Wednesday, Nov. 22, 2017

No queremos datos, queremos sensaciones

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01/09/2016


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No queremos datos, queremos sensaciones

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Muy interesante la controversia que se ha producido sobre el uso de los potenciómetros a cuenta de la etapa de La Vuelta que terminaba en los Lagos de Covadonga y que sigue trayendo cola. Aunque Froome haya dicho que él pedalea a partir de sensaciones y teniendo en cuenta su experiencia previa, se le acusa de subir al ritmo de lo que su potenciómetro le indica. El asunto es simple: ¿a quién hacer caso?, ¿a las sensaciones que produce tu cuerpo o a los datos que provienen de una máquina que mide científicamente (por decirlo de alguna manera) lo que le está sucediendo a tu cuerpo? Parece que Valverde, Quintana y Contador reniegan y “exigen” eliminar este tipo de datos en carrera. Curiosa postura, ¿no?

Hace ya un tiempo que se habla del análisis masivo de datos, de Big Data, como uno de los grandes ejes del “progreso”. Las decisiones que puedan tomarse a partir de esos datos se imponen frente a aquellas que requieren la intervención “intuitiva” de un humano. Los datos no mienten. Dicen lo que sucede y las herramientas para analizarlos son capaces de descubrir correlaciones que escapan a la percepción humana. La capacidad de procesamiento de las máquinas excede de largo lo que un simple humano es capaz de analizar.

Los potenciómetros en el ciclismo llevan con nosotros mucho tiempo. Pero en el ciclismo se han comenzado a utilizar con profusión para ayudar en el entrenamiento en la medida en que el dato que proporcionan podía incorporarse a la analítica habitual encima de la bicicleta. No es lo mismo conocer ese dato que no conocerlo a la hora de buscar la mejora en el rendimiento. Toda una corriente de analítica masiva recorre (también) el mundo del deporte. Nada de decidir porque sí: tú haces lo que dicen los datos que proporcionan los aparatos.

En el mismo sentido funciona y quizá es más conocido el entrenamiento con pulsómetro. El aparato te va cantando tu frecuencia cardíaca y el humano lo que tiene que hacer es llevar sus pulsaciones hasta ciertas franjas durante periodos concretos de tiempo si quiere progresar. Tanto en el deporte de aficionados como en el profesional el uso de los pulsómetros está muy extendido. La inmensa mayoría de deportistas profesionales los usa como herramienta de trabajo. Pero también sucede algo parecido en gente que tiene que controlar por razones médicas su frecuencia cardíaca cuando practican deporte. No vayamos tampoco a cargarnos al mensajero. Una cosa es la tecnología, otra su uso.

Es el mundo de los datos. Valverde, Quintana y Contador dicen que mejor no usar potenciómetros en carrera. Que sí al uso en entrenamientos pero no al uso en carrera. Vamos, una vuelta a las sensaciones. Lo que se pone sobre la mesa son valores. La ciencia se abre paso a machetazos en la selva del rendimiento. Y cuando se ha desbocado el ansia de ganar porque eso lo es todo, me temo que la apuesta se ha perdido. Más información científica, más capacidad de mejora. Y just in time, cuando hace falta. Mirara Froome su potenciómetro o no, si dispone del dato y se quiere fiar de él, me temo que si le sirve para ganar, no hay opción.

Ahora bien, el tema de fondo es: ¿en ciertas situaciones debemos regular para que no se permita el acceso a datos? Curiosa reflexión. Datos, cada vez más y en mayores cantidades. Y máquinas, cada vez más, con mayor capacidad de procesamiento y de menor tamaño. La sensórica avanza y los datos se pueden captar allá donde aportan valor. Una tentación demasiado grande para el deporte profesional donde lo importante hace tiempo que dejó de ser lo de competir para quedarse en lo de ganar. Sí o sí, la única opción es ganar porque hay mucho dinero en juego. O mucho marketing empresarial. Da igual.

¿Vamos a encontrar una curiosa rebelión contra los datos porque deshumaniza la actividad humana? No sé. Data everywhere da un poco de miedo, ¿no? Así que cierta regulación acabará llegando. Veremos cómo se va perfilando el cyborg que ya somos. Humano con datos como nunca antes tuvo a su alcance. A ver qué decide. ¿Adiós a la magia? Quantified self, cada vez más evidente.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(5) comentarios

    • Julen
      03/09/2016 at 19:59

      Tú, Venan es que eres pura tecnología :-))) Disfruta, que para eso también está.

  1. Miguel Ángel
    01/09/2016 at 13:59

    Muy bueno Julen

    • Julen
      03/09/2016 at 19:59

      Gracias, joven. Recuérdeme que le suba la nota a fin de curso :-)))

  2. Pingback: Sintetia » Los tres ejes del Design Thinking: la innovación con alma

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