Sunday, Apr. 22, 2018

3- Gata – Valverde del Fresno #Cicloextremeña

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26/03/2018


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3- Gata – Valverde del Fresno #Cicloextremeña

Etapa en Strava

La investigación antropológica, bares mediante, continuó en Gata. A media tarde fue el local en sí mismo el que ofrecía una serie completa de preguntas sin respuesta. Resumiendo: lucecitas blanquecinas en un par de esquinas como si fueran enredaderas, flores plateadas en las paredes, papel pintado simulando ladrillo hasta media altura, máquina de dardos y una especie de pequeño altar con el nombre del local adornado con unas copas enormes que contenían rosas de plástico rojas y blancas. Y venga sacar chocolate con churros para la juventud de hasta 80 años. Amén.

También tuvo su punto surrealista la cena. De tres platos se equivocaron en dos y nos devolvieron vueltas de más. El solomillo de cerdo ibérico se empeñó en ser de ternera y la ensalada con torta del Casar y virutas de jamón mutó en ensalada de foie. Eso sí, todo muy rico, incluyendo los cinco niños de la mesa de al lado. En la televisión un tal Puigdemont.

A las siete y media de la mañana, como de costumbre siempre que es posible, estábamos desayunando en nuestra casa de turismo rural. El día raso que se intuía allá fuera pronosticaba un frío de camiseta térmica para qué te quiero si no es para estos momentos inolvidables. La mínima prevista era de dos grados y con eso no se bromea. Aunque, la verdad, luego no ha sido para tanto.

La sorpresa la ha traído el tremendo viento que nos ha acompañado, sobre todo en la primera parte de la etapa hasta Acebo. Al principio hemos recorrido unas enormes pistas entre pinos de gran porte hasta salir a una zona más despejada que ascendía a un pequeño puerto y atravesaba una zona de colmenas con videovigilancia y no sé qué más. Tras coronar la cima el viento se ha hecho si cabe aún más fuerte. Menos mal que nos hemos entretenido con un pinchazo en la rueda delantera de la bici de Alberto. Ya iba tocando.

Abajo en Acebo, un pueblo bien hermoso que hemos atravesado en toda su extensión, nos hemos tomado un té en un bar “normal”, que también los hay. El cartel principal invitaba a pedir un cubata de ron con naranja del lugar a 5 euros, pero, ya veis, los señoritos se han pedido cada uno su té mientras pensaban en la subida de 500 metros de de desnivel que les esperaba con el viento hipohuracanado y muy poco árbol, según se veía. Venga, ánimo.

Alberto ha cogido ritmo bachata dominicana por la ancha pista que llevábamos y tira hacia arriba. La subida se ha hecho muy llevadera. Una lástima el desastre del incendio de 2015, que todavía se puede apreciar en los árboles quemados a los que les cuesta reverdecer. El viento se ha portado y ha ido desapareciendo poco a poco. Arriba nos esperaba un primer tramo divertido de bajada, entre grandes piedras hasta dar con otra pista en mejor estado. Y ¡zas! Aparecen dos enormes autobuses. Cosas veredes, amigo Sancho.

La ruta nos llevaba hacia Trevejo y su castillo, pero nosotros, como pavos, hemos ido derechos hacia Villamiel. Allí hemos visto de nuevo los dos autobuses con tropocientos chavales que estaban de campamento por la zona. Una manzana y una Coca-Cola y a afrontar los últimos 15 kilómetros de la etapa.

Tras subir un puerto por carretera hemos bajado hasta San Martín de Trevejo. Ha caído un dedal de esos de recuerdo para mi madre, que hace colección. Se veía ambiente en el pueblo, muy coqueto con sus soportales, balcones y casas típicas. Hasta la Guardia Civil ha entrado a comprar alguna cosilla a la tienda en la que estábamos. Eso sí, ya no hay respeto a la autoridad. A la chica guardia civil la han tratado de ¿pero qué quiere mi niña? Lo dicho, esto ya no es lo que era. Y así, con algo de viento de cola, los ciclistas han llegado en olor de multitud a Valverde del Fresno. Gasolinera para limpiar un poco las bicis, entrada al hotel, colada y a comer.

Valverde del Fresno es un pueblo en el que ya hice fin de etapa hace casi dos años, cuando recorrí la TransIbérica de Sagunto a Oporto, justo antes de pasar a Portugal. De hecho repetimos en el mismo alojamiento, el Hotel La Palmera. Aquí algo que llama poderosamente la atención nada más llegar es el habla de la gente. En este y otros pueblos de la zona, además del castellano, hablan la fala. Como se indica en la wikipedia: una lengua romance del subgrupo galaico-portugués hablada en los municipios de San Martín de Trevejo, Eljas y Valverde del Fresno, todos ellos en el Valle de Jálama. El País publicó en su día La Fala: la lengua secreta de 5.000 extremeños, un artículo muy bonito al respecto. Os recomiendo su lectura.

En estos pueblos en los que se muere más que se nace, esta ­lengua corre el riesgo de desaparecer. Félix, de 89 años, se enfada con los que emigran y regresan al pueblo hablando castellano: “El que hace eso es porque se siente superior. ¿De qué vas, chulo? ¡Fala mañegu!”

Estamos en tierras fronterizas. Al otro lado de los montes, la Sierra da Malcata es ya Portugal. Mirando alrededor uno enseguida intuye que todos estos montes aislaron la comarca durante mucho tiempo. De ahí que el habla propia o ciertas tradiciones hayan aguantado el paso del tiempo. Además, tiene fama de noches muy claras que favorecen la observación astronómica. Seguro que esa claridad fue muy útil también para el contrabando. Había que aprovechar las condiciones naturales 😉

Y para terminar un pequeño balance de estos tres primeros días de ruta. No parece nada exigente desde el punto de vista técnico. Carreteras sin apenas tráfico y pistas fáciles en general que pueden ser muy buena opción para quienes se inicien en el cicloturismo de montaña. No hemos encontrado rampas imposibles de las de echar pie a tierra. Todo muy tranquilo y apacible.

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Fotografías de la ruta cargadas en el álbum de Flickr.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

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