Sunday, May. 26, 2019

De cuando perdimos la soberanía sobre nuestro tiempo

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13/03/2019


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De cuando perdimos la soberanía sobre nuestro tiempo

soberania del tiempo

Ayer en una reunión de trabajo dentro de un proceso de reflexión estratégica volvió a salir el tema de la forma en que medir la eficiencia. En el fondo, no hay mucho que discutir, la verdad. Por un lado está el resultado del trabajo, eso que llamamos la “calidad”. Por otro está el tiempo y los recursos empleados para conseguirla. En el caso concreto del que hablo, en un momento dado la discusión giró hacia si convenía o no hacer estimaciones de tiempo, lo que incluía imputar las horas en el típico ERP. Creo que hubo una tentación de hacer saltar el sistema por los aires, pero al final todas las personas que estábamos alrededor de la mesa sabíamos que, en cierto modo, es imposible salir de la rueda de la previsión.

Soy de los que intento mirar hacia delante y observar qué carga de trabajo puedo asumir. De hecho, ahora mismo estoy en una situación límite. Siendo realista (no siempre lo soy), no puedo aceptar nada más. Lo queramos o no, necesitamos estimar qué tiempo, más o menos, nos ocupará una determinada actividad. El tiempo de reloj se impone. Nuestro mundo contemporáneo se ha acostumbrado a vivir mirándolo y calculando tarifas y costes a partir del movimiento de las manecillas de ese reloj. El tiempo es dinero. Aunque podemos aceptar también que existen distintas “calidades” de tiempo.

Si, por ejemplo, me dan una hora para hacer un trabajo, lo más probable es que acomode mi ritmo para terminarlo en esa hora. Si me hubieras dado 50 minutos habría hecho lo mismo. Pero algo parecido habría ocurrido si me das 70 minutos. En aplicación de la Ley de Parkinson, todo trabajo se extenderá en el tiempo, el tiempo que me asignes. ¿Qué pasaría si no me das ninguna orientación sobre el tiempo que debo dedicar a una actividad concreta? Misterio…

Si no estuviéramos hablando de trabajo te diría que si lo que me has dicho que tengo que hacer es algo con lo que disfruto, entonces en vez de una hora es posible que tardara empleara dos. Es lógico, ¿no? A todo el mundo le gusta dedicar tiempo a aquello con lo que se siente a gusto. Eliminado el tiempo de reloj como unidad de medida sagrada de la eficiencia en el trabajo, todos queremos disfrutar del tiempo del que disponemos. Este es “tiempo de calidad”, ya que nos permite sentirnos a gusto con quienes somos. Pero, claro, desde el punto de vista de la eficiencia que envuelve el trabajo, sería un desastre.

Bajo el paradigma del tiempo de trabajo, mi obsesión siempre sería hacer las cosas en el menor tiempo posible. Eso sí, con la calidad suficiente. Esto de la “calidad suficiente” es, creo, una de las claves. Aquí es fundamental asegurar que conocemos las expectativas de quien va a recibir el trabajo y que las hemos interpretado correctamente. Esas expectativas no son una ciencia exacta. Se puede jugar con ellas hasta cierto punto. Si le digo a alguien que le voy a entregar el trabajo en cinco días, esa será su expectativa. Debo manejar mis tiempos bien porque sé que si se lo entrego en cuatro días, gano muchos puntos en su apreciación. De las misma forma que tendré un serio problema si se lo entrego en diez, claro está.

Vivimos con la mirada puesta en el reloj. Sea para quedar con alguien, para pagar por un servicio o para prever una dedicación. No podemos escapar de este mundo en el que vivimos. Y este mundo gira alrededor del tiempo. Entiendo que no se puede no prever el tiempo que un trabajo nos va a llegar. Hay que estimarlo. Eso sí, lo puedes milimetrar o puedes hacer una estimación y jugar luego con los muchos “depende” a que te enfrentarás. Hay muchos ejemplos de tiempo milimetrado: la consulta en el centro de salud, la atención telefónica, la salida de un técnico del SAT, las asignaturas traducidas a horas de clase en una planificación académica, cualquier operación de manufactura en un taller industrial o la respuesta que da una determinada máquina. Medimos al milímetro y pagamos o hablamos de eficiencia en función del tiempo empleado.

Es curioso que el trabajo nos haya conducido a reducir el tiempo de aquello con lo que disfrutamos. Si haces las cosas bien, deberás hacerlo en poco tiempo. No se trata de “disfrutar” con tu tiempo, se trata de que en la fórmula de la eficiencia el numerador tienda al máximo posible. Podríamos pensar que es una pequeña (o grande) aberración porque puedes interpretarlo al revés: ya que es un castigo ese tiempo de trabajo, cuanto menos dure, mejor. Lo puedes conseguir con eficiencia “buena”: mejorando el proceso. Pero también, por supuesto, con “escaqueo”: engañar al sistema para que piensa que estabas empleando tiempo de trabajo cuando no era así.

En cualquier caso, tengo la sensación de que estamos enredados en una trampa de la que es muy difícil escapar: la mayor parte de la gente ha perdido la soberanía sobre su tiempo. Y este sí que me parece un temazo. ¿Deberíamos pelear por recuperar la soberanía de nuestro tiempo?

Por supuesto, estas reflexiones ya sabéis de dónde me vienen. Sí, de un proyecto en curso, como os decía. Pero también de ese fantástico libro de Judy Wajcman.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(5) comentarios

  1. juanjo loroño
    14/03/2019 at 13:45

    adoz nago, julen...
    muy interesante la reflexion

  2. Roberto
    15/03/2019 at 14:23

    "se trata de que en la fórmula de la eficiencia el numerador tienda al mínimo posible" ... creo la mención es hacia el denominador

    • Julen
      15/03/2019 at 16:13

      Ejem, llevas razón. Mil gracias por el apunte

  3. Jaír Amores Laporta
    30/04/2019 at 00:50

    Buenas! Aquí Jaír, de EfectiVida.
    Muy bueno el artículo. Engancha desde el título.
    Y no solo hemos perdido el control del tiempo, sino que encima nos esclavizamos todavía más llevando medidores (relojes) en la muñeca, en el móvil, en paneles en las calles, el las paredes de casa...
    En uno de los artículos de mi blog (https://efectivida.es/blog/por-que-no-uso-reloj/), hablé precisamente de este tema. Una de las cosas que más sensación de libertad me daban es quitarme el reloj en vacaciones. Hasta que, hace ya bastante, dejé de llevar reloj. Parece una tontería, pero todo lo que sea evitar que el tiempo te controle, suena bien.
    Lo dicho... muy buen artículo.
    Saludos desde Canarias!

    • Julen
      06/05/2019 at 06:38

      Hola, Jaír. Encantado de verte por aquí. Si tienes oportunidad, lee el libro de Judy Wajcman, nos da una perspectiva muy interesante de lo que nos está pasando con el tiempo, incluyendo una perspectiva de género que siempre viene bien. Que disfrutes de esa vida sin reloj ;-)

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