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El berrinche de Confebask contra las 35 horas de trabajo

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05/02/2016


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El berrinche de Confebask contra las 35 horas de trabajo

Tiny Steampunk Retro Oldtimer Old Clock Watch Time Measuring Instrument at Berlin Mini Jam Oct 2014Confebask arremete en un comunicado contra la propuesta del Gobierno Vasco de volver a la jornada de 35 horas. El tiempo de trabajo, ese magma difuso que enciende lo peor de lo peor. Y es que hoy hablar del tiempo como unidad de medida del trabajo es extraordinariamente complicado. Lo lógico es que, siendo como es su progresiva reducción una evidente conquista social, caminemos hacia jornadas laborales cada vez más reducidas. Al menos así lo entendíamos hasta antes de que estalló la crisis que nos acompaña desde 2008.

Hace unos meses tuve que zambullirme en un trabajo de investigación en torno al reparto del empleo. La teoría por un lado y la (escasísima) práctica por otro. Y es que de nuevo el concepto tiempo se escapa entre las manos. Parece que buscamos puestos de trabajo que pueden encerrar a las personas durante un tiempo controlado. Pero, ¿es esta la idea que nos apetece? ¿La de los trabajos forzados a toque de campana y con seguridad privada o máquinas de fichar para controlar? ¿Mejor un chip implantado bajo la piel que diga dónde estamos y si trabajamos o no?

La trampa del presencialismo acompaña todo este análisis. Resulta triste jugar en el terreno de la desconfianza plena de las dos partes, una contratante y otra contratada. Lejos queda la soberanía del trabajo de la que hablaba Arizmendiarrieta y que le asigna un valor central en el desarrollo de la persona. Hoy, sin embargo, en demasiadas ocasiones, el trabajo se ha convertido en un simple medio para satisfacer necesidades, básicas o no. Y por el otro lado, esa dramática corriente de ningunear al ser humano: las personas son lo que hace falta alquilar para conseguir determinado nivel de objetivos económicos. Relación lamentable entre las partes, ¿no?

Confebask analiza a quienes trabajan en lo público y explica lo horrible de la propuesta sólo por el hecho de tener esa condición laboral. Distingue entre el privilegio de lo público y la sufrida y abnegada lucha que llevan a cabo en el frente de lo privado. Niega a lo público la misma condición. Y, claro, mejor nos igualamos en la mierda. Como yo me muevo en las trincheras lleno de barro y puteado, tú también.

La pelea es desigual y a la patronal no le parece justo que una parte, la de lo público, ofrezca mejores condiciones a sus profesionales. Lo ve fuera de la realidad. Porque su realidad es la de la pelea por una competitividad salvaje, que no sabe de derechos porque es lo que hay. Y en estas condiciones, ya lo dijo Díaz-Ferrán en un ejercicio de salvaje sinceridad: hay que trabajar más y cobrar menos. Claro que luego las aguas no bajan limpias y el que fuera jefe de lo privado ya hemos visto cómo ha acabado. Lógico que Confebask quiera que se trabajen más horas porque si no, los números no salen. Y otra cosa no, pero o salen los números o revientan la partida.

Yo creo que lo público debe buscar soluciones imaginativas y no solo de reducción de jornada, que también. Hay que hablar de eficiencia y de motivación. Ver en la gente que trabaja en lo público el enemigo porque se le otorgan mejores condiciones que en lo privado es no ver el bosque que tenemos delante. La pataleta de Confebask es un discurso plano del mejor Díaz-Ferrán:

Confebask no comparte la decisión del gobierno vasco porque entre otras cosas, entiende que no es un buen ejemplo para la sociedad. En un momento en el que, mientras a empresarios y trabajadores del sector privado se les pide un esfuerzo añadido para, en las actuales condiciones de incertidumbre, garantizar y crear empleo, sorprende que el ejecutivo de Gasteiz recupere una medida pactada hace 15 años (año 2000), ampliamente superada por las circunstancias de una crisis brutal que exige nuevos retos y desafíos; y que, desde nuestro punto de vista, en ningún caso pasan por trabajar menos horas.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

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