Monday, Dec. 17, 2018

10 – Peraleda del Zaucejo – Puebla de Alcocer #Cicloextremeña

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02/04/2018


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10 – Peraleda del Zaucejo – Puebla de Alcocer #Cicloextremeña

Etapa en Strava.

El paseo vespertino por Peraleda me sirvió para tomar contacto con un pueblo casi fantasma a no ser por unos cuantos niños que jugaban junto a la iglesia. Muchas casas cerradas, supongo de gente que el domingo habrá vuelto a sus residencias habituales después de pasar los días de Semana Santa aquí. Los carteles que la anunciaban y los balcones engalanados con mantones daban fe de la animación de estos días pasados.

Pero eso era ya pasado. Ni la gasolinera estaba abierta. La iglesia, dedicada a San Benito Abad, es de reciente construcción porque la anterior se fue con la guerra civil. Tienen un paseo de los enamorados y un pozo. Eso destacaba un panel con información turística. Poco más puedo contar del pueblo. El único sitio donde se podía cenar era el hotelito en el que estaba hospedado; así que no había posibilidad de elegir.

Pero, espera, espera, que a lo mejor me tengo que desdecir. Por la noche el bar estaba a tope. Claro que solo había dos bares abiertos en el pueblo y a poca gente que se decidiera a salir a tomar algo, los llenaban enseguida. Incluso vi también hinchas del Eibar con sus camisetas viendo el partido que daban por la tele. 0-0, vaya entretenimiento.

Las previsiones meteorológicas para hoy eran buenas. Nada, perneras al palco, que diría Zugasti. Desayuno junto a los paisanos que se meten sus copazos de anís antes de salir al campo. Y yo con mi Cola-Cao. Cada cual con sus costumbres.

La salida hacia Zalamea de la Serena nos conduce por una carretera de largas rectas que cruza la sierra del Quebrajo. Antes de entrar en Zalamea se toma una pista a la izquierda que cruza el arroyo de Cagancha. Y sí, nos mojamos los piececitos por enésima vez. Y compartimos camino junto a algún que otro cortijo.

Zalamea presume de su dístylo sepulcral romano, un monumento funerario del siglo I, que antes de que lo viéramos donde está ahora fue utilizado como torre del campanario de la iglesia parroquial. Espabilada la gente del lugar, ¿no? Ahora mismo, luce bien hermoso en la plaza, junto a la iglesia de Nuestra Señora de los Milagros.

Sigo ruta por pistas en ligero descenso camino de Castuera, previo paso por Malpartida de la Serena. Se oyen un par de aviones de combate (supongo) que no soy capaz de ver, lo típico de las llanuras extremeña, ya sabeis. Se pedalea rápido por pistas en muy buen estado hasta que cruzamos el arroyo Lavandero (sí, otro pequeño remojón) y subimos a Castuera. Un té y un pestiño y seguimos ruta.

Como mis quince días no me daban para recorrer completo el trazado de la CicloExtremeña, desde Castuera he atajado por carretera hasta Puebla de Alcocer. La ruta original se dirige desde Castuera hacia Cabeza de Buey para atravesar el pantano más al este. En mi caso han sido 45 kilómetros sin ningún pueblo ni servicio alguno. La carretera en muy buen estado y algo de viento a favor han hecho el tramo muy llevadero. La media final de toda la etapa ha sido de más de 21 kilómetros a la hora, que para ir con mochila en plan cicloturismo con la bici de monte no está nada mal.

Tras unas cuantas etapas sin un triste pantano que llevarnos a la ruta, hoy ha tocado atravesar, ya casi llegando al final, primero el del Zújar y luego el de la Serena, que es bastante reciente, de 1990, inaugurado por los reyes, como indican un par de placas, una enfrente de la otra. No vamos a regatear en placas. Que quede claro, que no solo era Franco el que inauguraba.

No es broma este embalse de la Serena: se trata del embalse con la mayor bolsa de agua del estado y también el de mayor superficie. Al mirarlo en el mapa te das cuenta de las mil revueltas que hace. Al cruzarlo por el puente, camino de Puebla de Alcocer, se observa enseguida un enorme puente grúa que parece desafiar a la naturaleza mostrando su poderío.

Puebla de Alcocer cuenta con una de esas particularidades únicas que hacen que sea fácil recordarlo. Aquí nació y vivió el “gigante extremeño“. Allá por 1849 vino al mundo Agustín Luengo Capilla, una criaturita que llegó a medir 2,35 metros de altura. Hoy en día existe un museo dedicado a este singular personaje cuyos restos descansan en el Museo Nacional de Antropología de Madrid. Supongo que su vida debió de ser bastante convulsa. De naturaleza enfermiza, lo exhibían en un circo y hasta el rey Alfonso XII lo quiso conocer. Murió a los 26 años a causa de una tuberculosis osteoarticular.

En fin, me lo imagino como una especie de “monstruo” para su época, sujeto de observación desde todos los puntos de vista posibles y no siempre con el respeto que se merecería cualquier ser humano. El museo se presenta como “proyecto de recuperación y puesta en valor de su figura”. La casualidad ha querido que yo llegara en lunes, cuando el horario es solo de 12 a 14 horas. En la casa rural donde me hospedo me han dado un teléfono para ver si consigo que me lo abran. En la siguiente crónica lo sabréis.

Mañana tenemos etapa de transición, más corta que todas las últimas. Me lo tomaré con calma. La previsión es de lluvia. Ya se verá 😉

Me hospedo en la Casa de los Templarios, un alojamiento bien majo con capacidad para 15 personas y que se puede alquilar también al completo. Muy amables, la verdad.

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Fotografías de la ruta cargadas en el álbum de Flickr.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(2) comentarios

  1. Alberto
    02/04/2018 at 23:02

    "que para ir con mochila en plan cicloturista con la bici de monte...." y a un ritmo no-bachata no está mal. Rodando.....

    • Julen
      04/04/2018 at 17:31

      Jeje, son formas ambas de disfrutar. La bachata dominicana también mola

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