedroches. Fran empeñado en que se pasaba por allí, que para eso era una vía pecuaria tradicional, y Alberto y yo siguiéndole a duras penas. Uno de esos momentos que no olvidas en la TA.
Por otro lado, ahora parece que Internet está frente a una encrucijada porque Google y Verizon proponen colocar dos velocidades en los accesos a las vías del (supuesto) progreso. Quizá por eso, por el paralelismo evidente, a lo mejor conviene también luchar por las tierras comunales que nos definen como humanos. Este mundo que habitamos, aquí en el siglo XXI del primer mundo, me temo que está exacerbando sin mesura el ansia de la propiedad. A pesar de que se hable de la era del acceso, tal como argumenta Jeremy Rifkin, todavía hoy el mundo sigue pegado al sentido de la posesión.
En Internet poseer tiene que ver quizá con ciertos privilegios de tránsito. ¿Tienes dinero suficiente para pagar e ir por una autopista? Adelante. He aquí una antigua vía de dominio público, una vía de comunicación, que pasa a régimen privado. ¿La razón? Conseguir rentabilidad económica. No prestar un servicio público, sino ganar dinero. Lo vistan como lo vistan, el asunto es bien simple.
La modernez en que andamos instalados requiere vías potentes de comunicación. En este escenario, ¿para qué preocuparse por esos caminos tradicionales y vías pecuarias que vertebraban la comunicación de antaño? Hoy apenas merecen la mirada de unos pocos chalados. Ya, vale. Pero creo que este tipo de actividades volcadas en la recuperación del dominio público de las vías de comunicación merece tanta atención como la que tiene que ver por la neutralidad de la red. Con una repercusión mediática mucho más modesta, pero tan importante como el procomún del que tanto hablamos. Es lo mismo, el mismo concepto.
El asunto tiene su miga. Los propietarios del terreno olvidan que hay derechos de paso y colocan cancelas aquí y allá. Candados que certifican el prohibido el paso. Fuera de aquí. Busca otra opción, porque entras en terreno privado. Sí, pero hay derechos de paso. ¿No es importante respetarlos? Pues parece que no, porque la Administración no parece muy activa en estos asuntos… sino es que ella misma se acaba cargando derechos de paso tradicionales.
Es una buena causa por la que pelear: la recuperación del acceso público a los caminos que han sido bloqueados por la propiedad privada. Es lo que persiguen Caminos libres y A desalambrar, por ejemplo. Creo que no sólo es Internet todo lo que hay en el campo, ¿no? También hay vías de comunicación de a pie, sin tanta tecnología de por medio, que merecen atención. Y no olvidemos que el mantenimiento de las vías de comunicación tiene que ver, en gran parte, con el uso. Si no las usamos morirán.
En realidad no es etapa de TransAndalus, pero tenía que hacerla para regresar a Canjáyar, donde había dejado el coche. Allí esperaba de nuevo la Posada de Eustaquio para cerrar el bucle almeriense de la TA. Si el año pasado en verano vine desde Abla, esta vez toca sentido contrario: hay que ascender a las cumbres de la Sierra de Baza, a algo más de 2.000 metros de altitud, desde Caniles. Así que algo antes de las siete de la mañana ya estamos en marcha. Hoy será todo asfalto con dos buenas subidas que suman cerca de 2.000 metros de desnivel. Y todo lo que se sube… ¡luego se baja!
Desde que se comienza a ascender, son algo más de 30 kilómetros que tiran para arriba. Paciencia, que no hay prisa. Todo carretera, con muchos carteles que anuncian frecuencia de ciclistas. Yo no he visto a nadie, pero seguramente los habrá en fines de semana. El puerto no tiene grandes pendientes; así que la subida da para ir mascando de dónde vienes y a dónde vas, porque estamos solos en la galaxia o acompañados. Lo siento, no encontré respuestas claras. Y mira que lo pregunté unas cuantas veces. Tuve mucho tiempo.
El altiplano de Baza va quedando al fondo y comienzan a verse pinos y más pinos. A lo lejos se distingue algún que otro nevero. Pedalada va, pedalada viene, ya sólo quedan 20 kilómetros para la cima, ya sólo quedan 15, ya sólo quedan… no parece terminar nunca. En una curva encuentro una pista a la derecha que indica que hay 32 km a la autovía A-92. ¿Una pista? Pues sí, una pista. No estamos en ninguna metrópoli, queda claro. Y sigue subiendo, que ya queda menos.
Arriba en la cumbre hay actividad: troncos por una parte y ovejas y cabras por otro. Los unos con sus camiones y su maquinaria para talar pino y limpiar monte; los otros con sus perros. Allí arriba, acompañan a la soledad del cielo. Si asoman un poco la mirada quizá encuentren a lo lejos los observatorios de Calar Alto o la nieve de las cumbres de Sierra Nevada. Yo, como recibí buena educación, saludo y entablo una conversación básica con ambas alternativas. Vengo en son de paz con mi bici.
Comienza la bajada y me encuentro una serpiente bastante hermosa en mitad de la carretera. Paso a su lado y la saludo. Claro que es en bajada y voy a 60 km/h porque si no, me parece que no me hace tanta gracia el encuentro. Es la primera vez que me pasa en carretera. En el monte ya me he encontrado varias.
De los 2.060 metros arriba hay que bajar a los 800 de Abla. Todo carretera y bien limpia, casi sin tocar freno. Bueno, no me voy a poner pesado, pero hay que hacerlo para sentirlo. Eso sí, del aire fresco de arriba al secador de pelo de abajo. Directo al bar de La Esquina, donde Pacoxxi me dice que quedamos. Son algo más de las 11:30 y toca vida social rural. O sea, Abla en estado puro. O sea, Abla, Espacio Social de Innovación. Compartimos conversación sobre la ruralidad expandida. Tiempo al tiempo, ya os enteraréis.
“Estar” en Abla es mucho más que pasar por allí. Pacoxxi te cuenta los proyectos, asistes a una sesión de formación relacionada con Europetition, te zampas unas cerezas primerizas, saludas a la gente que te cruzas por la calle, bajas a comer a la Posá del Tío Peroles… vamos, cosas de pueblo. Esos sitios de donde la gente marchó atraída por la gran urbe, motor de progreso y de oportunidad. Pues vale. Me quedo con lo pequeño, como todas ustedes saben.
Y “sólo” queda subir el puerto de Santillana. ¡Qué son 600 metros de desnivel a estas alturas! Ná de ná. Porque queda luego otro inmenso descenso hasta (más abajo de) Canjáyar. Una cuestita final para rematar mis tramos almerienses de la TA. Otro día hago balance general. Como siempre, gracias a toda la gente que colabora en este proyecto de la TransAndalus. Seguimos pedaleando y compartiendo información en la web. Ciao!
Hoy hemos vuelto a tomar contacto con la montaña. Almería sorprende con sus cimas de más de dos mil metros. Es el caso de la Tetica de Bacares, que hoy se deja a un paso al atravesar el puerto de Velefique. Atrás queda el cabo de Gata, la costa, los invernaderos, el calor plomizo. Hoy todo ha cambiado. Creo que ha sido dopaje emocional. Por eso si me ponen otro puerto más con otros mil metros de desnivel también cae. No sé de dónde me venía la energía, pero ahí estaba.
Desde Uleila del Campo se comienza a sentir la poderosa sierra de Filabres. Su perfil te acompaña en los primeros kilómetros hasta Senés, pero queda todavía a un lado, dejándose ver. Sin más. En el camino abundan los olivos y los cortijos. Sube y baja continuo que termina en el repecho final para alcanzar Senés. Y ahí sí, ahí Los Filabres se empiezan a notar.
En Senés charlo un rato con la gente del bar. Parece que los transandaluseros somos populares por allí. Han pasado hace poco un par de chicas y también un grupo de gente “mayor” (para sorpresa de los lugareños que no entienden cómo a esa gente le por pedalear por estas sierras). Es agradable pararse a charlar con la gente de estos sitios. Que si el calor aprieta, que si ya no queda gente joven con ganas de trabajar el campo, que este año vaya si ha llovido…
Hasta Senés el GPS me dice que el desnivel acumulado ha sido de cerca de 600 metros. Y ahora empieza lo bueno. Una estupenda subida por una pista descarnada hacia Velefique. A disfrutar. Son 900 metros de desnivel; todo un gustazo. Poco a poco, hasta alcanzar una cuesta imposible que da a un cortafuegos. Y enseguida todo cambia: pino y paisaje de alta montaña. El cielo se abre y al caer hacia Velefique todo queda presidido por la Tetica de Bacares, un auténtico imán para la mirada con sus antenas en lo alto.
Arriba me encuentro con otros tres transandaluseros, de Guadalajara y Toledo, si no recuerdo mal. Son los primeros que me he encontrado estos días. Están haciendo la TA en el sentido contrario a la ruta “oficial”. Han comenzado en Aldeahermosa y quieren llegar a Almería. Comentamos susedidos de la ruta. Típica conversación, por supuesto. Estamos a más de 1.800 metros de altitud, la cima de la TA. Y yo tan fresco. ¿A dónde hay que subir ahora?
No, claro que no, queda una inmensa bajada hasta Bacares. Primero por carretera y luego por una pista. Fácil dejarse ir y deborar los kilómetros mirando de vez en cuando para atrás, para ver de dónde venimos. De allá arriba, vaya vaya.
Se sale de Bacares, cómo no, por una buena cuesta. Y tanto subir de nuevo no puede sino preceder otra inmensa bajada, si acaso mayor que la anterior. Porque si arriba son 1.800 metros de altitud, en Serón son sólo 700. La resta es fácil, entre una y otra bajada te fundes cerca de 1.500 metros de desnivel (teniendo en cuenta lo que subes desde Becares). Lo que tardas en subir y lo poco que te lleva bajarlo.
Me quedaba la duda de si seguir hasta Hijate o comer en Serón (diez kilómetros los separan). Elijo lo primero y algo antes de las tres de la tarde estoy comiendo en el restaurante del típico hostal de carretera en que me alojo. De esos con punto cutre. Pero lo he visto limpio, también hay que decirlo. Y aquí estoy, en el centro Guadalinfo de Hijate dejando pasar la tarde mientras el chaval de mi derecha aporrea como un loco el teclado mientras juega con un pingüino en el ordenador. Espero que no acabe como el del famoso video
Mañana subiré de nuevo a la sierra de Baza, otros 1.000 metros de desnivel para luego bajar a Abla donde espero comer con Pacoxxi y cía. Luego me quedará subir el puerto de Santillana, 600 metros más de desnivel que añadiremos a la fiesta final antes de volver a Canjáyar, de donde salí el lunes pasado. Bueno, ya veis la sopa de números que sale a cuenta de los desniveles que la TA almeriense provee. Cosas de la Andalucía rural. Disculpas por tanto dato. Me parece que no estoy inspirado.
El rumor monótono de las olas que mueren en la playa es buen acompañamiento para conciliar el sueño. Agua Amarga queda escondida junto a su playa. No cabe mucha gente allá entre sus calles cuadriculadas. Tampoco caben demasiados hoteles, pero no deja de ser un lugar con alto riesgo de acabar pasto de las llamas del turismo masificado. Quizá, según opiniones, ya lo esté.
Paso la tarde paseando por sus rincones. Inglés como idioma predominante. Tiendecitas pensadas para un consumo típico de costa. Hippies que quizá hace ya tiempo dejaron de serlo. Pero quedan sus negocios, pequeños, con un leve toque de consumo comedido. Eso sí, la globalización tambien acecha.
Se abandona la costa por la carretera de Carboneras para coger una antigua vía minera. Dando espaldas al mar, el camino entra en el interior, polvoriento, roto en mil ramblas y sus cañaverales. Una sensación de bochorno desde primera hora de la mañana. Cada vez que se entra en un rambla es como sumergire cual rebanada de pan en una tostadora. Una bofetada de calor que te hunde en la miseria.
En una de las ramblas una cantera tremenda te bendice con toneladas de polvo que un camión se encarga de hacerte tragar. Tuff, tuff, puajjj, el polvo se cuela por cualquier lugar. Definitivamente esto es un desierto y aquí no llueve desde hace tiempo.
El Argamasón son cuatro casas que sirven para hacer notar la presencia humana en la ruta. Pero ningún servicio del que echar mano. Como tampoco en Polopos, tras cruzar bajo la autovía. Pueblos pueblos donde la oferta es una iglesia y quizá una fuente en la plaza anexa. Bueno, humilde condición; no pasa nada.
Hacia Sorbas el camino coge otra antigua vía minera que lleva a Lucainena. Está asfaltada pero sus trincheras la delatan. Por allí paso algún que otro tren. Hoy se aprecian los puentes derruidos, incapaces de soportar el paso del tiempo. La carreterita sigue poco a poco hacia arriba. Nada que ver con el golpe que supone el Alto de La Cantona, con un sol avasallador y una pendiente tremenda. Menos mal que es cortita la subida. Sol a plomo.
Desde arriba se baja por pistas rotas y divertidas hasta llegar a una inmensa cantera. Otra más. Paisaje roto en pedazos rectangulares, apto para el consumo del progreso. Avisos de voladuras intimidan. Paisaje lunar, extraño. Estamos en la zona kárstica de Sorbas.
En la plaza de Sorbas los lugareños tienen cogidos todos los rincones donde hay una sombra. Saben de qué va esto mejor que nadie. Reponemos fuerzas, cargamos agua hasta donde podemos y cogemos ruta hacia Uleila del Campo. Ramblas, más ramblas para hacer del sol un enemigo que atonta y deja la moral por los suelos. No hay sombra posible, no hay alternativa. Sol de plano, sol por los cuatro costados; no hay escapatoria.
Antes de llegar a Uleila del Campo, suena el móvil. Es Fernando Casani, coordinador académico de las investigaciones sobre sectores emergentes de la EOI. Acordamos que nuestra investigación de economía abierta será la primera que se publicará. Hemos hecho los deberes, los casos están redactados, tenemos conclusiones ya escritas; así que adelante con la maquetación. Esperamos que esté disponible a finales de junio.
Y Uleila va a ser final de etapa. No pienso llegar a Senés. Reniego de este sol inclemente. Además, tengo la suerte de topar con Diego, que lleva el Hostal La Escapada. Me deja su netbook para que me ponga al día con las cosas del internés. Todo un detalle. A pesar de que tienen la cafetería cerrada (sólo los miércoles a partir de las doce), el hostal está abierto. Me atiende de maravilla. Cosas de pueblo que no siempre pasan en las ciudades.
Almería bullía por la tarde. Mirando a una mar calma, gente del sur de un continente y del norte de otro. Extraña en el marco de la TA, que juega más con lo rural que con lo urbanita y mundano. Sirvió la tarde para reponer la cámara por el pinchazo y conseguir otra batería para hacer fotos en condiciones.
Se sale de la capital pegado a la mar. Ruta del colesterol. Gente mayor con la primera luz del día. Arriba y a hacer kilómetros. No es mal plan con una mar tan tranquila por compañía.
La TA recorre hoy el cabo de Gata. Los primeros kilómetos acompañan al litoral. Torres, construcciones defensivas y ofensivas, salinas, flamencos. Ajena al progreso, la ermita de Torregarcía. Todo tiene el sello de un tiempo pretérito.
Al fondo se divisa la línea quebrada de las sierras del Cabo de Gata, tan diferente del camino plano de aproximación, que queda envuelta en un halo irreal.
En Cabo de Gata me tomo el tradicional café en bar de pueblo. Cargo un rato el GPS porque olvidé hacerlo la víspera. El buen hombre que lo regenta tiene junto a la barra tres enchufes disponibles “para la vida moderna”, según sus palabras. Pleitesía a la civilización.
Me preguntan lo típico: de dónde vengo, para dónde voy. Se arriman a la conversación un tipo con acento cubano, la señora del bar y una pareja de algún lugar del Este de Europa. Todo en un bareto de pueblo en Cabo de Gata. Son las nueve. Se nota que va apretar el calor.
El paraje volcánico da la bienvenida con una buena cuesta. Es lo que hay. Empieza la fiesta de escarpadas caídas al mar junto a calas de ensueño. Se pierde la cuenta. El faro es la señal de inicio; el fin, en cambio, resulta difícil de concretar.
La etapa deja una buena colección de senderos y pistas rotas. Junto al mar casi siempre. Caminos que disfrutaron de mejores tiempos, pero que hoy sirven para pasarlo bien sobre la bici de monte. Con un calor que agobia. Primavera rendida al verano.
San José cambia el guión. Bullicio, turismo de masas, gente playera, chiringuitos. Lo siento, no estoy para apreciarlo. Marcho con la calor inclemente. Cuarenta y cuatro kilómetros hasta Agua Amarga. Dudas.
La salida es TA en estado puro. Subida empujando la bici para retomar un sendero roto que luego se hace pista y que juega con la mar escondida allá abajo. Calor, ¿lo había dicho? No, es un calor que agobia, no sé si por lo inesperado. En Rodalquilar, a falta de treinta kilómetros, de nuevo dudas. El sol arriba, insultante. Decido continuar. Agua y más agua. ¿Cuánto habré bebido hoy? No sé. Perdí la cuenta.
Se sale de Rodalquilar por unas antiguas minas fantasmales. Una inmensa pista me sumerge en las sierras que arden al sol, heridas por la mano del hombre en busca de minerales. Se sube poco a poco, hasta llegar a ningún sitio. Esa sensacion he tenido.
Pero “ningún sitio” incluye El Cortijo del Fraile, Bodas de Sangre que Lorca quiso ubicar aquí. Muy cerca un cartel que indica que estás en la ruta del cine. Decorado falso en lugares imposibles. Irreal.
La suerte se pone de mi lado y el viento de popa ayuda a que toda la parte final sea más llevadera. Por cierto, que la suerte incluye también un estupendo plato de sepia guisada con tomate al llegar a Agua Amarga, un rincón con una playita y unos cuantos hoteles. De vuelta a la realidad.
Los 90 kilómetros de hoy han resultado ser un túnel entre la mundana Almería y su turismo de playa. En el interior del túnel las sierras de Cabo de Gata, ajenas a la civilización. Orgullosas y ariscas.
Aquí estamos de nuevo recorriendo nuevos tramos de la TransAndalus. De hoy lunes al viernes quiero hacer la arte almeriense que dejé pendiente en verano pasado. Hoy ha sido la primera de estas etapas. Primavera que aquí en Almería ha dejado de serlo. Porque 33 grados son ya verano, ¿no? Y con el goretex por si acaso… en fin.
Canjáyar es dejar atrás las Alpujarras almerienses. Ayer pasé la tarde recorriendo sus callejuelas mientras el sol dejaba huella en los montes que la rodean: Sierra Nevada y Sierra de Gádor, sobre todo. En la plazuela de la iglesia, frente al Ayuntamiento, allá tiene Eustaquio la posada. Un lugar humilde y escondido, de los que dejan pasar el tiempo. Cayó un plato alpujarreño que en el primer mundo estaría prohibido por cualquier médico de nuestro tiempo. Ni me lo pude terminar, no digo más.
Con mis costumbres madrugadores, para las 6:30 de la mañana ya estaba organizando todo. Menos mal, porque el calor ha apretado de lo lindo. De Canjáyar se vuela hacia Instinción; son diez kilómetros que uno olvida rápido por la velocidad con que los hice. Así que a eso de las siete tocaba compartir cafelito con los lugareños en Instinción. El bar a tope con Manolo Escobar, cosas de por aquí. En la esquina te espero se llamba el bareto
La subida desde Instinción hasta la sierra de Gádor es profunda, constante, larga. Salvar mil metros de desnivel es lo que tiene. Pero para eso hemos venido, ¿no? Sarna con gusto no pica. A media subida el calor ya apretaba. Regulando tragos de agua, poco a poco se va cogiendo altura. El Desierto de Tabernas abajo y a lo lejos las cumbres nevadas de Sierra Nevada (redundancia evidente). Tira parriba.
Y arriba está la nada, unas pocas huellas humanas en estos montes tan cercanos a Almería. Eso sí, comenzando a bajar te encuentras con el progreso: los enormes molinos del parque eólico de Énix. Zumbido sobrecogedor. Cosas del progreso.
Bajando a Énix por carretera a toda pastilla, ¡zas! pinchazo. Murphy viaja conmigo y elige la ruda trasera. A ver si no. No hay problema. Ya tenemos práctica. Así que en diez minutos de nuevo en ruta. Paradita técnica en la placita del Ayuntamiento en Énix, agua y zumo, preguntar por un encargo de Fran Cortés, el coordinador de la TransAndalus, y seguimos camino de Almería. Calor, calor, calor.
Carreterita olvidada por el mundo civilizado hasta coger un tramo de calzada romana con piedra a tutiplén. Pero la bajada es escandalosa. Son unos veinte kilómetros ara abajo hasta Almería. Poco a poco se la va viendo al fondo. Y sí, menos mal que es bajando porque adiós al agua que traía, que sólo sirve para hacer una infusión.
Mañana más. Os dejo, que tengo los dedos pegajosos de escribir en este teclado de un ciber de inframundo. Espero no pillar nada y que estas moscas que me rodean no porten ningún mal demasiado agresivo. Otro día me vengo con guantes de látex.
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La foto de Almería en Flickr es de Matias! y la del Desierto de Tabernas es de la wikipedia (espero poder encontrar una batería para la cámara digital porque, como un idiota, me he venido sin ella)
Me bajo unos días más al sur. Hay que cumplir tradición y dejar que transcurra lento el tiempo durante un par de semanas por allá. El Mediterráneo espera; no creo que se marche antes de que lleguemos. En breve tomamos rumbo al sureste.
Esta vez las dos semanas incluyen cinco días de pedaleo por Almería para cerrar el ala este de la TransAndalus. El verano pasado me “salté” la sierra de Gádor, el Cabo de Gata y los Filabres. Ahora vamos a cerrar el bucle almeriense, partiendo de Canjáyar al final de las Alpujarras y volviendo allí al de cinco días. Será la segunda parte de la TA de 2010, tras el recorrido primaveral.
Con esta parte de la TA, sólo me quedarán los tramos entre Moguer y Antequera. Y habrán sido entonces, cuando termine, 2.200 km de pistas, senderos o carreteritas olvidadas por la mano de Dios. Andalucía rural por vías pecuarias que ahora cambian pezuñas por cubiertas con tacos. Ya sabéis que la TA ha sido uno de los casos que hemos analizado en nuestra investigación sobre economía abierta. Así que hay que cumplir con el rito de terminarla; algún día llegará.
Almería espera con una toponomía extraña: Instinción, Enix, Gádor, Filabres. Terreno volcánico junto a la costa, junto al mar de plástico, junto a una tierra capaz incluso de transportarse al lejano oeste americano. Tabernas, Desierto de Tabernas. Hace muchos años ya anduve en bici por esa zona; fue hace cuatro bicicletas, así que ya veis que hace muuuucho tiempo de aquello. Recuerdo la Sierra Alhamilla separando el Desierto de Tabernas del mar de plástico. Y calor, claro.
Pues eso, que de lunes a viernes de la semana que viene serán cinco días a pedales. Algunas etapas parecen duras físicamente. Hay que subir a los 1.800 metros un par de veces y hay que bajar a nivel de mar. Pero sarna con gusto no pica. Trataré de postear, como siempre y algo twittearemos, digo yo
Ayer terminé la redacción del caso de las Indias Electrónicas en la investigación sobre economía abierta que estamos llevando a cabo para EOI a través de MIK. Antes ya había escrito los de TransAndalus, Xul, Blobject y ZEMOS98, la “conexión andaluza” de economía abierta. Cada caso son alrededor de 11 páginas. O sea, que 2o casos con la introducción sobre el sector, que es de otras 20 páginas, os dejará un buen tocho cuando se publique (la idea es que sea a finales de junio).
Escribir un caso supone, no cabe duda, profundizar en él. Ayer cuando concluí el de las Indias Electrónicas me sentí cansado… y sorprendido. Reconozco que la redacción me cansa. En mi caso, tan acostumbrado a soltar mi diarrea mental por aquí, pudiera parecer lo contrario. Pero no, de veras que supone un esfuerzo. Espero que pueda resultar útil a quienes luego lo leáis cuando lo publiquemos.
Los cinco casos que he redactado hasta la fecha son peculiares. De eso no me cabe duda. Y son interesantes porque aportan alternativas.
ZEMOS98 se mueve camaleónica alrededor de su festival, un complejo proyecto de proyectos que recrea su identidad, la estruja, la parte y reparte. Un colectivo que se hace empresa y que juega con la tensión de abrirse al procomún vía remezcla; ahí es nada.
TransAndalus es un proyecto construido en torno a una pasión que entremezcla disfrutar de la bici de montaña recorriendo un territorio que sirve para mantenerlo vivo, un buen ejemplo de comunidad… sin parafernalia 2.0, pero sin con mucha socialización vía web. Sí, una asociación sin ánimo de lucro.
Blobject encara el futuro desde una base tecnológica: están aquí para organizar información y extraer valor de ella, con un mirada fija en el territorio para convertir lo local en hiperlocal. Y, además, sabiendo evolucionar atentos a lo que parece que el futuro nos trae.
Xul es un pequeño grupo empresarial que nace para prestar servicios a la economía solidaria. Sin estridencia, rebosando sentido y humildad, actúa con el enfoque del radical tibio. Un conglomerado de servicios en torno a la comunicación donde la diferencia está en la sensibilidad con lo solidario.
El Grupo Cooperativo de las Indias Electrónicas es toda una verdadera construcción humana. Soportada en el potencial de estructuración de los mitos, construye un universo donde las empresas están al servicio de una forma de entender la vida, con una interpretación “democrática” de la economía realmente interesante.
Los leo y releo. Son sólo cinco casos. ¿Encuentro un hilo en común que me diga que representan a la economía abierta? Bueno, todavía hay que hurgar más. David está con sus casos y Esti con los suyos. Estamos en pleno fragor de esta batalla incruenta. Ilusionados porque “hay materia”. Trabajo impagable por cierto éste que estamos llevando a cabo. A mi edad, me conviene estrujar estas fuentes de aprendizaje que se me ofrecen.
Ya está. Ha sido una experiencia muy diferente de la del verano pasado. Después de las lluvias del invierno, la primavera sobrecoge en su verdor. Echo la vista atrás para quedarme con diez recuerdos y los escribo para que no escapen tan fácil.
La romería de Nuestra Señora de la Coronada en Calañas. La primera vez que tomo contacto con un evento así: fervor popular, fiesta, alegría, antropología en vivo. Una romería de pueblo, en el mejor de los sentidos. La gente apiñada en las callejuelas que rodean la iglesia de Calañas para traer de vuelta a la virgen.
Las minas de San Telmo. Por extrañas, por diferentes. Paisaje arrancado a fuerza de modificar las entrañas de la tierra. Juegos de colores imposibles, intensos, llamativos. Y, claro, la otra parte de la moneda: el abandono, la decrepitud, el olvido.
La fuerza del Guadalquivir desbordado. Desde 1963 no recordaban algo parecido. La vega inundada, aunque nuestro recorrido coloque un mes de distancia con las inundaciones. Las huellas son evidentes, con un terreno que extraña tanta agua en tan poco tiempo.
La humildad de las tostadas con aceite y sal. La sencillez del pan frente a la repostería elaborada. Y la lógica consecuencia económica. ¿Cuánto le debo del café con leche y la tostada? Va a ser 1,50 euros, señor.
Los senderos de la Sierra de Aracena. Caminos tradicionales que se esconden del asfalto y serpentean pegados a arroyos y bosques humanizados. Empedrados algunos para dejar constancia de que fue una raza inteligente la que los diseñó y los hizo realidad.
El Cordel de la Mesta. De lado a lado esta cañada extiende su manto verde oscuro, colonizada por jaras y arbustillos. Arisca para el hombre, amable para ovejas y perros. Ahí sigue, esperando que alguien a siga pisando para que no desaparezca. Son los caminos de la trashumancia. Mientras, el pastor se pregunta qué hacen los humanos con sus bicis por donde se mueven sus ovejas.
La entrada en Cazalla de la Sierra. Una vía verde que deja a los pies de un sendero que sube, escondido, al pueblo. Y allá arriba, de repente, la iglesia se recorta en el cielo con el pueblo por debajo. Mientras, un burro colorea la escena.
Los animales domesticados. Amansados por el hombre, quedan a su servicio. Modelados para ser instrumento de sus dueños, con un destino predeterminado. Sacrificio y utilidad.
Los vadeos imposibles. Arroyos que vuelto orgullosos a ser lo que fueron, alegres de devolver agua a sus cauces. Cruzarlos supone tomar contacto con un agua fresca, potente, ágil; agua que se evade cada día más de la vida cotidiana, pero que esta primavera fluye alborozada.
Hoy las vías de comunicación tratan de recortar el tiempo entre un lugar y otro. ¿Para qué perderlo en el trayecto? Velocidad y ancho de banda: nadie en su sano juicio niega el progreso que representan. Nuestra paciencia con el tiempo tiende a cero. La eficiencia del siglo XXI se construye sobre la rapidez: más en menos tiempo. No jodas, no me hagas esperar.
Reconozco que no me entusiasmó en su día “Elogio de la lentitud” de Carl Honoré. Pero si no en las formas, sí que en el fondo creo que tenemos que reconciliarnos con una forma más amable de tratar con el tiempo. Zygmunt Bauman sitúa en el acto de búsqueda, en la insatisfacción permanente, uno de los motores de nuestro tiempo. No es tanto llegar, alcanzar, cuanto moverse. Pero hay en su explicación un poso de desasosiego que no termino de compartir.
Cuando te mueves por los caminos tradicionales de la Andalucía rural, estás recreando el procomún de las vías de comunicación. Sean humildes senderos para una sola persona, sean pistas anchas para trabajos agrícolas o cañadas reales atemporales y al tiempo olvidadas por ovejas, perros y seres humanos. Las vías de comunicación conforman un procomún que sólo tiene sentido y pervive en la medida en que se usa. Que cada cual componga el símil que mejor le convenga respecto a lo que nos pasa en Internet. Es el valor de uso, no su precio.
Por esas vías de comunicación transitamos los humanos, verdaderos seres diminutos en una trama casi infinita de opciones. ¿Quién guía?, ¿dónde queda el norte?, ¿cuál es el objetivo? Humanos en ruta que se mueven a ritmo de GPS. Mirada al frente, pedaleo redondo, la ruta continúa. Hay quien ve en ella una carrera: otra vez el tiempo como enemigo.
A los microbios sólo les queda moverse. Quietos no hacen ruta. El camino muere por desuso. Por eso tenemos que ser activistas. La mejor forma de que el camino sea transitable es recorrerlo. El uso genera valor, un uso comedido -sostenible se dice ahora- que permite múltiples combinaciones en torno a un objetivo más o menos conocido.
Un proyecto como TransAndalus merece una atención razonable. Nace de quien con su uso hace el camino. Una bici para mantener la traza y que ésta siga visible. Pero que no dispare el consumo. La TransAndalus es sensible a la dimensión humana. Admite microbios repasando rodadas, estigmergia en acción. Las bandadas de ciclistas sólo admiten pequeños agrupamientos. Desde el aire se reparten sobre una geografía que juega al escondite.
Todo ello bañado en contradicciones. Los caminos admiten ritmos diferentes, movimientos localmente incorrectos y obstáculos coyunturales. La ruta juega a mutar para ser la misma con cada humano que la transita y ser, a la vez, única y diferente.
Los caminos son procomún. Úsalos. No dejes que el gigantismo del siglo XXI te engañe. Es un viaje largo. Diría que una carrera de fondo… si no fuera por que ¿quién quiere correr cuando el tiempo es tu aliado?
Todavia con la resaca de la romería -qué preciosidad- salgo de Calañas a primera hora, con el sol. Hoy es último día de esta mi segunda fase de encuentro con la TransAndalus. En Moguer termino y será, por tanto, el lugar del cual retomar ruta, no sé si en verano o en otra primavera. Ya se verá.
Pistón para salir del pueblo, pegado a las vías del tren, hacia Valverde del Camino. En la memoria sigue el recuerdo de las mujeres con sus vestidos tremendos de faralaes y los hombres a caballo, la virgen por detrás y la música sonando hasta devolverla a la iglesia. Me ha encantado, de veras. Mientras esas imágenes siguen rondando por la cabeza, los kilómetros pasan deprisa hasta Sotiel Coronada: eucaliptus y pinos. La mano humana por detrás, como ya decía ayer. Minas incluidas, claro está.
Hacia Valverde del Camino hay que coger una carretera de las de cierto tráfico, algo que se extraña, ya que la TransAndalus tira de lo rural, de pistas y caminos tradicionales. Nada más pasar el río Odiel, hay que subir hasta Valverde del Camino. suave suave por una carretera nueva que supongo que muestra el progreso de la civilización. Siempre con matices. A ambos lados, y en paralelo con la carretera, me fijo en unas hermosas pistas protegidas por las alambradas de lo privado.
En Valverde ya me doy cuenta de que la etapa va a ir rápido. Los cerca de setenta kilómetros discurren deprisa. Y más aún, porque ahora viene la vía verde de los molinos que me va a dejar a escasos siete kilómetros del final, en Moguer. Pedales en una suave cuesta abajo y por un firme para todos los públicos: el resultado es que a eso de la una del mediodía ya he llegado a Moguer.
Echando la vista atrás es curioso que la de hoy sea la etapa que más corta se hace… y que sea la última de este periplo por Jaen, Córdoba, Sevilla y Huelva. Primavera no es verano; esta ha sido otra forma de ver la Andalucía rural. Nada que ver con los constantes 35-40 grados de mi anterior experiencia en bici por aquí. Esto condiciona bastante lo que puedes o no hacer. En primavera los días se van estirando y da para hacer kilómetros. Claro que yo prefiero recorrer etapas que me dejen la tarde libre para dar una vuelta por el pueblo al que haya llegado (y que me dé tiempo a escribir algo, claro).
Moguer me deja ya con un día soleado y diría que caluroso. Estamos casi a nivel de mar y allá arriba en la sierra seguro que el fresco todavía se dejará notar. Pero aquí es otra cosa. Sobra el goretex y la manga larga. La primavera acelera y me temo que pronto a va a ser verano. Más pronto que tarde. En el pueblo donde nació Juan Ramón Jiménez termino mi segundo itinerario por la TransAndalus. Un placer los kilómetros recorridos con Fran Cortés y con Alberto Etxeandia. Y también un gran placer los caminos y senderos de la Andalucía rural, un lugar donde el tiempo va más despacio. No conviene acelerar; más bien encontrar el paso con el que uno se sienta a gusto.
Como ya decía también otro día, cuando me saque tiempo subiré más fotos a Flickr y también algún video. Y, cómo no, escribiremos un post a modo de balance de estos 9 días de TransAndalus primaveral.
La pensión El Aceitón de Cortegana queda junto al cuartel de la Guardia Siví. Y cuando me he tomado la tostada sacrosanta de la mañana, también tenía al lado a la correspondiente pareja… de la Guardia Siví. Entrañable: alojamiento y desayuno junto a la benemérita; qué cosas tienen estos pueblecitos de la Transándalus.
He callejeado un poco por Cortegana. Las callejuelas se pegan unas a otras en torno a la loma que ocupa el pueblo. La gente despertaba sin prisa, como yo. El tiempo se mueve de manera diferente por aquí.
Tomo la pista para Aroche. Hoy vuelven los pistones anchos. Nada que ver con los senderos de los tramos desde Aracena a Cortegana. Hoy de nuevo se vuelve a la pista pista, esa que mejora más de alguna carretera por la que hemos transitado. Camino a Aroche los kilómetros pasan deprisa, aunque se hacen entretenidos entre la dehesa y por los repechos que se suceden.
Se llega a Aroche tras un buen cuestón y unos cuantos perros; hay que joderse con estos animalitos que insisten en defender la cutrechabola de su dueño. Bueno, lo dejaremos estar ahora que ando leyendo Día de perros, de Alicia Giménez Bartlett, que es la segunda novela de la serie de Petra Delicado .
Aroche bullía: repartidor de butano, obras en el centro, mujeres a la compra, hombres parados mirando sin hacer nada (?). He decidido tirar palante… con un pequeño error inicial de orientación que enseguida hemos subsanado.
Más pistón para ir hacia San Telmo. Enseguida comienzan los eucaliptos y los pinos. Eso quiere decir que se produce un cambio de paisaje radical. La mano del hombre deja otra huella, la que exige una explotación económica que debe de dar ganacias, supongo. Y hablando de intervención humana: espectacular el paso por la mina abandonada que precede a San Telmo. Aguas de colores imposibles, instalaciones decrépitas, soledad, viento, una vida que fue y ya no es. Pasado que deja una huella en la orografía… también humana.
En San Telmo, parada obligada tras los casi 60 kilómetros que llevo pedaleados. Solo hay un bar. Solo hay una tapa: ensaladilla con gambas. Solo hay unos hombres que juegan al dominó. Un lugar cerca de ninguna parte. Eso sí, con su pantallón de plasma para ver el fútbol. Con eso no se juega.
En los últimos kilómetros pega fuerte el viento. De cara, por supuesto. Quedan 27 kilómetros hasta Calañas, entre plantaciones de eucaliptos y a través de una maraña de pistas que conforman un gigantesco laberinto. Sin GPS puede ser un buen lío. ¡Es todo tan parecido! ¿No he pasado antes por aquí? Pues será que no, eso dice el GPS, pero ¡vaya lío!
Antes hay un primer tramo por carretera. En El Cerro de Andevalo están de romería. Allá abajo junto a un río de aguas escandalosamente anaranjadas, todo el pueblo da cuenta de comida tradicional. Lo mismo que aquí en Calañas, verdadero pueblo fantasma (al menos a media tarde). Luego traen a la Virgen en romería, a eso de las 10 de la noche. Para allá me iré, pues no tengo otro plan mejor para esta noche
Mañana espero subir fotos a Flickr y, según la conexión que encuentre, quizá también un vídeo a Youtube.