Hace algo más de un año tuve la oportunidad de colaborar con Elkarlan en una reflexión estratégica acerca de la promoción de cooperativas. En nuestro caso, por esta zona del sur de Islandia, se trata de un modelo arraigado y tradicionalmente considerado de “éxito”. Los números de MONDRAGON son espectaculares: cerca de 100.000 personas son muchas personas. También he estado colaborando desde finales de 2008 y durante buena parte de 2009 con los servicios centrales de MONDRAGON en otra reflexión acerca de las oportunidades que presenta la web social para su modelo de gestión. Ambos proyectos han tenido un eje común: se ha hablado de emprendizaje.
Por otra parte, MONDRAGON y su modelo de gestión han sido referenciados en tiempos recientes como ejemplo desde perspectivas tan diferentes como estas:
Además, 2012 será el año internacional de las cooperativas, según resolución 64/136 del pasado 18 de diciembre.
¿Éxito? ¿Quién se atreve a negarlo? ¿Crisis? ¿Quién se atreve a negarla? ¿Crisis del modelo? De esto trata este artículo, que avanza algunas cosas más de las que ya he escrito en anteriores ocasiones. Entre ellas la más directa en ¿Mondragón en crisis?, publicado hace ahora algo más de un año.
Mi punto de partida no está en MONDRAGON sino en el primer mundo de este planeta que compartimos. Creo que hace ya tiempo que el capitalismo industrial dejó paso al capitalismo emocional y cultural. Aquellos valores de la producción masiva y la posesión de bienes para disfrutar de calidad de vida han quedado atrás. Esta es la era del juego, de la “experiencia de usuario”, de una realización personal que se funde con la diversión y el ocio. Estamos en la era del capitalismo funky. Y ahí las reglas son otras.
El cooperativismo ha sido y va a seguir siendo competitivo, pero antes lo tenía más fácil. La vinculación con el entorno geográfico cercano, el sacrificio, el trabajo, el esfuerzo, el compromiso; todo eso eran lo que servía para cimentar sus ventajas competitivas. Eran modelos construidos sobre un plus de motivación. Porque era la motivación, en buena parte, de los socios fundadores (entonces no se hablaba de socias fundadoras).
Pero el cooperativismo se hizo paradójicamente competitivo y fue perdiendo la referencia de lo inmediato. Porque la competitividad tenía que ver con estar el mundo. No porque fuera vocacional sino porque era “lo que había que hacer”. Con unos valores y principios cooperativos tan arraigados, el aterrizaje en otras zonas del planeta no podía ser sino complicado. Porque no estaba en los genes, no era objeto de gozo y de disfrute. Estar lejos de casa era y es, en la mayoría de los casos, un daño colateral de querer ser competitivo. Se hace por obligación, como sacrificio porque “la cooperativa nos lo pide”. Se generan personas expatriadas.
Las cooperativas son empresas fiscalmente protegidas. Tienen que representar, por necesidad, una alternativa al modelo imperante. Pero las cooperativas navegan en el mercado, un lugar donde el cliente es el rey y a la vez un tirano explotador. En ese mercado se hace, insisto, lo que se tiene que hacer: competir.
Pero en el siglo XXI la economía se ha vuelto más líquida. Los mercados que crecen son los que tienen que ver con intangibles, con cultura, con servicios, con experiencias de usuario. ¿Y dónde están las cooperativas de MONDRAGON? ¿Dónde están en software, en el entretenimiento, en la alegría, en la diversión?, ¿dónde están en desvergüenza y en osadía?, ¿dónde sintonizan con los estilos de vida de la generación que no ha conocido un mundo sin Internet?, ¿cómo asimila MONDRAGON el modelo LEINN, la utopía del cooperativismo líquido del siglo XXI?
Yo he trabajado doce años en cooperativas de MONDRAGON, seis en LKS y seis en Maier. Dos empresas muy diferentes. La primera fue una especie de bautismo donde comprobé allá a principios de los 90 la turbulencia de las relaciones personales y la competitividad interna; nada que no ocurra en otras organizaciones, por cierto. La segunda fue un lugar donde no creo que aporté lo suficiente, por muy diversas razones. Quizá -a toro pasado es fácil leer- porque no era la persona adecuada. En Maier conocí tres directores generales en seis años y un período convulso. Pero sí que vi allí capacidad de sacrificio, calidad y mejora continua. Eso sí, con la referencia de producto, producto y producto. Y el cliente, un cabrón, con muy honrosas excepciones. Después salí y son ya otros siete años que llevo colaborando con Eteo, la facultad de empresariales de Mondragon Unibertsitatea. ¿Qué echo en falta en estos 17 años de colaboración con MONDRAGON? Alegría.
En la última reflexión estratégica de nuestra universidad se usó el término effortjoyment. Pero no, no cala. Lo escribimos, pero quedó en el papel. Las viejas glorias siguen aferradas al esfuerzo y el compromiso, al sacrificio y a las cosas bien hechas, a la calidad del producto, a lo que se ve y se toca, al PDCA, al plan estratégico y al plan de gestión. Son valores respetables, dignos y que han generado un modelo de éxito. Y llega lo difícil: tener éxito con otro modelo.
Las cooperativas de MONDRAGON han crecido. En Maier éramos 2.000 personas. En Eroski son unas 40.000. Mis primeras prácticas remuneradas fueron en Elorrio, en su sede central, en el año 1988. Supongo que todos entonces conocían a Constan Dacosta y a su equipo. Gente como tú, ahí al lado. Luego, cuando las empresas crecen, “conocer” a la gente se vuelve imposible, porque Dunbar es realmente un jefe inflexible.
En octubre de 2008 se introdujo una modificación en la ley de cooperativas del País Vasco por la que se abría la posibilidad de que dos personas (no tres, como antes) constituyeran una cooperativa. En Madrid, los indianos se constituyen en grupo cooperativo y se autolimitan para no crecer. El decrecimiento comienza a hacerse un hueco. Creo que en lo pequeño sigue estando la esperanza de sentirse a gusto y comprometida con el trabajo que llevas a cabo. Y una cooperativa quizá aportar un añadido al sentido de lo pequeño.
Por cierto, que esta semana que viene estaré en la duodécima edición del Festival ZEMOS98. ¿El tema? Léelo y comprende sintonías.
Somos obstinadamente pequeños. Admitámoslo, somos microbios. Y a pesar de ser eso, seres microscópicos invisibles, nos obsesionamos con crecer. Somos individuos minúsculos jugando a interaccionar con otras formas de vida de diferentes tamaños y tratamos de establecer cadenas, de crear redes de pares o redistribuirnos por afinidad, familiaridad o simple azar. Somos eso, seres vivos diminutos con memoria. Pequeñas células sociales que comparten saberes. Microorganismos que se perpetúan, con sus virtudes y defectos, a través del tiempo, el espacio y en continua representación.
Hemos mutado. Hemos mentido. Hemos procreado. Hemos repetido. Hemos llorado y seguimos riendo. Como también hemos pensado.Y hemos producido cibercultura. Un cambio tecnosocial ligado a transformaciones en la sensibilidad, la ritualidad, las relaciones sociales, las instituciones y las organizaciones políticas. Ya nunca sentiremos, oiremos, oleremos, tocaremos y veremos de la misma manera. Si la educación puede suceder en cualquier momento y en cualquier lugar, entonces cada día practicas una pedagogía de contacto. Si aprender es una experiencia expandida, entonces la vida cotidiana es la escuela del siempre sin fin. Si la ciudad es una constante performance social y cultural, entonces todos somos actores y esto es teatro descomprimido. Si secuencias tu vida y la narras, compartes y remezclas a través de imágenes, sonidos y textos, entonces tú también lo eres : un ser vivo diminuto que se confiesa diariamente, que comparte su microhistoria, que aprende comunicándose y contándose. Un microbio de identidad múltiple e invisible.
Queremos conversar sobre los pequeños grandes cuentos. Como aquél del potaje. O el de esa esquina. O el de un tocadiscos abandonado, reencontrado a su suerte por un viejo DJ, padre de una joven soprano, que es amiga de un rapero de pueblo, que está enamorado de los sms de una poetisa treintañera, que escribe para olvidar y que escucha una canción en bucle, donde se hablan de las ecuaciones diminutas, de las cuentas de la vieja y de los rincones irreductibles, oída alguna vez por amigas que comparten secretos de balcón, que saben la historia de la cafetera robada por el vecino rico, el que esconde el libro sobre la sexualidad de las moscas, donde alguien escribió sobre cabezas pensantes y dubitativas, sobre escombros que no recuerdan cuando nacieron, que está al lado de una máquina dedicada a los que rehacen, los que formulan y reformulan, los del del interfaz y el avatar, los facilitadores, los aduladores y los conectores, los redentores persistentes, los quijotes urbanos, las maestras de todo y nada. Esta es una historia de nosecuando, escrita por quién sabe y leída en nosedónde.
Bienvenidas pequeñas personas, persistentes micro-usuarias del 12 Festival Internacional ZEMOS98, dedicado este año a vosotras : “Microbios, seres vivos diminutos.”
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La imagen en Flickr es de bies.
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En el último número de Empresa y Trabajo, el periódico bimensual editado por la Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado (COCETA) se incluye un pequeño dossier sobre La financiación alternativa. Me ha parecido interesante y útil. Incluyen una comparativa entre cuatro entidades, que comparto aquí con un simple copia/pega. Se trata de: Coop57, Fiare, Caja Laboral y Triodos Bank.
COOP57
FIARE
CAJA LABORAL
TRIODOS BANK
Y contado todo eso, por cierto, cualquiera puede colocar su dinero en banca ética. Si te interesa la revista completa en pdf, la tienes descargable desde este enlace.
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Actualización.- Como ya he metido la pata varias veces, lo repito alto y claro: la defensa de la tesis será a las 12:00 allá en Canarias. O sea, a las 13:00 aquí en la península.
No todos los días alguien decide que la defensa de su tesis doctoral se pueda seguir vía streaming. Claro que no todos los días alguien está presentando una tesis como que la que Edu William ha desarrollado: Ecosistema del turismo red: Modelo de la Abundancia e Innovación en las Islas Canarias. A mí, lo reconozco, me da mucha envidia lo que Edu va a hacer. En dos palabras: in presionante. Apunta día y hora: será en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria mañana día 12 de marzo a las 13:00 (hora peninsular), 12:00 allá en el archipiélago. El enlace que activarán algo antes de esa hora para seguir vía streaming la defensa de la tesis: http://eduwilliam.ulpgc.es/
Ya desde aquí digo que el planteamiento de Tourism Revolution Ecosystem (TRE) que Alf, Johana, Maribel, Bernat, Juan, Paula y el propio Edu han puesto en marcha suena fresco, diferente y que merece atención. La tesis doctoral de Edu supongo que es un hito que también puede integrarse en la corriente TRE. El sistema sigue fluyendo y de vez en cuando ciertos hechos cobran relevancia y merecen especial atención. Poco a poco voy guardando ideas porque la producción de contenido vía blog de quienes andan alrededor del proyecto TRE es muy considerable. Hay que leer, digerir y ya tendremos tiempo de conversar. Suave suave.
Aprovecho también para comentar que como quiera que tenemos en curso una investigación sobre economía abierta con la EOI, el caso del Cluster de Turismo de Canarias y la iniciativa Tourism Revolution Ecosystem serán dos de las que entran en el saco. Me encantará saber más de estos nuevos modelos de gestión.
Volviendo al trabajo de Edu, no cabe sino quitarse el sombrero. Él ha manejado desde el principio ingredientes diferentes para actualizar el enfoque de gestión de la actividad turística. En su día tuve el placer de poder participar allí en una sesión de puesta en marcha del Cluster de Turismo, junto a Juan Freire (quien por cierto está en el tribunal de la tesis) y el propio Edu. Traté de aportar mi punto de vista, que en buena parte es el que estamos investigando y desarrollando hoy a través de nuestro modelo de empresa abierta.
Así que no me extiendo más. Este un post de agradecimiento al trabajo que Edu y otra gente que se mueve en su círculo están llevando adelante. Da gusto encontrar sintonía allá 3.000 kms más abajo de esta zona del Sur de Islandia. Ánimo, Edu.
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Ayer estuve un rato con alumnas/os de una mención de MBA relacionada con la gestión de entidades deportivas que se suele venir impartiendo en los últimos cursos en Mondragon Unibertsitatea. Tenía que ver mi intervención con la gestión de las personas (si es que la palabra”gestión” tiene sentido en este caso) en las organizaciones. O sea, que estuvimos compartiendo conversación sobre ese binomio persona/organización que parece haberse complicado sobremanera en los últimos tiempos.
Ya he escrito aquí mis argumentos sobre por qué la empresa ha dejado de ser eje vertebrador de nuestras vidas (y, si acaso, puede serlo más nuestra profesión). Me agarro a los argumentos del artesano Richard Sennett para ello. De todas formas, algo que voy constatando con diversos grupos de alumnas/os es que cuando le pides a la gente que seleccione una preposición para conectar a la persona y a la organización, tomando la primera como referencia, nadie acaba eligiendo la preposición “de”.
El ejercicio que planteo (ya lo comenté en otro post hace tiempo) busca reflexionar sobre la relación que se establece entre persona y organización y viceversa. Para ello pido que se elijan tres preposiciones en cada caso (persona-organización y luego organización-persona). Esto nos da pie a discutir la complejidad de este tipo de relación en la sociedad actual.
El caso es que la preposición “de” implica pertenencia, conexión íntima, cierto sentido identitario. Y, claro, la gente no elige esa preposición para unir persona y organización. Las personas no son “de” las empresas. A no ser que se adentren en territorios que las alejan de los objetivos “materiales” y las acerquen a lugares donde hay sentido del propósito (a ello tengo dedicada una etiqueta de este blog, por cierto). ¿Quizá ahí puede haber terreno para esta preposición?
Claro que si consigues que las personas que trabajan contigo digan que son “de” tu empresa a lo mejor estás descubriendo el santo grial del compromiso. ¿O quizá es un objetivo imposible de alcanzar en el panorama actual, con unos estilos de vida que priman el individualismo, aunque este sea en red? En fin, que en lo que a mí respecta sólo constato que las personas no eligen la preposición “de”. Sin más, comparto esto que me está sucediendo, día sí y día también.
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Cada vez creo menos en las habituales monsergas del liderazgo en las organizaciones. Ya hace mucho tiempo que quise enterrarlo, pero como soy minoría acabo arrinconado. Me dejan protestar y pasan página. No podía ser de otra manera. Total, porque yo lo diga no pasa nada. Es un susedido sin apenas importancia.
Liderazgo compartido y redarquía es un estupendo artículo de Marta Romo. No se puede no estar de acuerdo. Asier Gallastegi nos dejó otro buen número de interesantes apuntes en Liderazgo: ideas 1, ideas 2, ideas 3. Y no digamos toda la movida realmente interesante que se mueve alrededor del Consorcio de Inteligencia Emocional donde, por cierto, Iñaki Pérez Herreros sé que anda muy activo, incluso apostillando que hay empresas que creen en las personas. Pues gracias por las aportaciones. Sé que se hacen desde la práctica profesional. El problema es mío, que me he echado al monte. La sociedad avanza y mientras la crisis agranda aún más la brecha salarial entre hombres y mujeres. Ah, perdón, que este no era el tema.
El caso es que es lógico que existan diferencias retributivas en una organización. ¿Cómo va a ganar lo mismo esa chica de la cadena de montaje o el tipo de la flejadora que esas otras hordas cualificadas que habitan oficinas y despachos? El mundo retributivo se divide en franjas, en bandas: de esta cifra a esta otra. Las diferencias van con el sistema. Por formación requerida en el acceso o por responsabilidades asignadas, tú ganarás esto y tú esto otro. ¿Cuántos niveles? Pues esto es uno de los misterios de la cristiandad. Pocos o muchos niveles, el caso es que las diferencias ahí están, capeando cuantos temporales arrecian.
Pero luego llega el discurso de Fuenteovejuna: todos a una. Liderazgo compartido, trabajo en equipo, delegación de responsabilidades, compromiso con los objetivos, participación en el origen, inteligencia colectiva. Sí, pero tú en el nivel 2 y yo en el 6. Ya, cada cual según sus posibilidades. Ah, claro, me pides un acto de fe. Tengo que comprometerme. Vale, vale, ya entiendo.
¿Liderazgo? Palabra extraña para la gente de a pie. Normalmente suele asociarse a Hitler, al caudillo, a los héroes de la guerra, a los grandes hombres (líder aplica masculinidad: por cojones, quiero decir). Sí, liderazgo no es palabra corriente que se use en el día a día. Hoy, sin embargo, forma parte de nuestro discurso, de los elementos necesarios para construir el capitalismo emocional. Frente al “libérate, libérate” que aquí en Bilbao cantaba la Otxoa, ahora el estribillo ha mudado a “lidérate, lidérate”. Sí, necesitamos mujeres y hombres con todos sus sentidos, con su inteligencia emocional, con sus plenas facultades desplegadas en la misma dirección que este gran proyecto llamado empresa.
¿Cuánto ganas? Ah, ya. Si fuera mucho serías líder oficial. Nada de jefe. Eso ya no vende. Ahora tu ascenso hacia la cúspide pasa por raciones de liderazgo compradas con cada promoción. Allá arriba se llega por sobredosis de cursos sobre personas. Y aunque haya muchos profesionales Up in the Air, el caso es que tú llegas arriba como líder, como macho cabrío que tiene que tirar del rebaño. Para eso te pagan, cabrón.
Así que pudiera ser que seas líder porque ganas mucha pasta. Enhorabuena. El mundo a tus pies. Bueno, el mundo excepto la gente que trabaja contigo. Esa diferencia salarial te hunde en el imposible. Nueve de cada diez veces vas a ser el jefe cabrón. Para eso te pagan, compañero. Ánimo. Dime cuánto ganas y te diré por qué no puedes ser líder. O sí, quizá estés de suerte y no ganes tanto
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La imagen es de http://www.lumaxart.com/
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Si quieres tu cara en el cartel apoyando esta reivindicación, pásate por aquí.
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La discusión subió de tono. En el rincón, ahogada entre el humo del bar y los decibelios habituales, antes apenas era perceptible. Pero ahora en cambio la discusión se distinguía con nitidez del resto de conversaciones. Algún que otro reproche, pero en el fondo la cuestión parecía simple: no valoras lo que hago.
El reconocimiento, el bendito reconocimiento. Débiles en resiliencia, no quedaba otra. La chica había explotado mientras que él parecía tranquilo. Los vasos casi vacíos servían de metáfora para el final de una relación que nunca debió comenzar. Ella lo había sabido casi desde el principio, pero el torrente del sinsentido la había conducido hasta una situación insoportable. No herir para dejar paso a la escena siguiente, una y otra vez. Así durante tres años.
Se miraba las manos, temblorosas. Los ojos, lejos de cualquier lugar conocido. Las palabras se agolpaban una detrás de otra. Buscaba aquellas expresiones que sirvieran para no herir. Necesitaba una muerte rápida para aquella relación. Todo lo anterior volcado en una conversación oculta en la esquina de un barucho de mala muerte en las afueras de la ciudad. Lugares comunes para rupturas vulgares. Aquella esquina proporcionaba cobijo para escupir reproches.
Un hilo de sangre asomó por su nariz, suave, cálido, humilde. Se deslizó hacia la comisura de los labios con una alegre fluidez. Ni siquiera llegó a apreciarlo. Él salió de estampida. La chica seguía recostada sobre su silla, ahora más tranquila, con expresión ida y los ojos extrañamente profundos. No movía un músculo. Mientras, la sangre se divertía en caída libre.
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La foto en Flickr es de Heo2035.
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Mi abuelo solía tener dos o tres vacas y otros animales típicos de la economía doméstica de hace 50 años en esta zona del sur de Islandia. Mi abuelo trabajaba en la Babcock Wilcox, una de esas empresas gigantes de la margen izquierda que ya nunca serán lo que fueron, humilladas por el progreso. De lunes a viernes, mi abuelo seguía una rutina sencilla. Tal que así:
Los sábados y los domingos la vida se relajaba. Sólo había que ordeñar las vacas por la mañana y por la noche, trabajar en la huerta, hacer hierba para los animales y atender a los asuntos que estuvieran pendientes por no poder llevarlos a cabo de lunes a viernes. Quizá el domingo por la tarde pudiera ser el hueco de tranquilidad.
Hoy en 2010 aquello parece oculto en una niebla que desfigura el recuerdo. Mis manos se deslizan por un teclado y mueven un ratón. Algo inexistente en la vida de mi abuelo. Su calidad de vida a los ojos del mundo contemporáneo, dejaría bastante que desear. El solía decir: “lo más lejos que he estado es en Pamplona y porque me llevaron preso”. Un mundo limitado por 20 kilómetros de radio alrededor de unas vacas y un terreno donde cultivar patatas, boronas de maíz, nabos, remolacha y las típicas hortalizas de casa.
Hoy la calidad de vida es el santo grial. Es una preocupación. La construimos -enorme paradoja- a base de permanente insatisfacción. Jugamos a elevarla a los altares para dispararle cañonazos que la destruyen día sí y día también. Tenemos que estar al tanto de lo que sucede, manejar información. Las oportunidades vienen envueltas en noticias y descubrimientos. Ganamos tiempo al tiempo para estrujarlo y cargar las cartucheras del stress permanente. No es que tengamos paz; tenemos ausencia de stress. Porque el stress es omnipresente. Y bastante éxito es que se manifiesta de forma modesta.
La calidad de vida cabalga a lomos de la insatisfacción. Innovamos en patología. ¿Cuántas patologías existen hoy que eran desconocidas hace 50 años? Estamos ganando en la lucha por la novedad. Afinamos tanto la búsqueda que cuanto más profundizamos en algo más descubrimos nuestra ignorancia. Saber mucho es igual a caer en la cuenta de todo lo que no sabemos. Un agobio inherente a la búsqueda. Tenemos que innovar y crear medicinas para las enfermedades que no existen. Porque nuestros comerciales son buenos: saben crear necesidades. Lo han mamado en sus clases de religión.
¿Qué tal llevas tu ritmo de vida? Hay que pelear, ¿verdad? Claro, hay que ser competitivo. Dejamos atrás la ineficiencia de perder el tiempo. En el segundo s+1 ¡zas! hay que conseguir llegar al mercado. Rápido es mejor. Velocidad como reto. Ritmo, ritmo, ritmo; no pienses, ¡haz! Si te equivocas, no importa. De nuevo arriba, el mercado agradece tu actitud.
No tiene sentido que tengas sólo dos vacas. ¿Estás tonto?
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La foto en Flickr es de www.D2k6.es, pero creo que son otras vacas; no las de mi abuelo.
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A veces uno se piensa lo que no es: por ejemplo, que las licencias Creative Commons se conocen y se utilizan. Más aún, que se conocen las alternativas y cómo licenciar contenidos. Craso error. Muchas veces escucho lo de “licenciar con Creative Commons” como si fuera un único asunto. O sea, que Creative Commons = Somos guays. Pues va a ser que no.
Creo que es importante -sí, ya sé que vas a alucinar un poco- leerse la ley de la propiedad intelectual. De esta forma al menos se puede comprender la diferencia entre los derechos morales, “irrenunciables e inalienables”, y los derechos de explotación, o sea de “reproducción, distribución, comunicación pública y transformación”. También es importante saber que el derecho de copyright, que restringe el uso que puedes hacer de un contenido, se adquiere por defecto. Es decir, que cuando ves un contenido en Internet (una fotografía, por ejemplo) y no encuentras licencia que lo describa, hazte a la idea de que lleva copyright: no puedes usarlo a no ser que te pongas en contacto con quien sea autor/a y obtengas consentimiento expreso. Por ejemplo, mucha gente en Flickr tiene fotografías con copyright que no puedes usar. Sin embargo, puedes buscar en Flickr fotografías que no lo tengan.
Pero lo que quería comentar en este artículo es la diferencia entre licenciar con o sin “compartir igual” (share-alike en inglés). Y es que la utilización de esta restricción, me han dicho más de una vez, es “ideología“. Pues claro, y menos mal que tenemos ideología y que tratamos de aplicarla allá donde podemos. ¿No crees que hay una forma a través de la cual podemos extender una cultura más libre? Pues podemos utilizar esta cláusula para que estos principios se divulguen. ¿Quieres utilizar mis contenidos? Hazlo, pero compártelos de la misma forma.
En mi caso, no me importa si ganas o no dinero con los materiales. Si te levantas pasta, pues mejor para ti. Enhorabuena. Pero no cierres el grifo. Quiero que extiendas el uso de este tipo de licencias: debes compartir bajo la misma licencia. Ya sé que me va a ser imposible “perseguirte” y es más que evidente que no lo voy a hacer, pero sí quiero dejar clara cuál es mi postura. Me sirve y espero que te des cuenta de lo que quiero decir con ello.
De la mano de compañeras/os de fatigas, hay una línea de trabajo en curso para abrir contenidos públicos. En el entorno de Gobierno Vasco, veo licencias de Creative Commons sólo de reconocimiento (descripción más amplia aquí). Irekia es un buen ejemplo, como también lo es el cambio realizado en la Comunidad Vasca de Innovadores, que también se ha acogido a este tipo de licencia: enhorabuena. Dejan atrás una etapa que no tenía sentido y que el tiempo ha solucionado. Igual que critiqué antes, traslado mi enhorabuena ahora. Otro ejemplo del uso de esta licencia es el sitio de GeoEuskadi. Parece, pues, la “línea oficial”.
Pero, ¿por qué no aplicar licencias que incluyan “compartir igual” de tal forma que se extienda en cadena la apertura de los contenidos? Y no me vale lo de que no se va a poder “perseguir” a quien incumpla la licencia. Habría quien incumpliría pero también quien sería legal y cumpliría, aunque sólo sea porque se escribe una advertencia al respecto. O sea, que se extiende el uso. Una vez puestos manos a la obra, creo que sería más lógico exigir que no se apliquen derechos restrictivos de explotación sobre los contenidos. ¿Es ideología? Por supuesto que lo es. Para eso somos personas que pensamos y tenemos puntos de vista que defendemos.
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La imagen en Flickr es de qthomasbower.
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Las ideas que manejaré son las siguientes:
Ah, y espero que Naiara Pérez de Villarreal también se anime a compartir parte de su saber hacer. A fin de cuentas ella y Mikel Sánchez son quienes están detrás del sitio web de Ibaizabal Saskibaloi.