Ayer fue un día tórrido y soporífero. Por la tarde lo único posible era no hacer nada y dejar que el tiempo pasara. El calor reinaba a sus anchas. No tenía sentido jugar un partido perdido de antemano. Inmenso, callado, intenso y extenso.
Pero la mañana, sin embargo, suele regalar temperaturas agradables. El sol no sale hasta pasadas las 7:30 de la mañana. Allá, tras las lomas, después de un repiqueteo de gallos, aparece fiel a su cita. Siempre por el mismo sitio, absolutamente predecible. Claro que holgazanea y se hace el remolón, porque en estos quince días ya se ve que cada vez le cuesta más madrugar. Y más que le costará.
Mi otro recuerdo de este pueblo, Cazalla de la Sierra, es de la Semana Santa pasada, en plena TransAndalus de contacto con el medio rural. Con un color relajante en la retina: el verde. No había ninguna duda. El campo, tras las fuertes lluvias del invierno pasado, desbordaba frescor. Verde intenso que hasta una mano poco agraciada para la fotografía como la mía era capaz de captar.
Semana Santa supuso conectar con la costumbre popular. Lo mismo que si hubiéramos estado aquí en agosto para la romería de Nuestra Señora del Monte. Fechas vinculadas con lo religioso y -para quienes estamos lejos de la fe- de cierta magia. Porque la gente queda abducida por el fervor que de algún sitio recóndito llegará. Éxtasis, trance. Se desbordan las lágrimas, la emoción. Silencio. Una procesión es una procesión. Aquí en Andalucía, por lo menos.
Entonces y ahora el pueblo sigue ahí, en una suave ladera que deja calles en cuesta. Muchas de ellas empedradas y retorcidas junto a paredes blancas, blanquísimas. Y por la tarde, cuando el sol da tregua, aparecen poco a poco las personas. Sillas y conversación. Con un cierto halo de tiempo pasado y de crítica social cerrada que fluye de portal en portal. No hay registro del diálogo, que queda enterrado en quejas y suspiros. Conversaciones privadas que se las traga la noche.
Alrededor del pueblo, ahora el campo se agosta. Las encinas y los alcornoques están acostumbrados. A sus pies un ganado que sabe también de la lógica del calor. Mínimo esfuerzo para que el tiempo transcurra a la sombra de la encina. Miradas perdidas, simples animales. Tan pegados a la tierra y a la cultura popular.
Las dos semanas terminan. Mañana de vuelta a otra zona del sur de Islandia. Sin prisa, suave suave. Parada en el camino y otra vez a dejar que Cazalla se revuelva en algún lugar de la memoria. Pero con dos colores: amarillo y verde. Calor y frescor. El pueblo aquí se quedará.
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Las dos imágenes corresponden al mismo lugar, en ruta TransAndalus desde Cazalla de la Sierra hacia la Presa de Viar. Son respectivamente de agosto y abril de 2010.
Tenía pendiente comentar por aquí mi último susedido de e-administración estúpida. Fue con Bilbao Kirolak, el servicio municipal de deportes del Ayuntamiento de Bilbao, hace un par de semanas. Es fácil de explicar y difícil de entender.
El caso es que quería pasar mi carnet de deportes individual a familiar para incorporar también a mi pareja. Como, además, mi carnet era “de los antiguos” me comentaron que podía renovarlo. Manos a la obra. La información está muy clara en la página web. Hace falta (copio-pego literal con subrayados míos):
D.N.I. del titular y el cónyuge (Presentar).
En caso de que el D.N.I. no presente la dirección correcta, volante de Empadronamiento.
Una fotografía por persona mayor de 4 años. Tamaño carnet (original).
Libro de familia. En caso de parejas de hecho adjuntar certificado. (Presentar)
Boletín de Inscripción cumplimientado.
Domiciliación bancaria.
Los trámites los realicé en las oficinas de Bilbao Kirolak en la calle Uribitarte. Cuando fui había un par de mujeres que atendían. En mi caso, estuve con una chica realmente amable y eficiente. Fue un trámite que nos llevó unos 10 minutos. Pero hubo dos asuntos que no entendí bien:
Escapa a mis entendederas que yo tenga que entrar en la web del ayuntamiento e imprimirme el volante de empadronamiento para llevarlo impreso y demostrar algo que el ayuntamiento ya sabe y que podría hacer de la misma forma que yo. Quien me atendió, miró el volante y me lo devolvió. Sin más.
Pedían una fotografía tamaño carnet original. Pues bien, delante de mí, la escaneó y me la devolvió. En el típico escáner chungo tamaño DINA4, allá que escanea la foto y me la devuelve. ¿Para eso ir a una tienda de fotos a hacerte una foto tamaño carnet “original”?
Se me ocurre que los trámites se pueden aligerar si me hubieran dejado enviar la fotografía tamaño carnet por correo electrónico (me había ahorrado pasar por la tienda y Bilbao Kirolak ese trámite). Y lo del volante de empadronamiento, estupendo que puedas hacerlo a través del transparentísimo Ayuntamiento de Bilbao, pero ¡no para demostrar nada a quien tiene ya esa información!
Las ciencias avanzan y la e-administración también. Ya sólo falta continuar aplicando sentido común. Porque la forma en que los nuevos servicios deportivos de Alhóndiga Bilbao se integran (o lo que sea) en Bilbao Kirolak empieza a ser lamentable, por no decir cosas peores. Pero de eso ya hablaremos en otra ocasión.
Ayer, como otros días, dejábamos pasar la tarde. Al fondo se veía Cazalla de la Sierra, este pueblo al que me trajo de ruta la TransAndalus y al que hemos vuelto para estar quince días ahora en agosto. En las manos un libro que explicaba la complejidad de los deportes de equipo y cómo la estadística lo puede simplificar todo. Pero la cabeza se iba para otras cosas. Vete tú a saber por qué.
La primera tenía que ver con los latifundios. Aquí -como cada vez en más partes- el territorio está vallado. Alambrada a un lado, alambrada a otro. Entiendo ahora mejor el porqué de la existencia de grupos de lucha como adesalambrar.com. Serán cosas del progreso: esto es mío y no tuyo; por aquí no pasas. Una lógica de distribución de riqueza que representa cada vez más al primer mundo. No hay coeficiente de Gini que lo pare.
Otro pensamiento tenía que ver con la forma en que se vive por aquí. Claro que es verano y eso marca lo que se puede y no se puede hacer, según las horas del día. Para nuestra sorpresa no está haciendo calor. Pero si llega a apretar es evidente que las horas centrales del día no sirven para gran cosa. Sí, claro, como sauna natural… que la gente del lugar evita sin alardes. No tiene sentido ver quién aguanta más la chicharra. Locos nórdicos.
Cazalla es un pueblo. Sí, porque no hay un supermercado grande de esos que conquistan las afueras de cualquier población que se precie. No, no ha llegado ese edificio con aparcamiento delante. Si quieres comprar, reparte tus pasos por los diversos pequeños comercios del pueblo. Sabiduría que tiene los días contados, me temo. Compraventa distribuida que muere a manos de la competitividad. Hay que joderse.
Así que el tiempo pasa despacio en esta segunda quincena de agosto. Cazalla de la Sierra, un lugar inserto en un moderno parque natural, el de la Sierra Norte de Sevilla. Un parque que muere en la frontera con Extremadura. Política que separa a la geografía cuando la artificializa. También es signo de progreso. Ves senderos balizados aquí y allá, pasto de un vandalismo hondamente anclado en las costumbres populares. Sí, esos carteles indicadores están ahí para ser devorados por alguno de los muchos descerebrados que conforman la sabiduría de la multitud. Pues va a ser que no.
Y así dejamos pasar el tiempo. Decir, eso sí, que por fin me ha enganchado una novela de Ian Rankin. Me he cepillado en tres días las cerca de 600 páginas con varias tramas que implicaban a un sórdido John Rebus. Ahora sólo queda terminar tres libros de esos serios que ando leyendo y que alimentan de ideas aburridas a este blog. Lo siento, pero es lo que hay. Disfruta allá donde estés. Noe también contará su punto de vista, ya lo veréis. Os dejo, que amanece. Dejo aquí guardados los pensamientos de la tarde de ayer.
El arabesco lateral es ese extraño principio recogido en las leyes de Murphy que otorga cargos ininteligibles a personas que han alcanzado ya su máximo nivel de incompetencia. Una vez llegados a esa cúspide, el sistema es capaz de tragar su ineficiencia apartando a puestos staff a los directivos que tuvieron éxito en niveles inferiores. Si el arabesco lateral se aplica con insistencia obtenemos una organización rebosante de sinsentido pero muy humana y divertida. Por supuesto, siempre que no sea necesario ser competitiva, como ocurre tantas veces.
Es fácil detectar el uso del arabesco lateral a través de la existencia de los “cementerios de elefantes“. Suelen ser lugares donde la materia gris ha quedado aplastada en sillones de cuero, mullidos y cómodos. No es fácil saber cómo repartir las culpas: si buscar el origen en maquiavélicas prácticas de la empresa o por el contrario el virus estaba ya inoculado en la persona. De todo hay en la viña del señor.
Así que no sólo de pan vive el hombre. Hay que hay que buscar explicaciones a la ineficacia y al éxito en la jerarquía. Ian Rankin asigna en Black&Blue al taciturno y gris inspector John Rebus este pensamiento tan de sabiduría popular:
El subdirector Colin Carswell, ayudante del jefe de Policía. Era de Yorkshire, lo más parecido a un escocés que ser un inglés. Llevaba en la dirección territorial dos años y medio y hasta el momento nadie había hablado mal de él, lo que le hacía merecedor de aparecer en el libro Guinness. Había habido un poco de desorganización durante los meses siguientes a la dimisión del anterior director hasta el nombramiento de otro nuevo, pero Carswell supo hacerse con el timón, aunque algunos opinaban que era excesivamente apto, por lo que nunca llegaría a jefe supremo. En la territorial de Lothian y Borders solían presumir de un jefe supremo y dos ayudantes, pero uno de éstos había pasado a ocupar el cargo de director de Servicios Corporativos, empleo que nadie del Cuerpo sabía en qué consistía.
Tenía dos vacas y un trabajo en la fábrica. Por la mañana a las cinco había que madrugar para preparar a los animales. Ordeñar las vacas como de costumbre, un día tras otro. Luego, más tarde, hacia la fábrica. Unos tres kilómetros andando.
A media tarde de vuelta en casa. Quizá hubiera que hacer algo en la huerta. En cualquier caso, también había que ordeñar las vacas por segunda vez antes de cenar. Dormir y esperar a que llegara el siguiente día.
La rutina era diferente el fin de semana. Esos dos días eran tiempo para poder hacer hierba y dedicarlo a la huerta. A veces llovía. Y el domingo por la tarde, antes de ordeñar las vacas, un hueco para otra vida.
Más o menos se sucedían de forma parecida los 365 días del año. Hasta que se jubiló. Entonces casi todo fueron animales y huerta. Mientras, el tiempo seguía su curso aunque a mí se me nublan los recuerdos de treinta años atrás.
Y sucede que mi abuela queda oculta entre tantas otras mujeres que casi no existieron. Ni existen. Me temo que son injusticias de la historia que se prolongan dolorosamente en el tiempo. Perdón, no quería callarlo.
No sé hasta qué punto tengo derecho a quejarme de tantas cosas como lo hago.
Competir supone llegar antes que el vecino. Incluso cabe la ambición de llegar primero. Competir te conduce a la promoción de tus colores. Buscamos el éxito para sacar la cabeza sobre las de los demás. Así que hay que darle duro. Nadie regala duros a cuatro pesetas.
Nuestra investigación sobre la economía abierta muestra, sin embargo, otros caminos posibles. ¿Y si disfrutamos más de no competir? ¿Para qué grandes negocios?, ¿para qué grandes cuentas?, ¿para qué más y más, mejor y mejor? No hace falta ser el mejor de la clase. ¿Quién quiere ser excelente? Ya, las empresas y su paradigma de ventajas competitivas y liderazgo de clase mundial. Vale, pero ese es un modelo, no “el modelo”.
Existen multitud de mercados locales, contenidos en tamaño y suficientes para vivir y dejar vivir. Se tiñen de hiperlocalidad, de acuerdo. Pero no dejan de ser de dimensión humana, una de las características que asignamos a la empresa abierta. Crecer no tiene por qué ser la única opción.
Quizá haya que pelear por no crecer, por ser microbio y comprenderse como parte de un todo. Pero es importante no querer ser el todo. Siendo parte es suficiente. E incluso se vive mejor.
Las librerías están llenas de estúpidos mantras de altius citius fortius. Baldas llenas de ganar y conquistar. Incluso de enamorar a los clientes… para aprovecharte de ellos. Así que puesto el objetivo, se enfila la senda del éxito y se nos dice que el camino será duro y lleno de batallas. Hay que joderse con la épica del management moderno. Y ahí, en la mierda, a pelear.
Me hago un repaso para que no se me olviden sensaciones. Ya sé que soy bastante palizas con estas cosas. Pero no tienes por qué detenerte en este blog, sólo faltaba. Eso sí, luego cuando chochee de verdad (más que ahora, claro) me servirá para dar la chapa a los nietos. Bueno, y de momento, me sirve para contar qué tal me ha ido estas dos semanas.
18/07. Paseo desde Camprodon a Setcases, ida y y vuelta. Para darme cuenta el auge del adosado de montaña y el deporte de “aventura” como reclamo turístico. Las masas llegan a todas partes. 25 km, con pinchazo incluido, para un desnivel acumulado de 526 m. Sensación: esto no es lo que era.
19/07. Ruta por La Garrotxa. Pistas y caminos que se esconden entre los bosques entre lo que parece un mar de opciones. El terreno volcánico se aprecia bien a las claras en el Croscat o Santa Margarida. La oferta incluye pueblos de cartón piedra, me temo. Algo más de 56km con cerca de 1.000m de desnivel acumulado. Sensación: un mar de caminos. Fotos del día.
20/07. Gran ruta desde Camprodon siguiendo trazado de la Transpirenaica. Típica etapa de paisaje pirenaico de alta montaña. A medida que se sube aparecen los grandes pastizales, la roca calcárea, los pinares esparcidos aquí y allá. Subida dura hacia la Collada Verda para bajar luego a Pardines y vuelta a subir hasta los 2.000m de altitud antes de una bajada tremenda hacia Tregura. 55km y 1.700m de desnivel. Sensación: inmensidad, ya no me acordaba. Fotos del día.
21/07. La vía verde del Carrilet desde Olot hasta Les Planes d’Hostoles. Para recuperar lo del día anterior, un paseo. Eso sí, bajo un sol de justicia, que se escondía de vez en cuando entre trincheras y vegetación. Agradable el camino, para disfrutar de los pedales sin prisa. La salida de Olot es muy bonita. 50km y 482m de desnivel. Sensación: la imaginación te permite ir en tren. El video del día.
22/07. Desde Camprodon hasta el Coll d’Ares. Esperando las tormentas que no acababan de llegar, surgió una etapa preciosa. Nublado abajo, al llegar a las cumbres todo se volvió esplendoroso. En el collado y luego ya por la pista cimera del lado francés, éxtasis de paz y felicidad. Sí, para qué negarlo. 37km y algo más de 900m de desnivel. Sensación: felicidad. Fotos del día, las que más me han gustado.
23/07. De Estamariu hacia arriba. Cambio de ubicación tras dejar Camprodon. Ya por la tarde, el “supuesto” paseo se convirtió en una ruta que subía y subía. Primero pasando por Bescaran con su precioso campanario románico de Sant Martí y luego hacia los altos de Sorri. Y hubo que dar la vuelta cuando andábamos ya por la cota 1.800. Fueron casi 26km y 871m de desnivel. Sensación: Bescaran, en una esquina del mundo. Fotos del día.
24/07. Vuelta clásica por el Cadí-Moixeró. Era obligada una ruta desde Bagà. Así que primero hacia el coll de Bena por la carreterita de Gliscareny y luego, tras bajar a Saldes de nuevo subida para rodear la mole del Pedraforca. Grandiosidad aderezada por un gentío que ha elegido este parque natural como destino de sus andanzas montañeras. En fin, las cosas como son. 60km y 2.064m de desnivel acumulado. Sensación: grandiosidad paradójica que necesita regulación. Fotos del día.
25/07. Románico rural. Otra de las razones para moverse por estas tierras es tomar contacto con su humilde arquitectura románica. Repartida por lugares escondidos, he elegido para apreciarla una ruta de las que ofrece el centro btt de la Seu d’Urgell. Sant Romà de Valldarques resulta encantadora con el inmenso roquedo a su espalda. Casi 47 km y 1.226m de desnivel. Sensación: la humildad del románico escondido. Fotos del día.
26/07. De Estamariu a La Rabassa. Una subida laaaaarga hasta pasar los 2.000 metros de altitud, allá donde prados y vacas se funden en una imagen mil veces repetida. Tras el pueblo de Bescaran, soledad hasta llegar a un centro de vacaciones multiaventura de siglo XXI: La Rabassa. Sensación: punto surrealista en mitad de ningún lado. Fotos del día.
27/07. Vuelta al embalse de Eugi. Cambio de escenario: Pirineo Navarro. Camino de Quinto Real el embalse de Eugi invitaba a pasear a su alrededor. En su lado oeste permite tomar contacto con el peculiar hábitat del hayedo, tan propio de esta zona. Día para estirar las piernas y dejar pasar la tarde. Sensación: comienza el juego entre las hayas. Fotos del día.
28/07. Jugando con la frontera. Día de carretera, pero de esas en que los coches suceden una vez cada mucho tiempo. Preciosa la subida por el hayedo hasta el collado de Artesiaga desde donde bajamos hasta que nos tragó el mar de nubes pegado al valle de Baztán. Tranquila subida a Izpegi para pasar a Francia y volver por el valle de Ardudes hacia el collado de Urkiaga. Sensación: el sinsentido de cruzar fronteras. Fotos del día.
29/07. La lluvia que venía del norte. Y para huir de ella, improvisamos una visita al valle de Ultzama. Viejos recuerdos de una época profesional anterior repartidos por los amplios horizontes de esta zona. Otro entorno, previo al de la orografía pirenaica. Y entre ambos entornos un mundo ancestral de robles y hayas. Sensación: fue en otro tiempo. Fotos del día.
30/07. Toboganes perdidos para llegar al Camino. El tiempo dejó que pudiera pedalear por cuestas de verdad. La primera para llegar a Zilbeti, la segunda hasta Sorogain y la tercera a Burguete. Contacto con el Camino de Santiago para bajar por sus preciosos senderos camino de Zubiri. Sensación: hay pueblos escondidos a la espera del ¿progreso? Fotos del día.
Mañana de nuevo a Bilbao. Me temo que sólo tenemos una vida; así que hay que aprovecharla y disfrutar de ella. Hay muchas formas: esa suerte que tenemos. Procura aprovechar tus cartas. Nos leemos.
Vuelta al mismo lugar. La misma perspectiva, el mismo sol entre las hojas. Sí, ese tronco estaba ahí esta mañana. Ahora que cae la tarde, parece otro rincón. Pero no; es el mismo lugar. Maldita sea, es el mismo lugar. El sol sólo cambia las sombras. Por lo demás, es el mismo sitio. Y yo no debería estar aquí. Nervios, siento nervios.
Soy consciente de que el camino ha estado jugando conmigo, ocultando su rostro a través de la hojarasca. Sabía que era una posibilidad, pero ha vuelto ocurrir. Los árboles, inmóviles, se ríen de mí. Escucho sus risas mudas e hirientes que vienen y van con una brisa que se vuelve insoportable. El aire serpentea entre los troncos y se escabulle hacia abajo por el camino que traigo. Gira al final y desaparece por el precipicio.
El lugar siendo pareciéndose al que le precede. Dos alternativas, una que sube con decisión. La otra llanea y se deja abrazar por la niebla que la encara de frente. El sol juega con las hojas de las hayas, tan verticales arriba, tan horizontales abajo. El sol, aliado casi siempre, se ha puesto del lado oscuro. Allá arriba está la luz, aquí abajo la confusión de saber que estoy de nuevo en el lugar donde no debía estar. No a estas horas.
La lluvia, mientras tanto, ha estado jugando con los robles. Ha sucedido a otra hora, cuando había tiempo. No como ahora. Porque en aquellos momentos yo no podía prever que las hayas se enfadaran con los robles. Pero así ha sido. Allá arriba les han cortado el paso. Y yo, en cambio, he traspasado el umbral que no debía.
Claro que sólo estando allí, en el momento en que no debía, he sido consciente de que era el mismo lugar, ese por el que había pasado unas cuantas horas antes. Un lugar que era el mismo lugar. Diferente por la hora, pero el mismo lugar.
Los colores se envuelven también sobre sí mismos y el camino se retuerce y vuelve otra vez al origen. El bosque olvida estridencias. Lúgubre, triste, poderoso por su inmovilidad. Sólo presta un escenario para que la imaginación tropiece con sus fantasmas.
Sólo queda una hora para que anochezca. El sol morirá y los caminos desparecerán. Los árboles, sin embargo, sobrevivirán para dejar constancia de que todo sigue igual. Callados, me dicen que no debería estar ahí. Pero en realidad es mi voz la que resuena mientras su silencio se hace más inquietante. Más y más.
No es que sea yo muy del estilo de Javier Leiva -crítico por excelencia de todo establecimiento hotelero que pise, jejeje- pero ya que estuvimos un rato hablando de ello cuando quedamos allá al lado del Monasterio de Ripoll, aquí va una crítica del establecimiento en el que estoy alojado aquí en Estamariu, a unos diez kilómetros de La Seu d’Urgell. Se trata de L’Era de Cal Bastida.
Es una historia bonita. Un edificio de gran porte que antaño era el hogar de las vacas y de la vida asida, por destino, al ganado y la agricultura. Pero hoy, desde hace cuatro años, es un alojamiento rural. Por la zona la oferta es amplísima. No hay pueblecito que no tenga alguna casa recuperada para esta nueva fuente de ingresos: el turista de ciudad que ansía la vida rural. Bueno, más o menos, que habrá de todo.
Aquel edificio para el ganado es hoy la apuesta de Pilar: ocho habitaciones. Una de ellas, pequeñita e individual, es la que yo ocupo: 35 euros con desayuno incluido. No está mal, ¿no? Las instalaciones (hasta donde he visto) son sencillas, pero suficientes. El veranillo trae, eso sí, ración de moscas, que acaban por hacer compañía si no te obsesionas con ellas. Paciencia.
En L’Era de Cal Bastida dan desayunos (embutido que no falte y pan potente tostado) y cenas. No se lía Pilar para hacer la cena: platos sencillos, de los que haría tu madre, no lo dudes. Lo sirve en una sala-comedor también sencilla, con su cocinita al lado. Desde aquí me enchufo a una wifi que va de cine. Valeeeee, estuve mirando alojamientos con wifi. Cada loco con su tema, ¿no?
Pilar es una mujer muy agradable, de sonrisa fácil y atenta… a pesar de que casi me cargo su tostadora de pan. Aunque los desayunos los pone a eso de las 9 no hay problema para los hipermadrugadores. Te deja preparados un par de termos con café y con leche más el consabido pan y la tostadora al lado.
En los cuatro días que ando por aquí he visto belgas, holandeses, franceses y británicos. Además de una mínima representación de peninsulares, por supuesto. Supongo que tendrá que ver con que Pilar se maneja bien (por lo que he visto) en inglés y francés. Y supongo también que Internet no distingue bien las distancias. Todas quedan a un click
Es de esos sitios que enseguida “te suenan” cuando se habla de bici de montaña. Así que no podía dejar de acercarme hasta Bagà, en el Parque Natural del Cadí-Moixeró, y hacer desde allí un par de ascensiones típicas. La primera, cogiendo la salida hacia Gliscareny para dejar luego la carretera por una pista a la derecha que sube al Coll de la Bena y luego al Coll de la Balma. La segunda, desde Saldes (adonde había bajado por el Bosc de Gresolet) rodeando la tremenda molde del Pedraforca hasta ascender al Collell.
Paisajes espectaculares, no cabe duda. Pero también un lugar sobreexplotado, me temo. Coches y todoterrenos hasta donde se pueda llegar. El mirador del Pedraforca a reventar, con coches mucho más allá de que comience la pista, una vez terminado el asfalto. En fin, supongo que tendrá que ser así. O no.
Yo también soy el primero que una vez que ando por esta zona me digo eso de ¡cómo no acercarme al Cadí-Moixeró! Sin embargo, la sensación de gentío no te la quita nadie, por muy arriba que subas con la bici (supongo que otra cosa será a pie). Eso sí, no entiendo por qué no prohíben la circulación de vehículos a motor por las pistas. A no ser que sean guardas forestales, personal de servicios o gente del lugar que necesite acceder por determinada razón. Pero ¿todos los demás? Lo siento, coches hasta un lugar asfaltado; luego adiós muy buenas.
Creo que hay que colocar barreras para impedir el paso. Es una exageración encontrarte con una tremenda fila de coches al borde de una pista que sube hasta casi los 2.000 metros. Allí están, uno tras otro, hasta donde han podido llegar. Y, claro, toda esa gente llega ahí porque les gusta el monte. No sé, quizá fuera preciso organizar transporte público hasta esos lugares desde donde la gente sale a pie. Para fechas concretas sería lo mejor. Eso que nos ahorrábamos de “ensuciar” el paisaje.
Por lo demás, el Pedraforca es tremendo. Tenía mis dudas de si hacer la segunda ascensión (iban a ser más de 2.000 metros de desnivel acumulado), pero al final no ha supuesto mayor problema. Luego bajar hasta Bagà ha sido pleno gozo. La zona de prados del Collell es una preciosidad.
Dejo el track de la ruta. Por cierto, a ver si algún día me pongo a subirlas a Wikiloc. Ah, y también dejo unas fotos.