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Internet, ese inmenso cementerio

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11/03/2015


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Internet, ese inmenso cementerio

Mount Jerome Cemetery & Crematorium is situated in Harold's Cross Ref-100442La costumbre de “no borrar”. Google nos ha vendido lo que le interesa: no borres. El espacio, ahora sí, es ilimitado. Ya lo está ofreciendo. No te preocupes, nunca más deberás preocuparte por vaciar tus carpetas. Google y todos los proveedores de nivel, en mayor o menor grado, siguen la misma senda. Nos ofrecen inmensos almacenes para que no nos haga falta desprendernos de nada.

Instaurada esa costumbre, ¿qué ocurre en la práctica? Pues sencillo: Internet es también un inmenso cementerio donde hay sitios web de mil formas y colores abandonados a su suerte. Muchos de ellos proyectos que quisieron ser y no fueron. Otros evidencian un pasado que se fue. En general, cuerpos en descomposición si no fuera porque en Internet, según parece, no hay forma de destruirlos a no ser que intervenga la mano humana.

¿Cuántos cadáveres tienes a tus espaldas? ¿Qué hay de esas pruebas, de esos sitios abiertos para ver cómo funcionaba tal o cual herramienta? ¿De verdad que te da igual que esa chatarra digital viaje en la órbita del sinsentido? Ya, claro, no molesta, vete tú a saber dónde está y no tengo tiempo para esas tonterías de borrar. Claro, claro.

En realidad el inmenso estercolero que es, en gran parte, Internet parece formar parte de su misma esencia. Allí cohabitan miles de contenidos, unos bien cuidados y ordenados, otros provocando malos olores y sensación de abandono. La decrepitud convive con la brillantez. Paradojas del mundo moderno. Pudiera ser que tengamos que acostumbrarnos a convivir con contenidos moribundos que nunca terminan de desaparecer. Vagan como zombies a la espera de un extraño nuevo minuto de atención. Siguen allí, impasibles ante el paso del tiempo.

Internet es también una inmensa necrópolis sin planificación alguna. Los contenidos quedan semienterrados. Al azar, en decrepitud controlada. Internet como cementerio, como basurero, como evidencia de lo que somos o de lo que quisimos ser. Una fotografía diferente. La de la dejadez. La del olvido. La del fracaso. La de la indiferencia.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(2) comentarios

  1. Jose Valcarcel Sanchez
    11/03/2015 at 16:19

    Que buen artículo para hacernos pensar que hay que ir borrando todo aquello que no sirve... la excusa de que uno no sabe si puede servir ya no vale. Enhorabuena por la recomendación. No acumules cementerios de información.

    • Julen
      25/03/2015 at 06:18

      Pepe, no veas la basura que vamos dejando por ahí... y yo el primero. Hay que ponerse manos a la obra...

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