Monday, Mar. 25, 2019

Los cuatro párrafos

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03/03/2019


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Los cuatro párrafos

máquina de escribir

Miró a un lado y a otro. Parecía que no había riesgo alguno; así que decidió salir de su madriguera. Era un texto anodino, simple, capaz de pasar inadvertido en casi cualquier escenario. Una simple sucesión de frases. Todas construidas con la intención de que la lectura fluyera, de que siguiera su camino sin más contemplaciones.

En total eran cuatro párrafos. El primero parecía el más decidido. Se asomaba inquieto y jugaba sobre seguro. Era de ese tipo de párrafos resueltos, convincentes, con estilo propio. Sabía que debía marcar la pauta: lo que allí apareciera condicionaba las siguientes líneas. Así que, por imperativo categórico, no se podía permitir el lujo de dudar.

Otra cosa bien diferente era lo que sucedía con los siguientes párrafos. Porque, claro, se sabían esclavos de quien abría la procesión. Ellos tenían que apechugar con los caprichos del párrafo dominante. Lo miraban, lo leían, intentaban entender cuál era el juego y después de más de una indecisión, por fin sacaban la cabeza.

Solo quedaba el último vagón del convoy. Otro párrafo que siempre vivía a expensas del final. Allí se acababa todo. Fueran cuales fueran las expectativas, fueran cuales fueran las palabras y su orden, aquel cuarto párrafo suponía el final del camino.

Sin embargo, nada aseguraba que no se infiltrara el espíritu de la contradicción: el quinto párrafo. Caprichos del destino, decían.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(1) comentario

  1. goio
    04/03/2019 at 12:41

    me recuerda al soneto aquel de como se hace un soneto...a ver si lo encuentro...fijo que ya lo conoces...bingoooooUn soneto me manda hacer Violante
    que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
    catorce versos dicen que es soneto;
    burla burlando van los tres delante.

    Yo pensé que no hallara consonante,
    y estoy a la mitad de otro cuarteto;
    mas si me veo en el primer terceto,
    no hay cosa en los cuartetos que me espante.

    Por el primer terceto voy entrando,
    y parece que entré con pie derecho,
    pues fin con este verso le voy dando.

    Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
    que voy los trece versos acabando;
    contad si son catorce, y está hecho.

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