Jornada sobre Empresa y Economía Abierta, 18 de febrero de 2011, en Eutokia
Descárgate nuestro Informe sobre Economía Abierta con 20 casos analizados a nivel estatal dentro del programa de investigación de sectores de nueva economía 20+20 de la EOI. Haz click en la imagen para bajarte el pdf (4,8Mb).
En El País se puede leer hoy que El jefe de Couchsurfing asegura que su objetivo es salir a bolsa. Hablamos del sitio web que utilizan miles de personas que viajan para conseguir alojamiento en cualquier parte del mundo. Sí, ese sitio emblemático, basado en el “hoy por ti, mañana por mí”, se empresarializa, no sin cierta tormenta en su interior. La etiqueta de “sin ánimo de lucro” dejará de colgar de esta entidad. Corren otros tiempos. Aludiendo a la necesidad de profesionalizar lo que ofrecen, no hay alternativa: Couchsurfing pasa a ser una empresa.
Sin embargo, la fina línea que separa a la empresa de una obra social sigue diluyéndose. Daniel Hoffer, su fundador y actual CEO, se explica así según cuenta El País :
El sitio ya no acepta donaciones, los voluntarios y colaboradores siguen siendo bienvenidos. “Nuestra misión social no ha cambiado, aunque ahora seamos empresa”, insiste Hoffer, que añade: “Parte del dinero pagado como impuestos a New Hampshire será para una iniciativa solidaria. Cada proyecto podrá optar a 30.000 dólares (21.000 euros)”. Es el fondo de intercambio cultural CouchSurfing.
El caso de Couchsurfing es otro más de esa compleja realidad a la que parecemos abocados cuando los negocios crecen. Supongo que forma parte de ese cuarto sector que opera en el mercado del alma (en este caso, por cierto, a través del modelo B-Corporation). Si ocupas, según Alexa, el puesto 1.700 entre los más visitados del mundo mundial, no cabe duda de que eres goloso para quienes quieren hacer dinero con una empresa. Se complica el panorama.
Todo lo anterior me ha recordado a la forma en que se estructura Mozilla Foundation, que cuenta en su estructura con Mozilla Corporation. En la Wikipedia tomando como fuente Mozila Zine, se puede leer:
The Mozilla Foundation will ultimately control the activities of the Mozilla Corporation and will retain its 100 percent ownership of the new subsidiary. Any profits made by the Mozilla Corporation will be invested back into the Mozilla project. There will be no shareholders, no stock options will be issued and no dividends will be paid. The Mozilla Corporation will not be floating on the stock market and it will be impossible for any company to take over or buy a stake in the subsidiary.
Queda claro, ¿no? Mozilla Corporation no quiere jugar en bolsa, no está pensando en la redistribución de beneficios entre inversores. No parece, por tanto, que Couchsurfing haya elegido el modelo de Mozilla Corporation. Es un asunto muy delicado: ¿al empresarializarte cómo mantienes la credibilidad delante de la comunidad que has constituido? Couchsurfing se la juega con el paso que ha dado. Va a ser muy interesante ver en que acaban las dudas de sus usuarios respecto al sitio en el que participan. Más aún cuando ese sitio se ha construido por la contribución de miles de voluntarios. ¿Quedan traicionados?
Va a ser muy esclarecedor observar el caso de Couchsurfing y ver en qué termina. Quizá sea tan simple como que si los usuarios perciben una mejora evidente en los servicios, acaban olvidándose del cambio de estatus de la entidad. A fin de cuentas, no será la primera vez en que el crowdsourcing sirve para alimentar una marca con la que hay una potente identificación emocional. Habrá que ver qué sucede.
Hay que tener en cuenta que Couchsurfing siempre se define como una “filosofía”. No es tanto el soporte material para alojamiento. Es compartir una solidaridad básica, la de dejar tu casa para que alguien se aloje en ella. No es cualquier cosa. Ahora resulta que se transforma en una empresa para ofrecer mejor servicio. Pero este proyecto es lo que es por su comunidad. ¿Cómo acabará?
De nuevo mi parte neurótica y cascarrabias. ¿Qué os parece todo esta artillería marketiniana de predicar a los cuatro vientos la sensibilidad social de las grandes corporaciones empresariales? No hablo de la pequeña y mediana empresa. Me refiero a las luces de neón que aplican a los supuestos grandes logros en materia social que, según parece, consiguen las grandes corporaciones. Claro que si vives en el IBEX 35, ¿tanto necesitas esta publicidad?
Sí, claro, es una labor de concienciación social. Es una manera de construir un mundo mejor a través de unos mensajes publicitarios que van directos a tu corazón. En el mercado del alma, la publicidad juega con los principios del neuromarketing y se llena, a la vez, de principios éticos. Somos buenos, somos legales, somos socialmente responsables. Espero que no aplique aquello de “dime de qué presumes y te diré de qué careces“.
En este tipo de publicidad, creo que hay quienes se pasan de frenada. Tanto tanto quieren mostrar que esa hipérbole mediática desata la suspicacia en cualquier persona con un mínimo sentido crítico. Es lo que siempre ha pasado con las webs corporativas. La manía de contarnos sólo la parte bonita de las actividades empresariales les resta credibilidad. El mundo no es de color de rosa. Y ocultar la mierda debajo de la alfombra no la elimina, sencillamente la lleva a ese lugar donde todos sabemos que está. Y sigue estando.
Las campañas mediáticas que juegan a la bondad creen que pueden ganar corazones. O eso creen. Son una herramienta del capitalismo emocional. No se trata de convencerte con la razón sino con la emoción. No quiero tu decisión de persona adulta, quiero tu compromiso radical de adulescente, quiero a tu yo-niño, quiero que llores y rías conmigo, quiero que sientas una experiencia como nunca antes sentiste, aunque sea echando gasolina al coche. Da igual, no hay techo. La creatividad puesta al servicio del derrumbe emocional ante el bulldozer corporativo.
Las mentes avispadas del lugar ya se han dado cuenta: la competitividad tiene que ver con introducirse en el imaginario popular, como un elemento más de la cultura. La empresa no puede seguir siendo una “máquina” que produce bienes y servicios. La empresa debe insertarse dentro de un marco social amplio y vivir y desarrollarse allá dentro, formando parte de un objetivo común de gran calado: el progreso colectivo. La empresa se hace social, sí o sí.
La dicotomía entre objetivos de las personas y objetivos de la organización queda en un segundo plano. Porque el centro de atención es la comunión entre ambos en busca de un futuro mejor. Tú y yo vamos de la mano persiguiendo un mundo más próspero. ¿Acaso te vas a negar a ello? ¿Vas a ser tan ruin que no vas a colaborar conmigo en ese gran objetivo? Sí, ahora los ejércitos se dedicarán a tareas humanitarias y las empresas a construir una sociedad más justa y mejor. Endesa, Iberdrola, Vodafone y El Corte Inglés me harán feliz.
Eso sí, tienen armas y las van a usar. Armas pacíficas -o no tanto- que surgen del arsenal publicitario y propagandítico más moderno y eficaz. Por ejemplo, Internet por montera, a tope con la presión mediática para que las personas percibamos que ahí hay objetivos altruistas en sus planteamientos. Y sucede, vaya si sucede. Mientras Danone y Grameen Bank colaboran o la Universidad de Deusto se funde en un abrazo lleno de sentimiento con Vodafone, el mundo sigue produciendo desigualdades. Que la mano izquierda no sepa lo que hace la derecha.
La empresa es social. La empresa es global. Es total. Es cultura. Es espíritu de superación. Es lo que hay que ensalzar para salir de la crisis. Es el futuro. Es lo que distingue a una persona con iniciativa de un funcionario. La empresa se extiende y lo impregna todo a su paso. Porque busca la eficiencia. La productividad. Más con menos. Tensión, objetivos, resultados. Y lo vamos a hacer contigo, con tu corazón, con tu emoción, con tu inteligencia emocional. Eres de los nuestros.
Ya, tan solo es por hacer pensar, nada más. Es que conviene una mirada crítica. Esto es un servicio social. Como The Clash, cuando nos daba consejos en forma de canciones. Know Your Rights.
Después de leer las notas que Alfonso Carlos me pasó y de repasar algunos de mis apuntes, acabo llegando a un punto sin retorno: dilemas y paradojas como compañeros de viaje. Buscamos la cuadratura del círculo… y ¡resulta que lo que antes era imposible ahora parece que se empeña en hacerse evidente, sí o sí! Las conexiones improbables son aquellas que ya no existen.
El cuarto sector parece cada vez más un imposible lleno de posibilidades. Y cada una de ellas no parece ajena a determinada agenda política, en el sentido más amplio de este término. Manuel Castells es una buena referencia para tomar conciencia de ese tipo de intenciones. En su último libro le dedica un par de capítulos: “Redes de mente y poder” y “Programando las redes de comunicación: política mediática, política del escándalo y crisis de la democracia”). Allí nos recuerda que:
El contenido y la forma de los proyectos políticos se deciden cada vez más con la ayuda de think tanks que reúnen a expertos, teóricos, estrategas políticos y especialistas mediáticos en el diseño y la práctica de la política. [...] La formación de think tanks y políticos responsables del análisis de las tendencias, de comprender los mecanismos cognitivos de la gente y aplicar los resultados de sus estudios para diseñar tácticas eficientes a fin de ganar elecciones, mantenerse en el cargo y solventar con éxito grandes batallas políticas.
La conversación con Alfonso Carlos se subía todo el tiempo un peldaño en busca de cuestiones epistemológicas y ontológicas. ¿De qué estamos hablando? ¿De mariposas que, al querer capturarlas para comprender su comportamiento, dejan de volar e impiden cualquier análisis válido? Detrás de la explicación lógica está la intervención humana, (casi) nunca exenta de interés. Dime qué quieres encontrar y te diré qué y cómo debes mirar.
Nuestro planteamiento de empresa y economía abierta plantea una primera lente de aproximación: la paradoja (ver capítulo uno de nuestro libro). Tenemos enfrente dilemas irresolubles con la razón. ¿Debemos dejarnos llevar por la sinrazón? Claro, hoy es más bonito decir por lo “emocional” y, puestos a plantear el dilema, mejor aún, por la “inteligencia emocional”. Las emociones deben ser filtradas por un uso intencional. Deben ser “usadas con razón” y no “sentidas”. Si sientes pero no lo haces con inteligencia, estás acabada. ¿Triste?
En fin, que sólo quería dejar constancia de la estupenda conversación que me ofreció Alfonso Carlos. Espero que sigamos encontrándonos por estos caminos, donde hasta la TransAndalus tiene hueco en un ejercicio de curiosa casualidad. Y si no, que hablé el bibliotecario. Ellos ya me entienden
Por encargo de Innobasque hemos comenzado una investigación para delimitar conceptualmente qué es el cuarto sector y qué espacio ocupa en esta parte del sur de Islandia. En ella participan, además de Mondragon Unibertsitatea/MIK, la Universidad de Deusto y la EHU-UPV. Es un trabajo donde nos reunimos un equipo numeroso de investigadores y en el que tenemos puestas muchas expectativas.
La investigación tendrá una parte teórica para hurgar en los antecedentes del cuarto sector y tratar de definirlo alrededor de sus ejes más significativos a día de hoy. También documentará casos de organizaciones que consideramos de cuarto sector en Gipuzkoa, Álava y Bizkaia, e incluirá una serie de entrevistas con personas expertas de diversos ámbitos. Y no sólo nos queremos quedar con la visión de los territorios cercanos sino que también incorporaremos algunos ejemplos internacionales para que la investigación sea más completa.
Tras un trabajo previo de cada una de las tres universidades ayer consensuamos un esquema de trabajo y acordamos el calendario de tareas. Hemos realizado un listado inicial de organizaciones y personas con el que vamos a empezar a trabajar. Pero el asunto es complicado, porque ¿dónde poner límites a lo que es o no cuarto sector? ¿Tiene más sentido hablar de “actividades” de cuarto sector que no de “organizaciones” de cuarto sector?
El primer y el tercer sector se desplazan en movimientos que a veces los conducen a territorios cercanos. Mientras, el segundo sector hace tiempo comenzó a ahuecarse y tiene que ver cuál es su rol en una sociedad que se moviliza para dotarse de servicios -en la medida que pueda- si la Administración no los aborda. Pero la trama de la película es realmente compleja porque son muchas las fuerzas que se despliegan. La omnipresencia de la economía ejerce una sombra muy alargada.
Las referencias académicas al cuarto sector se cuentan con los dedos de una mano. De hecho cabría considerar que es el Aspen Institute quien ha apostado por el término. Y esto, me temo, no es baladí. Conviene comprender el enfoque de este instituto y lo que representa como think-tank en este planeta. En nuestros lares, la Fundación Bankinter ha recogido el testigo y también ha comenzado a utilizar el término. Por otra parte, en la estrategia de Innobasque el cuarto sector parece una apuesta clara ligada a la innovación social. Algo así como una vía alternativa que no pierde el horizonte de la transformación económica y social pero desde una perspectiva diferente a las que hemos conocido hasta ahora.
Así que el proyecto pinta bonito para aprender. Creo que se trata de desplegar orejas y escuchar. Importa y mucho quitar filtros previos. Hay un sinnúmero de iniciativas “diferentes” que están buscando su hueco en el panorama social y económico. Hay que documentarlas. En ello estamos.
Pero la pregunta sigue rondando la cabeza: ¿qué organizaciones conforman el cuarto sector aquí en nuestro entorno?, ¿hay que ir a por ejemplos concretos o ya se pueden identificar ciertos tipos/modelos de organizaciones? Emprendizaje social, responsabilidad social corporativa, base de la pirámide… pero ¿qué hay de la pujanza del filantrocapitalismo, el capitalismo cognitivo y la bioeconomía? ¿Territorios salvajes o el nuevo Eldorado? Lo iremos contando.
Otras entradas en este blog relacionadas con el cuarto sector:
Son ya varias ocasiones últimamente en las que veo recurrir de nuevo a la pirámide de Maslow para explicar los modernos enfoques de las empresas. Y no me refiero a la autorrealización comprando gasolina. El bueno de Abraham no sé si fue consciente del juego que iba a dar su pirámide de las necesidades. Mira que pasa el tiempo y sigue siendo útil para explicar por qué se mueven los humanos.
El caso es que la mayor parte de quienes habitamos el primer mundo -con crisis de por medio, eso sí- vivimos con nuestras necesidades básicas cubiertas. Por la parte de arriba de la pirámide habitan la (auto)estima, nuestra dimensión social y sentirnos a gusto con lo que somos. Suponen potentes motores conductuales. Eso sí, ya decíamos ayer que también hay juego por la parte de abajo de la pirámide: la proyección -artificial o no- de inseguridad, rebaja las necesidades para impactar en instintos más básicos.
Arriba de la pirámide se acabó la producción en masa y la eficiencia basada en costes. No, no son esas las fuentes de competitividad. Allá arriba se ubica la antropología, la etnografía, la cultura, el arte y la búsqueda de felicidad. Pero también se ubica la parte caprichosa del ser humano, la irracionalidad o la volubilidad de un comportamiento que se bambolea al aire del moderno capitalismo cognitivo y emocional. Es un territorio donde las empresas compiten con la fe, con la iglesia, con los grandes ideales y las tendencias culturales.
¿Es esa zona de las necesidades humanas un terreno lógico para hablar de dinero y lucro? ¿Cómo compaginar el poderoso deseo de la empresa de conseguir más y más beneficio económico con unas reglas que no son precisamente las de mercado? Todo anda revuelto y hay una clara ganancia de pescadores. Marketing emocional, neuromarketing, economía de la experiencia, living labs y chanflainas parecidas. Todas a por lo mismo: a por la conquista de nuestros corazones. Eso sí, en la inmensa mayoría de las ocasiones con un amo de fondo que insiste en ganar dinero porque hay que satisfacer al accionariado.
¿Qué sentido queda cuando a una empresa le quitas los grandes objetivos típicos de facturación y conquista de nuevos mercados? Primero, antes que cualquier otra cosa, ¿la empresa maneja intenciones fiables de cara a la sociedad que la rodea? ¿Debe competir contra esas otras organizaciones que no ambicionan lucro pero que atraen talento?
La economía abierta plantea un reto hasta ahora desconocido. Han entrado en el mercado entidades que se apartan de la línea oficial de maximizar beneficio económico. Son potentes porque desde su nacimiento quedaron instaladas en la parte alta de la pirámide de Maslow. Es su terreno natural. Mientras tanto, el pelotón de las empresas competitivas en épocas pasadas se ven obligadas a cambiar sus estándares e indicadores. Ya no pueden medir la satisfaccion de sus clientes en tanto que cubren necesidades básicas. El mercado es mercado y no lo es. Hay lucro y no lo hay. Las paradojas campan a sus anchas en un escenario complejo y que admite casi de todo.
Maslow sigue siendo útil casi setenta años después de que presentara su famosa pirámide. Ahí queda eso.
Algunos otros artículos en los que le doy vueltas a estos mismos asuntos:
Creo que hay ¿trabajos? en los que no debemos facturar. O al menos hay que considerar ciertos proyectos de tal forma que su objetivo no sea ganar dinero. Quizá cobremos por ellos, pero debería ser lo mínimo imprescindible. Trabajar siempre para facturar te hace perder mucha perspectiva… de negocio. Sí, he dicho de “negocio”.
Cuando hablamos de economía abierta, en realidad, lo que vemos frente a nosotros son alternativas en los modelos de negocio. Si Radiohead decide no cobrar de la forma habitual por un disco o el MIT a través de su opencourseware abre la lata de los apuntes de clase y los pone a nuestra disposición, no por ello renuncian a disponer de un modelo de negocio. Al eliminar una de las fuentes clásicas de ingreso tradicionales se afila la imaginación para buscar alternativas.
¿De dónde llega la facturación que alimenta la primera línea de la cuenta de resultados? Puede ser este un buen momento para repensar su procedencia. ¿Los ingresos atípicos pueden representar alternativas viables a futuro? Pero si eso es así, ¿debe la empresa aceptar como propio de su negocio una fuente de ingresos no vinculada a su cadena de valor tradicional? Mi respuesta es sí. La economía abierta “abre” también la lata del ingreso. Hay que repensar por qué las personas y empresas estamos dispuestas a “pagar”.
¿Puede una empresa privada con ánimo de lucro pedir “donativos” y contemplarlo como una fuente de ingreso estable? Parece una locura. Pero el lucro y el no lucro se están fundiendo en una plaza de mercado donde las fronteras se diluyen. El tercer sector se privatiza y la empresa privada migra -o quiere hacerlo y hay que estar atento a las formas- hacia esquemas de valores propios del tercer sector. Y la santa madre iglesia bendice el cuarto sector, lo dijo el Aspen Institute, amén.
En un ámbito artesano, esta realidad la tenemos enfrente todos los días. Llevamos a cabo muchas actividades no facturables, junto a otras donde facturas lo que puedes. Aplicas leyes de mercado donde los proyectos tienen un precio. Pero ¿cómo cobrar a gente que se acerca para poner en marcha nuevos proyectos en los que están colocando toda su ilusión? Quizá pueda facturarse si disponemos de ayudas públicas… lo cual no sé en realidad si es facturación, porque se rige por otros criterios. Hay lo que hay y se factura lo que se factura. Nada que tenga que ver con precio de mercado. Y tan contentos.
Tenemos que conseguir proyectos para no facturar. Así de claro. O, como decía antes, proyectos que no se rijan por la obtención del máximo beneficio económico. Sí, tenemos que ser empresa y tenemos que no serlo. O tenemos que ser otro tipo de empresa. Al final, no me engaño, hablamos de ética. Eso en lo que tantas aplica el refrán: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Y hasta incluso, a veces, seguro que se me puede aplicar. Paradojas y dilemas irresolubles con los que convivimos.
De acuerdo con The Fourth Sector, las organizaciones del cuarto sector tendrían estos atributos básicos (la traducción al castellano es mía):
Propósito social. Existe un compromiso auténtico con ese propósito embebido en toda la estructura de la organización.
Métodos empresariales. Se puede desarrollar cualquier actividad empresarial legal que sea consecuente con el propósito social y con las responsabilidades de los stakeholders.
Propiedad inclusiva. Se distribuyen de forma equitativa los derechos de propiedad entre los stakeholders de acuerdo con su participación.
Gobernanza de los stakeholders. Se comparte información y control entre los potenciales stakeholders a medida que estos se desarrollan.
Compensación justa. Tanto para empleados como para otros stakeholders de acuerdo con sus contribuciones.
Retornos razonables. Se recompensa a los inversores según límites razonables que protegen la capacidad de la organización de conseguir sus fines.
Responsabilidad social y medioambiental. Se compromete a mejorar de forma continua su desempeño social y medioambiental a través de toda su red de stakeholders.
Transparencia. Se compromete a una evaluación completa y precisa que reporte su actividad e impacto social, medioambiental y financiero.
Recursos protegidos. Este tipo de organización puede fusionarse con otras o adquirirlas siempre que la entidad resultante mantenga también su carácter social. En caso de disolución, los recursos permanecen dedicados a propósitos sociales y no deben utilizarse para ganancias privadas de cualquier persona más allá de los límites razonables de compensación.
Dicho todo lo anterior, ¿cuántas de nuestras empresas pueden considerarse cuarto sector? ¿El marketing va a conducir artificialmente a las empresas hacia este tipo de visión? ¿Quiénes son realmente los stakeholders a los que se hace tanta referencia en esta definición de atributos básicos? ¿Cómo garantizar retornos y compensaciones razonables? ¿Cuál es el significado de la expresión “compensación justa” en una sociedad desbocada por el consumo?
For-Benefits are a new class of organization. Like non-profits, For-Benefits can organize in pursuit of a wide range of social missions. Like for-profits, For-Benefits can generate a broad range of beneficial products and services that improve quality of life for consumers, create jobs, and contribute to the economy.
La tierra prometida en forma de cuarto sector. El interés privado y el público se dan la mano en busca de “maximizar beneficios para todos los stakeholders“. Para ello, siendo fiel al guión que nos plantean, las organizaciones deben ser:
No aparece en las estadísticas oficiales y todavía no existen análisis cuantitativos que lo dimensionen, pero el mercado del alma mueve cifras enormes y su crecimiento es espectacular. La evolución hacia el sector servicios no hace sino confirmar que el primer mundo se aufoflagela para generar consumo espiritual. Con ayuda de las desgracias naturales, las almas acuden en busca de remedios. Sea la industria de la emergencia -esa que acude profesionalizada tras el desastre humanitario- o la del coaching -esa que acude profesionalizada tras el desasosiego personal real o inducido-, el mercado del alma es el presente y el futuro.
El cuarto sector dirige sus naves a toda velocidad hacia un mundo mejor. Hecho trizas el enemigo de la paz tanto social como espiritual, la eficiencia del capitalismo dirige su mirada al rescate de las personas. Las industrias de la seguridad llegan con sus acorazados para proteger nuestra nula resistencia al dolor. Operan deprisa bajo un estado de shock, no dejan huellas de su paso y reciben el beneplácito de quien necesita aliento. Una mezcla de horror y error dispara la necesidad de su intervención, allá y acá. Las tropas no invaden territorios que resisten sino que acuden imantadas por los inmensos negocios de la miseria humana.
Es lo que hay; es el signo de nuestro tiempo. Nosotras, personas del primer mundo, necesitamos ayuda espiritual. No importa que ahora venga mezclada con compra compulsiva o con sentido de la experiencia. Queremos dejar atrás ese vacío autoinflingido y caminar con la mirada alta y con optimismo. El mundo que desmoronamos es el alimento que necesita la empresa moderna.
Las empresas tradicionales quedan fuera de la escena. La chavalería no encuentra allí nada que merezca la pena. ¿Qué ofreces? Seguridad, carrera profesional, proyección, retos. Bla bla bla bla. Eso es papel mojado en 2010. Estoy preguntándote por diversión, por libertad, por relajación. No he visto que me hayas hablado de pasarlo bien. La empresa tradicional no sabe manejar la palabra placer. Bucea en sus propuestas de gestión, en sus manuales de procedimientos, en su prevención de riesgos, en su atención al cliente… pero la maldita palabra no aparece por ningún lado.
El cuarto sector cabalga poderoso por los mercados del alma. Tiene que vestirse de responsabilidad social. Lanza su artillería con balas en forma de coaching y reciclaje, de funny things y cuidada estética de consumo, de grandes valores e ingeniería financiera, de “tú eres lo que me importa” porque eres quien paga mis facturas. El cuarto sector se enmierda mientras crece; y crece porque las personas hemos construido una sociedad de riesgo en la que el prozac y el consumo son compañeros de terapia. Doctor, yo le digo qué me pasa. Usted sólo deme el papel para comprar lo que necesito.
El cuarto sector ha invadido el territorio for-benefit. Sea lo que sea, ha pensado en marketing por las buenas causas, en las grandes manifestaciones humanas de bondad a través del consumo, en las relaciones de comunidad soportadas a lomos de redes sociales privadas en Internet. La plaza pública reluce con sus anuncios de neón mientras los bancos donde asentar nuestras nalgas muestran orgullosos el patrocinio que reciben. Es por nuestro bien, es el presente y también el futuro. Es el sistema porque no hay otro. Las empresas tienen que entender que el mercado que más crece es el del alma. Un mercado complejo pero donde los márgenes son altos, un mercado compuesto de miles de océanos azules. Un mercado distinto, pero un gran mercado. Nos lo hemos ganado a pulso: demos la bienvenida al mayor de los mercados creados por la humanidad. Realízate comprando gasolina.
El cuarto sector ya está aquí. ¿Empresas? No, por favor; necesitan cosmética para no aparentar tanto feroz ánimo de lucro. ¿ONGs? Eso es caridad y ahí falta motivación por conquistar mercado; demasiado blando. ¿El sector público? Bueno, ha estado en galopante retirada desde hace 20 años por lo menos y parece que todavía no ha terminado de ahuecarse. Así que hace falta un nuevo paradigma: el cuarto sector. Y ni siquiera sabíamos que ya estábamos en él.
Si ya disponíamos de un sector privado, otro público y otro de organizaciones sin ánimo de lucro, ahora disponemos de otro nuevo mercado: es el cuarto sector. En Innobasque lo han identificado como uno de los cuatro ejes fundamentales en torno al que construir proyectos de futuro. Parece una decisión inteligente. Supone moverse con los tiempos para reconectarse con la ciudadanía. Vale, buen intento. Pero, siendo sincero, se me activan todas las alertas. Cada vez va a ser más difícil distinguir qué merece la pena y qué no. Vamos a acabar fundiendo el planeta en un aire de bondad mercantil. O al menos, éste puede ser un paso en esa dirección.
En cualquier caso me alegro de que la idea de cuarto sector vaya hacia adelante. A pesar de los claroscuros creo que se abren nuevas posibilidades. Ayer en una reunión de Consultoría Artesana en Red con Aitor Bediaga y David Sánchez le dedicamos una primera reflexión. Hoy por la tarde nos reuniremos con Asier López y Francesc Balagué para estirar algo más nuestras neuronas al hilo del nuevo impulso de TrendTrotters (ya hablaremos de esto uno de estos días).
De momento éste es sólo un artículo para dejar las referencias que andamos manejando. En breve escribiremos sobre nuestra visión de este emergente cuarto sector. Os dejamos con este gráfico que resume lo principal del planteamiento. Está tomado del informe sobre Innovación Social de la Fundación de la Innovación Bankinter, quienes lo han traducido del original de The Aspen Institute.
Si quieres leer más cosas de este blog relacionadas con esto que ahora parece ser el cuarto sector:
El último número de la revista de APD (suscripción de pago) contiene un monográfico de casi 50 páginas sobre responsabilidad social corporativa. Entre lo mucho escrito, todas perlas de la excelencia empresarial en este ámbito, encuentro unas palabras de Álvaro Cuervo García, catedrático de economía de empresa en la Universidad Complutense de Madrid:
Alinear los intereses de la empresa con la sociedad es aceptar que la creación de riqueza para los accionistas es un medio no un fin en sí mismo.