Friday, Jul. 19, 2019

¿Qué quieren las personas de las empresas? Que no sean como Glovo

¿Qué quieren las personas de las empresas? Que no sean como Glovo

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Hace unos días anduve reordenando por enésima vez los libros de mi particular biblioteca en casa. Moviendo de aquí para allá pasaron por mis manos algunos de los que hoy, tras el paso de los años, pueden adquirir ahora nueva significación. Por ejemplo, mientras andamos discutiendo sobre el futuro del trabajo a cuenta de la robotización y, en general, de todos los avances tecnológicos, me encontré con un clásico escrito en 2004 por el profesor del MIT Thomas W. Malone: El futuro del trabajo.

Abriendo el libro y pasando páginas me fui deteniendo en algunos párrafos subrayados. Y llegué así a un apartado de un capítulo (págs. 203-207) que Malone titulaba “Poner los valores humanos en el centro de la empresa“. Pues bien, copio/pego un párrafo completo de este epígrafe.

En última instancia, las empresas exitosas tendrán que ofrecer a las personas una sensación de significado de su vida, en general comprometiéndolos con un objetivo que les trascienda como entes individuales. Así pues, a medida que sus necesidades más básicas se satisfagan, los trabajadores, los clientes, los proveedores y los inversores buscarán progresivamente aquellas empresas que les ofrezcan un propósito de mayor alcance que el estrictamente económico. Algunas veces, este propósito surgirá de los productos o servicios básicos que ofrece la empresa (por ejemplo, curación de enfermedades, educación infantil o entretenimiento). En otras ocasiones, procederá del modo en que la empresa fabrica sus productos o servicios (por ejemplo, disminución de la contaminación u oferta de puestos de trabajo). Y otras veces, procederá simplemente de la amabilidad con que las personas tratan a sus clientes y empleados. Cada vez más, las empresas competirán entre sí por su capacidad para ofrecer a la gente sentido o significado.

Malone publicó su libro en 2004. Ya veis que es lo mismo que Laloux, más de diez años después, dice en su bestseller Reinventar las organizaciones. Todo un discurso pleno de lógica: nadie quiere trabajar en algo que no le satisfaga. Otra cosa es que pueda elegir. Sin embargo, ahora que episodios como la muerte de un repartidor de Glovo saltan a las noticias, ¿de verdad hemos progresado en lo que las empresas ofrecen a las personas que trabajan para ellas? Os recomiendo, por ejemplo, la lectura de este fenomenal artículo de Paul Iano, quien se infiltró durante tres meses en Glovo para sentir en sus propias carnes cómo funcionaba esta empresa en la que “los propios trabajadores eligen su horario y los pedidos que realizan”.

Lo que escribía Malone en 2004 iba con la lógica de una reconexión de las personas con sus trabajos. Pero, ¿qué está pasando? Los modelos tradicionales han saltado por los aires. Hoy se contratan no personas que se convierten en trabajadoras y trabajadores como los de antes. Ahora el vínculo es diferente, es contingente a la situación del momento, ligado a las necesidades de generar beneficios rápidos y escalables. El chico que ha muerto atropellado por un camión de la basura mientras trabajaba para Glovo es la punta del iceberg de estas nuevas “relaciones laborales”.

En El futuro del trabajo Malone habla de un “mercado de los valores”, en el que “las decisiones sobre los mismos se tomarían –como en cualquier otro mercado– por el acuerdo mutuo entre las partes directamente involucradas”. Solo que el acuerdo al que llegan un repartidor y Glovo parte de una asimetría escandalosa. Sí, todo queda disfrazado de progreso, de nueva economía, de flexibilidad. Ya lo escribía hace aún más tiempo Gilles Lipovetsky, en 1983 en La era del vacío: vivimos en una seducción continua.

La vida sin imperativo categórico, la vida kit modulada en función de las motivaciones individuales, la vida flexible en la era de las combinaciones, de las opciones, de las fórmulas independientes que una oferta infinita hace posibles, así opera la seducción.

En definitiva, seducidos por las empresas, empieza a ser difícil decir que no. Lástima que necesitemos muertos sobre la mesa para movilizar conciencias.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(4) comentarios

  1. Antonio Ángel Perez
    29/05/2019 at 16:23

    Hola Julen. Gracias por el enfoque. Una cosa; cuando pinchas en el supuesto articulo de Paul Iano, te lleva directamente a Libertad Digital; a una información sobre Globo, donde dus directivos hablan de lo buena que es la empresa y de las limitaciones que les ponen en España. Un abrazo

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