Desde 2003 ha llovido bastante. Aquel proyecto de Consultoría Artesana en Red nació humilde y sigue humilde. No hay que olvidar los orígenes. Me alegro del lugar al que ha llegado, pero esta historia no tiene sentido si no sigue hacia delante. Muchas cosas han cambiado y seguirán haciéndolo.
Junto con otras personas del mismo oficio y tras un par de encuentros presenciales -además de otros miles de encuentros difíciles de describir- hemos parido un texto con el que jugar. Palabras que reflejan una forma de entender esta vida que compartimos a través de un oficio como otro cualquiera: en nuestro caso el de la consultoría artesana.
Lo mismo voy al infierno: ¿puedes practicar la consultoría artesana sin usar intensivamente Internet?Pues va a ser que sí. Mi primera idea había sido que la pregunta fuera ¿puedes ser consultor artesano sin Internet? Y mi respuesta iba a ser: sí. Sí, de nuevo. Pero luego he pensado que (casi) nadie puede vivir en este primer mundo sin Internet. Está aquí y es como negar el aire. Así que no vamos a tirar de fundamentalismo, que no es el caso.
Sin embargo, ¿Internet redefine el trabajo de consultor artesano?Fíjate que creo que no. Dolors explica muy bien la potencia de las comunidades de práctica en varios artículos a través de un uso intensivo de lo que nos ofrecen hoy en día las tecnologías de información y comunicación. En ello anda tambén Odilas. ¿Es esta la nueva esencia de una forma de trabajar en consultoría? Sinceramente creo que no.
Otra cosa es lo que Internet y las TIC nos aportan para que la consultoría artesana sea más posible que nunca hoy en día y que podamos llevarla a cabo junto con nuestra red. Y que también permita aprender como nunca antes. Y que nos abra un mar de posibilidades. Y que nos haga más eficientes y competitivos frente a otra gente. Pero la esencia no viene de aquí sino de un replanteamiento de la actividad profesional de base.
Lo que sí parece que provoca Internet es un cambio en las posibilidades de ejercer la artesanía. Si la pericia, el cuidado por el trabajo bien hecho y la perseverancia son condiciones de quien practica la artesanía, es evidente que Internet ayuda a desarrollarlas. Pero los espacios íntimos en que se desenvuelve la artesanía no tienen por qué usar obligatoriamente Internet como si fuese “la” herramienta.
En realidad quizá podamos aprender mucho de quienes no utilizan Internet para su creación. Por supuesto que sus remezclas, sus ideas, sus puntos de partida pueden servirse de Internet, pero su proceso creador tiene que ver con lugares más tranquilos. La hiperextimidad puede combinar mal con el trabajo constante y tenaz del artesano.
Carcamal que soy, me cuesta ver al artesano definido por su frenesí twittero. Tengo que hacer un doble salto mortal con tirabuzón para aceptar sin sentido crítico cierto uso intensivo de herramientas de la web social. Cada herramienta tiene su uso y, en ese sentido, las herramientas multiusos, que también existen, sólo sirven para salir del paso.
En el barrio de consultoría artesana #redca habrá talleres donde se practica el silencio web. Quizá no a todas horas, pero sí en buena parte de la jornada. Son las cosas de no estar a la moda. Y de ser un carcamal, ¿verdad? Me hago mayor.
Bueno, ya estoy en Bilbao mientra escribo esto. Dos días revoloteando en torno a la consultoría artesana en Málaga requieren un pequeño inventario de impresiones. Las listo para que que no se me escapen y ya habrá tiempo de desarrollarlas:
La forma en que la consultoría artesana quiere trabajar requiere escenarios contenidos. No hablamos de grandes ciudades sino de barrios. Lugares donde casi todo el mundo se conoce, para lo bueno y para lo malo. La “cantidad” de producción artesana necesariamente es limitada.
Me ha encantado escuchar como trabaja Vigoncas. Porque de nuevo es la misma vieja historia de siempre. Sensibilidad social para hacer que la profesión tenga sentido. Eso sí, por rutas alternativas. ¡Cuánta gente andará rulando con enfoque similar y no sabemos que ya están practicando consultoría artesana! Cuatro o cinco personas, unidas por un pegamento que va más allá de la labor profesional. Probablemente esto de la artesanía es una forma de vivir. Quizá suene cursi, pero las cosas como son.
Cuesta concretar, pero no hay que obsesionarse con ello. Es más, la concreción es sólo una de las consecuencias. El final de la obra no tiene especial relevancia. Mientras las cosas suceden o hasta que suceden: ahí es donde se cuece la artesanía. En la cocina. Más que de platos elaborados disfrutamos de su preparación. Sí, a veces alquimia pura y dura.
Da vértigo ser un grupo más grande. Es evidente. Creo que, al mismo tiempo que queremos que la gente conozca nuestro planteamiento y, si le apetece, se adhiera a él, en su difusión lleva la semilla de su disolución. Sé que suena contradictorio, pero lo íntimo se lleva mal con la hipérbole de extimidaden que nos hemos instalado.
Se abre un campo muy interesante: cómo compartimos con personas que no están presentes en la web social y que se conducen con el mismo espíritu. Internet está ahí, pero puede que no convenga asignarle tal cantidad de luz que ciegue la vista. Nuestra artesanía bebe de las nuevas fuentes de la información compartida a través de Internet, pero ¿son aguas imprescindibles?
El propio grupo debería comenzar a hablar de su disolución. Ya sé que suena a otra provocación. Pero la autodisolución es necesaria porque esto va a crecer. Va a requerir que se disuelvan en propósitos más específicos. La red crece por desagregación, por nodos que encuentran sintonía con otros nodos y que se alejan de un centro que existió pero que deja de tener sentido a medida que las cosas suceden. El futuro de la consultoría artesana son las consultorías artesanas, formas evolucionadas y adaptadas a realidades concretas.
En fin, ya hay otras reflexiones sobre el encuentro de Málaga. Lee las que ya han escrito Amalio, Manel y sigue atento a la pantalla que seguro que el resto de personas artesanas que estuvieron por allá acabará compartiendo su experiencia vía blog.
Esta semana que viene, lunes 25 y martes 26, estaré ¿trabajando? en Málaga en un encuentro que hemos organizado en torno a la consultoría artesana. Nacho y Amalio nos hacen de anfitriones a una representación del autoproclamado gremio de consultores artesanos, sea lo que sea el asunto en cuestión.
Allá vamos a discutir con un programa disponible en una wiki caótica y que pocos ojos son capaces de soportar… excepto si asumes que forma parte del juego, claro. Ya iremos aclarándonos. O no. Desde la reunión anterior allá en Segovia -cochinillo y brazo en cabestrillo unidos por una causa noble- la discusión en el grupo ha ido revolviéndose en múltiples líneas de fuga. Una de ellas, por ejemplo, tiene que ver con quién es o no artesana/o en este turbulento mundo de la consultoría. No sé, supongo que algo aclararemos. O no.
El programa dice que habrá (copio/pego):
Debate y discusión de los puntos de la declaración (un texto al que agarrarse para decir que las cosas van por ahí, más o menos). Aquí la versión inicial que se ha ido puliendo.
Debate sobre las formas de difusión de la declaración y estrategia de adhesión de simpatizantes: ¿Cómo podemos difundirla y a qué tipos de colectivos dirigirnos?, ¿qué canales de “conversación” utilizar?, ¿con qué espíritu?, ¿cómo hacer el “trabajo distribuido” de difusión?
Exposición individual sobre ámbitos de actuación, intereses personales y capacidades que cada cual puede ofrecer para el trabajo en RED.
Diseño y puesta en común del modelo de colaboración en RED, debatiendo sobre los contenidos expuestos.
Conclusiones: ronda de intervenciones breves para que cada asistente exprese sus impresiones.
Y así vamos haciendo el camino. Con intereses diversos y con una amalgama de imposibles y diferencias que buscan un nivel suficiente de consenso. Os dejo, que me han mandado deberes y como no los lleve hechos, me ponen con los brazos en cruz y un par de cientos de manifiestos cluetrain impresos en tamaño de letra 48.
No puedo entender la artesanía como un negocio grande. Es imposible, va contra su esencia. Entonces, ¿podemos hablar de artesanos que trabajan en empresas grandes? Me temo que no. Al menos, no cumplen algunas condiciones básicas del trabajo artesanal y que tienen que ver con actuar con cierta ilógica de mercado. Me explico. (Otra cosa es que sean artesanos fuera sus trabajos remunerados).
En la idea artesana de actividad profesional que manejamos, la cooperación entre iguales es seña de identidad. La persona que trabaja consigo misma y sus circunstancias puede decidir desde su libertad qué comparte y cómo hacerlo. Con las lógicas de un mercado que todos compartimos (pero que encaramos de formas distintas), el supuesto artesano de la gran empresa de consultoría sabe que no es libre, por ejemplo, para compartir contenidos. No es libre para decidir sobre la propiedad intelectual de los contenidos que produce. Su “espíritu” puede ser muy “artesano” pero su capacidad para actuar de forma consecuente es muy reducida.
Claro que a veces los límites de la consultoría artesana los ponen nuestros clientes. Pero no siempre. Porque disponemos de mucha producción “propia” para compartir como materiales para cursos, metodologías u otros soportes para el trabajo de campo. En cualquier caso, las más de las veces la artesanía es una actitud. Eso sí, siempre con hechos por detrás. Porque, como dice Sennett, el artesano “ilumina mostrando antes que hablando”.
Si buscamos en los sitios webs de las grandes empresas de consultoría (y también en la inmensa mayoría del resto de empresas de consultoría) no vamos a encontrar ninguna licencia que tienda hacia el copyleft. Al mismo tiempo es curioso observar cómo los discursos giran en torno a su tremenda capacitación profesional. Pero si vas a buscar contenidos, salen a cuentagotas. No obstante, estoy convencido de que la tendencia general a “abrir” contenidos va a crecer. Sólo hace falta que algún marketiniano con galones tire la primera piedra.
No, los artesanos no hacemos grandes negocios, aunque en general deberíamos ganar más que en el mundo asalariado. No tenemos gran capacidad, no debemos entrar en grandes “cuentas” esclavizadas por un mercado agresivo donde hay que desarrollar tácticas bélicas. Eso sí, jugaremos con la paradoja de trabajar con personas insertas en ese voraz escenario. Paradojas no nos van a faltar.
Sólo hace falta echar un vistazo al último informe (2008) del sector de la consultoría editado por la Asociación de Empresas de Consultoría para darse cuenta de que todo lo que ahí se cuenta es, en gran parte, ajeno a nuestras dinámicas artesanas. Somos una mínima parte de la consultoría que se lleva a cabo. Sí, de acuerdo, hay mucha gente que trabaja “por su cuenta”, pero, ¿cuántas de esas personas están pensando en sí mismas como artesanas con planteamientos similares a los que explicamos por aquí?
Por todo lo anterior, creo que una forma sencilla de buscar actitudes artesanas es que tu negocio sea pequeño. Porque precisamente quien opta por la artesanía decide aceptar reglas de juego diferentes a las habituales de crecer, crecer y crecer. No creo que un buen artesano encuentre motivación personal en el crecimiento. Es más, creo que lo rechaza. Porque al crecer perdemos el control sobre nuestra eficiencia. “El buen artesano aprende cuándo es el momento de parar. Es probable que más trabajo sólo empeore las cosas”, dice Sennett.
Seamos lo que seamos, somos pequeños, personas con una actividad profesional muy limitada. Intervenimos en espacios de confianza. Y si no se da, hay que salir de ahí como mejor podamos. No conviene jugar con fuego y llevar a cabo proyectos en los que hay más que ganar que perder.
Un amigo que estudió conmigo en la universidad me explicó cómo había crecido su empresa. No tenía nada que ver con necesidades derivadas del mercado o con nuevos proyectos. Sólo tenía que ver con encontrar personas. ¿Qué tipo de personas? Pues esas con las que haces química. Así, sin más. Hecha la química, ya se verá qué hay que hacer o dejar de hacer. Pero, ¿de dónde surge la química? Complicado asunto.
En mi caso es evidente que he ido cambiando desde que comencé Consultoría Artesana en Red. Entre otras razones, por eso he querido compartir el balance de esos seis años a través de los ocho artículos que escribí a final del año pasado. Me he hecho más cascarrabias, soporto peor las incongruencias empresariales y cada día que pasa pienso que tenemos que hacer las cosas de otra forma.
Eso supone tener más en cuenta a las personas que se juntan en un proyecto, sea empresarial o de otro tipo. Personas, personas. Personas primero, son lo más importante. Eso me ayuda a establecer química. Es más probable con gente que cree que antes que las organizaciones están las personas.
También hay una forma de entender la vida que no sabría muy bien cómo explicar. Pero pasa de vez en cuando que una simple conversación provoca la química. No sé explicarlo mejor. Sucede porque hay una sensibilidad con ciertas cuestiones. Sí, creo que es sensibilidad. Hay gente que tiene una sensibilidad especial.
Con David Sánchez Bote hace mucho tiempo que hice química. Hicimos química. ObEa, nuestro grupo de investigación, salió de unas cuantas conversaciones sobre lo divino y lo humano. David fue la mitad necesaria para que naciera ese proyecto al que luego se unieron Aitor Bediaga, Iván Marcos y también Jokin Guridi. Hoy tenemos una actividad difusa entre las manos. Participamos de un buen número de aventuras y queremos ser rentables. Sacamos adelante proyectos, unos facturables y otros no. Vamos a seguir trabajando en abierto todo lo que podamos. El viento sopla fuerte y tenemos las velas desplegadas.
Así que en breve voy a trabajar con David bajo el paraguas de nuestra empresa: Consultoría Artesana en Red. Ya lo veníamos haciendo, él como parte de la universidad y yo con mi empresa. Pero ahora damos un paso más y formalizamos la relación. Él ya lo ha explicado en su blog.
Digo que “voy a trabajar con él” porque estoy seguro de que voy a aprender un montón de cosas con él. No quiero pensar que “David viene a trabajar a Consultoría Artesana en Red”. No, porque no es así. Establecemos una relación profesional en la que las dos partes queremos salir ganando. David sabe de muchas cosas que yo no sé. Soy egoísta. Voy a aprender de él, de su doctorado, de su experiencia en sistemas de información, de su actitud -más abierta que la mía- en facebook, de sus pajas mentales metodológicas -que si escuchar, que si conversar, que si co-crear-, de su apertura mental.
Hemos esperado a que el consejo rector de MIK, de donde David es socio en la actualidad, lo apruebe de manera formal. Nos damos tiempo. Hay que ayudar a que las cosas en la facultad y en MIK queden bien cubiertas porque seguiremos colaborando como hasta ahora. El camino comenzará en febrero de 2010. Esa es la fecha en que David se incorpora al proyecto de Consultoría Artesana en Red.
Para este humilde es un hito importante. Quizá el más importante desde que nació. El proyecto crece más del doble: de una persona pasa a ser más de dos. ¿Cómo es esto? Porque una idea que se da y otra que se recibe nunca suman sólo dos. Eso es sólo la matemática fría y aquí no funciona.
¿Y sabéis qué? (Voy a decir una burrada) Yo ya estoy deseando que David abandone Consultoría Artesana en Red. Hoy construimos juntos este proyecto pero que estoy seguro de que él construirá en el futuro sus propios proyectos. Quizá Consultoría Artesana en Red acabe siendo sólo una marca; no siento que sea “mía” en el sentido de propiedad. No tiene mucho sentido “poseer” una idea si no la compartes, ¿no? Yo me haré viejo y más cascarrabias todavía. Me haré insoportable. Ya se lo aviso
Ah, ya iremos explicando cómo nos organizamos. Porque quizá haya más cambios. A medida que avancemos, seguiremos retransmitiendo la forma en que vamos trabajando. Nos leemos.
Quizá no sea muy ortodoxo terminar con errores, pero creo que compartiéndolos hago algo de terapia conmigo mismo a la vez que puede servir para que otra gente no los cometa. Seis años y seis errores. Otro seis y el diablo anda cerca.
Decir que sí y ofertar demasiadas cosas de las que no estaba convencido. Tiene relación directa, claro está, con que veas que puede llegar facturación y con que tu captación no ande boyante. Pero luego son proyectos de los que, en (gran) parte, te arrepientes. Deberíamos tratar, siempre que podamos, de aplicarnos el dicho de “zapatero a tus zapatos”.
No detener proyectos y plantarse cuando aparecen signos evidentes de que se están torciendo. Normalmente un proyecto cuando empieza a ir mal… acaba yendo peor más adelante. Al menos en mi experiencia. No he sabido parar proyectos que debía haber detenido. Falta de asertividad, supongo.
No medir lo que escribes en el blog y la repercusión que puede tener en un proyecto. Sí, es un caso real: un cliente perdió la confianza en mí como proveedor por lo que leyó en este blog. No quiero decir que me sienta “culpable” por lo que escribí ni mucho menos, pero sí que fue un claro toque de atención de que hay dos velocidades diferentes: una cosa es un blog público y abierto, y otra muy diferente lo que pasa por dentro de un proyecto de consultoría. Esas cosas hay que medirlas (o no trabajar con determinados clientes, claro). La consultoría todavía suena a confidencial y en privado.
Usar con demasiada alegría la parafernalia 2.0. A veces nos creemos que todo el monte es orégano y que los clientes saben de qué va esto de la web social. Aunque el tiempo corra a nuestro favor, me paso de frenada en más de una ocasión. No conviene “exagerar” las posibilidades de uso de herramientas de la web social en un proyecto en el que el cliente no sabe por dónde le da el aire con estas cuestiones. La humildad 2.0 es sana consejera.
Traducir facturación a ingreso. No deberíamos hacerlo nunca porque te lleva a una percepción falsa de tu economía. En la mayor parte de las ocasiones cobrar es algo que sucede bastante más tarde que facturar. De vez en cuando echo un vistazo a lo que me queda por cobrar y es fácil “contar” con ello cuando no debería hacerlo.
Extender la actividad profesional a demasiados ámbitos de mi vida. Puede sonar a contradicción. Qué joder, pues claro que lo es. Porque lo profesional se ha difuminado en todos los órdenes de mi vida. Cierto que la contraprestación es interesante: más flexibilidad y más “teóricas vacaciones” (travacaciones y trabacaciones, perdón). Pero no sé si es una forma adecuada de manejar la vida de uno. En realidad no sé si es un error, pero sí algo que me inquieta. En ese sentido, lo comparto.
Y una reflexión ahora que termina 2009. Todos estos años navegando cerca de la web social me dejan con una preocupación real de fondo: ¿estamos alimentando al monstruo? Pero, ¿qué o quién es el monstruo?, ¿existe? Disfrutad mientras podáis.
Este es el séptimo y penúltimo artículo de balance de mis seis años largos de consultoría artesana en red. Cómo no, teníamos que dedicar un capítulo a lo que creo que es una de mis convicciones más firmes a día de hoy: el trabajo abierto y compartido.
Sí, porque ésta ha sido una de esas convicciones que he ido aquilatando con el paso de los años. No concibo trabajar en consultoría -léase con el “conocimiento”, que es lo mismo- si no es abriendo contenidos. Claro que no podemos abrir todos los contenidos porque nuestros clientes son lo que son y no nos sentimos capaces de “someterlos” a nuestra forma de trabajar. Pero siempre que podamos deberíamos tender a estándares abiertos. Eso sí, con ciertas precauciones.
Los contenidos más sencillos de abrir siempre han sido los que tienen que ver con los cursos. La gran mayoría de clientes para los que impartimos formación no tienen ni idea de qué cosa son las licencias de Creative Commons. Por ese lado no va a haber problemas en licenciar de forma más abierta los contenidos que generamos. Eso sí, cada vez más suelo comenzar los cursos haciendo alusión a la forma en que están licenciados los materiales, cómo hacerlo y de qué manera se pueden buscar en Internet contenidos de estas características para su reutilización. En este sentido, creo que he ido aprendiendo de -por qué no decirlo- algunos errores propios.
Luego está el asunto de la deontología profesional. Al principio utilicé en mis ofertas la que la Asociación Vasca de Ingeniería y Consultoría publica en su web. Luego, con el paso del tiempo, cada vez me sentí más incómodo con ella. Ahora no la uso. Pero deberíamos especificar en nuestras ofertas algo a este respecto. Claro que más de un cliente se escandalizaría si le contamos nuestro punto de vista sobre la propiedad intelectual. Pero algo habrá que hacer. Compartir y trabajar en abierto deben formar parte de las reglas del juego… hasta donde sea posible.
En todo este tiempo, creo que podemos encontrar tres formas básicas de trabajar en abierto y compartir:
Participar en foros y debates que se rijan por principios abiertos, implícita o explícitamente. Por supuesto, para mí el más emblemático ha sido Aprendices, pero también tengo que citar el Foro Ítaca.
Subir contenidos a nuestros sitios web donde contribuir a la expansión del conocimiento disponible para que lo utilice cualquier persona que lo considere útil.
Explicar a nuestros clientes esta forma de trabajar, sus beneficios y por qué se puede constituir en una alternativa para conseguir competitividad en esta sociedad del conocimiento.
Cada cual debe echar un vistazo a las licencias con las que se sienta más identificado. En mi caso, siempre permito uso comercial de la obra. He tenido alguna que otra conversación con David sobre si aplicar compartir-igual o no hacerlo. No sé, el cuerpo me pide aplicar esa restricción, pero no sé, sigo con algunas dudas. Respecto a no permitir uso comercial, pues vale, que quien quiera lo aplique y luego que persiga al infractor si se queda más a gusto.
Una última cuestión relacionada con las metodologías. En consultoría somos muchos gallos para poco gallinero. Hay mucha gente y mucha empresa que se cree en posesión de preciados tesoros en forma de metodologías. Ahí está el saber hacer, ahí lo que demuestra que san dios habita en Consultoría Excelente S.A. Luego resulta que no es para tanto, que todo está en los libros y que si rebuscas resulta que acabas encontrando más de un gráfico fusilado de fuentes que no citan (a propósito o por desconocimiento). Así que no dudo de que las metodologías sean de interés, pero, como en la cocina, los ingredientes necesitan la mano de quien los transforma en un plato apetitoso, ¿no? Y esa es la gracia, la dificultad y el reto. Ahí es donde nos divertimos: cocinando.
Recuerdo que al principio abrí una hoja de cálculo para hacer “control de proyectos”. A fin de cuentas, un proyecto se mide en tiempo o, lo que es lo mismo, en dinero. ¿Cuánto cuesta un proyecto? Pues… espera, son más o menos tantas horas… luego será tanta pasta. Más horas, más facturación. Una lógica perversa, pero muy lógica.
Hoy en día el único control de horas que más o menos llevo a cabo es el que tiene que ver con mi dedicación a la uni. No sé si es por ellos o por mí, pero el caso es que llevo una hoja de cálculo donde contabilizo horas. Creo que lo comenté el otro día. Eso me sirve para hacer fluctuar la facturación entre un mínimo -como por ejemplo sucede en este mes de diciembre- y un máximo. Es decir, que para percibir que hay un cierto control, puede ser útil. También para marcar límites.
Ahí se acaba el control horario que hago de los proyectos. Sí que es cierto que siempre barajo estimaciones de cuánto tiempo puede llevar algo, pero el precio habitualmente lo pone el mercado. Por supuesto que hay excepciones, por arriba y por abajo. Hay proyectos que puedo hacer gratis o casi gratis y otros por los que cobraría un pastón. De la misma forma que hay clientes con precio/hora alto (sobre todo cuando impartes formación) y otros con quienes no parece lógico mantenerlo. Diferentes clientes, diferentes precios.
En consultoría cobramos una pasta gansa. A veces indecente. Porque facturar 120 ó 150 euros la hora ya es suficiente indecencia. Podemos argumentar todo lo que queramos: que asumimos riesgos, que hay muchas horas que metemos y no son facturables, que tal cosa y que tal otra. Pero lo cobramos. También es verdad que otras veces no llegamos a esas tarifas, pero de todas formas, se cobra bien. A veces, por supuesto, se cobra aún más. No nos engañemos. Sobre todo cuando lo comparas con el ejército de jóvenes que acceden a primeros empleos o con gente de taller. Así que mejor no llorar.
Claro que en estos seis años he ido trabajando… creo de menos a más. Hoy trabajo mogollón, demasiado. ¿Con intensidad? Ni yo mismo lo sé debido a la multitarea y la fragmentación. Eso sí, el tiempo de trabajo se ha ido desvaneciendo e impregna muchos más días de mi vida. Por eso me he ido “defendiendo” de él, porque ataca aplicando teoría de los gases: se expande hasta ocupar todo el espacio disponible. Cierto que en parte se lo he permitido.
El tiempo de trabajo y el de ocio se han juntado. No cabe duda. Intento separarlos cuando puedo: entre el 15 de julio y el 31 de agosto es más fácil que se queden en vacaciones-vacaciones, pero nunca son limpias. En estos seis años puedo recordar proyectos que han llegado mientras andaba en bici, en la sala de espera del dentista (uno de los más importantes) o en una terraza de un bar en Santa Pola. Quien llama no sabe de tu tiempo.
Soy de los que pienso que hay que colocar límites al tiempo. En mi caso la agenda funciona igual para temas de trabajo que para temas de ocio o personales. (Casi) todo va a allí: clases de spinning, ir al cine o continuar dando pedales en la TransAndalus esta próxima semana santa de 2010 junto a la reunión con un cliente o un curso que hay que impartir. Para los temas personales hay que colocar vallas. Luego la información se las saltará, pero las vallas sirven para marcar zonas de no proliferación laboral.
Los seis años de consultoría artesana en red también me han hecho más pesetero. Creo que antes lo era menos. El dinero -increíble- parece arrastrar a por más dinero. Qué triste. Por eso hay que poner límites. Porque más horas, más dinero. Pero, ¿para qué? Por eso me viene tantas veces a la cabeza el cuento del pescador:
Esto era un pescador que salía todas las mañanas a pescar junto a la orilla, pescando lo necesario para vivir. Hacia el medio día había terminado y se reunía con los amigos a tocar la guitarra y beber cerveza hasta altas horas de la noche. Al día siguiente vuelta a empezar.
Un día cuando estaba pescando se le acercó un consultor.
Consultor - Oiga, ¿usted por qué no pasa más horas pescando?
Pescador - ¿Para qué?
Consultor - Así podría vender el pescado en el mercado y ganar más dinero.
Pescador - ¿Para qué quiero más dinero?
Consultor - Bueno, con ese dinero podría comprar una barca y salir a pescar a alta mar. Así podría pescar mucho más y ganar mucho más dinero.
Pescador - ¿Y por qué habría de hacer eso?
Consultor - Quizá con el tiempo podría comprar un pequeño barco pesquero, crear su propia empresa y contratar a 2 ó 3 personas más.
Pescador - No me interesa. ¿Qué gano con eso?lanco
Consultor - Con una buena estrategia de ventas y distribución podría en pocos años aumentar sus beneficios y crear una verdadera flota pesquera para poder pescar en mares de todo el mundo. Incluso con el tiempo crear una gran empresa conservera. Llegaría a ser multimillonario.
Pescador - ¿Para qué quiero yo ser multimillonario?
Consultor - Podría entonces dejar de trabajar.
Pescador - ¿Y a qué dedicaría mi tiempo entonces?
Consultor - Pues… hombre…, a lo que quiera… salir a pescar, tocar la guitarra, beber cervezas con los amigos hasta altas horas de la noche…