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Saturday, Mar. 25, 2017

Tecnologías de futuro y justicia social

Tecnologías de futuro y justicia social

Publicaba Guillermo Dorronsoro en su blog un artículo muy interesante este pasado sábado: Lo que la verdad esconde. Claro, decir “interesante” no es decir mucho porque la inmensa mayoría de sus artículos lo suelen ser. Este último nos proponía extraer conclusiones a partir de una serie de gráficos en los que se comparaba la evolución del empleo público y el privado, las titulaciones universitarias más demandas en Euskadi en el curso 2000-2001 y en el 2013-2014 y, además se mostraba el importante crecimiento de la deuda pública española a partir de 2008. Sí, lo mejor es leer el artículo y así os hacéis una composición de lugar adecuada.

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El caso es que para finalizar Guillermo citaba 10 Emerging Technologies That Will Drive The Next Economy, un artículo publicado en GAME-CHANGER de esos donde se predice qué funcionará en la economía de pasado mañana. Las tecnologías que se citan son las de siempre: industria 4.0 a mayor gloria del progreso de la humanidad. Y, claro, unos párrafos atrás, Guillermo ya nos apunta que por esta parte del sur de Islandia la juventud parece más interesada en titulaciones de carácter social. ¿Un problema? Quizá sea la gran solución que no somos capaces de ver.

Porque “social” hoy es un apellido que muchas empresas han cogido prestado para vender. Añádase la dosis justa de “social” al marketing contemporáneo porque si no la ciudadanía no compra. La realidad aumentada, la robótica, la Internet de las cosas y engendros de la misma familia son el futuro. No lo es la economía reproductiva, la que sustenta al mundo y permite que la rueda siga girando. Quizá ponemos excesivo énfasis en un progreso que llegará de la mano de tecnologicismo cuasi religioso.

Sin embargo, junto a las estadísticas que tan bien nos aporta Guillermo podríamos añadir otras que ilustren la desigualdad o que reflejen el cambio climático. Podríamos mostrar una comparativa entre el sur y el norte. Podríamos mostrar las cifras de desplazados, de gente que más que robots o big data, pide una mano amiga, un poco de agua y comida. Pide un poco más de humanidad. Y, claro, no seré yo quien diga que esas tecnologías no puedan ayudar a llevarles esa ayuda: drones que llegan donde el ser humano no quiere o no puede, avances en genética que traen esperanza en la erradicación de ciertas enfermedades o impresoras 3D que fabrican artilugios a medida de primera necesidad. Pero necesito escuchar que esas tecnologías lo son para algo digno. No para que la economía (vete tú a saber cuál) crezca y luzca cifras espectaculares.

Termino con la referencia a un congreso del que escribiré este próximo viernes: el II Congreso de Economía Social y Solidaria. Aquí mismo, en Bilbao, entre los días 10 y 12 de noviembre. A lo mejor para encontrar el sentido de las tecnologías que, dicen, nos abren el futuro. Mientras llegan y hasta que se van organizando, mejor hablamos de justicia social. Eso sí que es futuro para la economía.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(3) comentarios

  1. Guiller
    24/10/2016 at 06:57

    Es una reflexión muy necesaria la que haces Julen.

    Cuando ponemos el foco en las palancas que suelen funcionar para crear riqueza, nos solemos olvidar que funcionan bastante peor para distribuirla.
    Claro que a veces cuando ponemos el acento en distribuir, nos olvidamos de que la riqueza que peor se distribuye, es la que no se crea. Pero es muy importante no olvidar el primer foco, es más importante que el segundo.

    Decía Adela Cortina en la charla que nos dio la semana pasada en Deusto "La universidad debe investigar la verdad, pero también investigar sobre lo justo y la manera de alcanzarlo".

    Tenéis los dos mucha razón.
    Abrazo, buena semana,
    Guiller

  2. Asier Amezaga
    24/10/2016 at 07:39

    Hola,

    Preocupa un poco que el empleo público sea visto como un reducto de las condiciones laborales dignas y no como una herramienta que garantice un mínimo de bienestar a la ciudadanía. ¿estas condiciones no precarias del empleo público este mínimo de bienestar?

    El lugar de lo público podría ser otro si invirtiese en un modelo de economía social y que a la vez permitiese el desarrollo de una nueva infraestructura de producción neutra y descentralizada.

    En fín, esperamos ese post del viernes.

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