Sunday, Feb. 17, 2019

¿Una vida reducida o ampliada por el trabajo?

¿Una vida reducida o ampliada por el trabajo?

Young doffers in Elk Cotton Mills. Fayetteville, Tenn, November 1910

Le contestaba a Amalio Rey en un comentario al post anterior sobre el libro de Laloux que una pregunta que debemos hacernos hoy en día es qué significa el trabajo para cada cual. Más allá de que todo esté organizado para que sea el motor económico de nuestras vidas, me parece que el asunto es complicado y no admite una sola respuesta. Desde luego que el abanico de opciones personales es amplio y da pie a dibujar un espectro complejo. Intervienen factores personales (aptitudinales y actitudinales), el momento vital en que cada cual se encuentra, el entorno cercano familiar y social, la sociedad en que vivimos, la forma en que se comportan con nosotros las instituciones empresariales o incluso la casualidad.

Los tiempos actuales de pleitesía al dios de la eficiencia han conducido a una situación paradójica: disponemos cada vez de más recursos artificiales para aumentar la productividad y, en cambio, el trabajo suele tender a ocupar más y más tiempo personal. Es como si fuéramos incapaces de vivir mejor porque nos negamos a aprovechar adecuadamente lo que tenemos a nuestra disposición. Y esa incapacidad no venía de serie.

Laloux dibuja en su libro una escena donde el punto de partida para repensarlo todo en cuanto al trabajo es conseguir que las personas se expresen con total plenitud en el ámbito laboral. Dibuja un trabajo que abandona definitivamente las estrecheces de la medición concreta y se monta a lomos de la convicción íntima de que podemos llegar (casi) hasta cualquier sitio que nos propongamos. Eso sí, pasa por un ejercicio de entregarse en cuerpo y alma. Y lo del alma mira que se repite a lo largo del texto.

En el fondo no hago sino pensar cuánto de nosotros queremos aportar al trabajo. Laloux lo tiene claro: todo. Todo y más. Es, como digo, la condición de partida. El trabajo como lugar de autorrealización y más allá, en el sentido estricto de la pirámide de Maslow. El trabajo como un todo, como un lugar de entrega máxima porque ¿quién quiere malgastar todas esas horas de nuestra existencia que dedicamos al trabajo?

En mi investigación para la tesis doctoral he leído casi todo lo que ha caído en mis manos de Eric von Hippel. Y ha sido en su último libro, el que publicó en 2017, Free Innovation, donde contrapone dos paradigmas: el empresarial y el de la ciudadanía de a pie. Y dice que ambos paradigmas se pueden interrelacionar de formas diferentes. El caso es que muchas personas desarrollan una enorme creatividad al margen de su puesto de trabajo. Yo lo veo día sí y día también a través de la comunidad de usuarios de la Orbea Oiz, esa que me sirvió (y me sigue sirviendo) para la investigación. Allí cada cual, bajo la única exigencia de sus propias decisiones, se implica hasta donde quiere. Y creedme, es una implicación con el propio producto (una bici) que va más allá de lo que sueles ver dentro de cualquier empresa.

Al final, cada cual decide cuánto de sí coloca en un hobby, en un trabajo, en la familia, en la vida de barrio o donde sea. La intensidad varía según situaciones. Hay trabajos que nos ningunean. Me temo que son la gran mayoría (iba a haber escrito “inmensa” mayoría). Y hay trabajos que retan lo que somos y que abren las puertas para que nos exprimamos al máximo. Entre ambos extremos, como decía, un amplio abanico de posibilidades. Laloux se va a uno de los extremos: la reinvención de las organizaciones pasa por un paradigma que se contrapone al 99,999% de las experiencias laborales que puedas conocer.

A veces, según leía el libro, tenía la impresión de que entrar a formar parte de una empresa teal es como entrar en el convento. Hay una vocación y un objetivo vital al que consagrar la existencia. Pues bien, tiene que ver con el trabajo. El paradigma de la empresa máquina, de la empresa que está ahí para maximizar beneficios económicos, nos lleva a la ruina personal. Así que emerge un nuevo modelo donde no hay actividad profesional, sino actividad vital entregada a la empresa como expresión máxima de colaboración entre humanos. No hay duda, es una opción. ¿O no?

La imagen está tomada de The U.S. National Archives en Flickr.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(2) comentarios

  1. amalio rey
    23/01/2019 at 21:04

    Yo creo que las dos cosas son compatibles. Yo puedo buscar y demandar autorrealización “en lo laboral”, o sea, en ese tiempo que dedico al trabajo (durante esas horas quiero “expresarme con total plenitud”); pero aislar “el otro tiempo” que es personal, donde también puedo hacer cosas para autorrealizarme, que pueden ser radicalmente distintas. Lo que decías de desplegar la creatividad fuera del puesto de trabajo: ¿por qué mi creatividad en hobbies y otras actividades personales tiene que competir con la que dedico mientras trabajo? ¿por qué la creatividad laboral se tiene que conseguir a costa de la personal no-laboral o viceversa? El tiempo en que esté currando mi “actividad vital puede estar entregada a la empresa” (si realmente es una organización que me motiva para eso), y cuando salgo de trabajar, cambio de chip para autorrealizarme con actividades no laborales.
    Recuerdo cuando en su momento debatíamos en torno a la declaración de consultoría artesana, y la mayoría defendía la idea de mezclarlo todo levantando las barreras entre lo personal y lo profesional porque, al parecer, si disfrutabas con tu trabajo, podías hacerlo en cualquier momento y no parecía un trabajo. A mí esa idea nunca me gustó, y hoy aún menos con la ubicuidad de lo digital. Te confieso que yo voy en dirección contraria: cada vez me convenzo más de la necesidad de delimitar muy bien el espacio de trabajo del personal. Dicho más claro: poner muros separadores (radicales) para evitar que el trabajo inunde lo estrictamente personal, que es a lo que tiende. Una vez que pones esos muros, entonces te planteas cómo “autorrealizarte” en cada ámbito, pero separándolos claramente. Nada de mezclarlos porque cuando haces eso, el trabajo coloniza lo demás, y empiezas a confundir las referencias con las que saber en qué grado estas siendo feliz.
    Por cierto, esa “incapacidad de vivir mejor aprovechando lo que tenemos a nuestra disposición” creo que sí viene de serie. Eso ocurría antes y ocurre ahora, aunque “lo que tenemos a nuestra disposición” hoy sea muy distinto a lo de antes. Siempre hemos gestionado mal nuestras posibilidades, y creo que eso es muy humano.

    • Julen
      23/01/2019 at 22:22

      Voy por partes con lo que dices, Amalio.
      De acuerdo en que ambos ámbitos, personal y profesional, pueden ofrecer alternativas para autorrealizarse. Eso sí, me da que hoy en día va a haber mucha falsa sensación de promover algo así como autorrealizaciones "instrumentales", si se pueden llamar así. Hay mucho coaching dirigido a equipos directivos y poco para el resto, me temo. Eso sí, Laloux lo plantea como algo consustancial a cualquier persona que se integre en las organizaciones teal.
      Respecto a la creatividad fuera del trabajo, en mi investigación un asunto que quedó claro es que los usuarios van mucho más allá de lo que lo hace la empresa a la hora de ser creativos respecto al producto. El hecho de que no tengan en cuenta las limitaciones empresariales abre las posibilidades a nuevas perspectivas.
      En cuanto a la separación trabajo/no trabajo yo estoy en las antípodas... aunque con alguna práctica común. Suelo decir que he captado más de un proyecto de ruta con la bici. Solo por llevar el móvil abierto y atender una llamada. Eso sí, en mi caso, solo hay una agenda y allí va todo, trabajo y no trabajo. Y tengo claro que hay que ser proactivo para colocar diques de contención a lo laboral. En mi caso es sencillo: va a la agenda como cualquier otra reunión. Es cuestión de darle prioridad. Eso sí, cuando estoy de "vacaciones" (travacaciones o trabacaciones) no tengo inconveniente en dedicar cierto tiempo a asuntos de trabajo. No me molesta. Es más, creo que me agrada. Me pasa lo mismo con los sábados y los domingos. Ya ves, hay para todos los gustos.
      Seguiremos discutiendo de estas cosas. Me acuerdo mucho de los textos de Sennett. Sobre todo La corrosión del carácter y La cultura del nuevo capitalismo.

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