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Ciclos de trabajo, ciclos de ocio

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02/06/2014


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Ciclos de trabajo, ciclos de ocio

Siempre he pensado que conviene regular nuestra supuesta capacidad productiva. No entiendo una carrera profesional centrada de forma constante en producir lo máximo. Hace muchos años que entresaqué de los textos de Eliyahu Goldratt esa idea de que el óptimo global no es la suma de óptimos locales. El tempo de producción es muy importante para no acostumbrar al sistema a una sobreexplotación que siempre está pensando en llegar al límite.

Salinas Mediterráneo

Tiene todo esto bastante que ver con la asertividad, con decir que no. El trabajo se comporta casi siempre de acuerdo con ese peligroso principio de la teoría de los gases: tiende a ocupar todo el espacio que encuentre disponible. De ahí que sea interesante colocar diques de contención. Junto a nuestra vida profesional, magnificada hasta que parezca que somos lo que trabajamos, otros ámbitos no productivos requieren atención.

La obsesión por lo productivo marca en gran parte la historia contemporánea. La carrera por la excelencia, por conquistar los mercados bajo la promesa de que el ganador se lo lleva todo, hace mucho daño. De ahí mi obsesión por regular, por no empezar a subir el puerto a tope de pulsaciones. No tiene sentido autoexplotarnos al máximo porque vamos a encontrar muchos puertos en nuestra ruta. Mejor regular, marcar nuestro ritmo y, hasta donde sea posible, disfrutar del camino.

Hace ya unos cuantos años que junio es el mes en que me acerco al Mediterráneo. Días largos, un clima todavía suave y otra perspectiva de vida. Sí, claro, las rutinas están ahí. Seguimos levantándonos temprano para que los dedos tecleen en el portátil algunas líneas a primera hora del día. Seguimos con obligaciones laborales. Seguimos con la cabeza ocupada con este y con aquel proyecto. Porque el mundo no se para. Sigue pidiendo productividad. Sigue pidiendo producción. Pero en nuestras manos está dosificar la cantidad que le ofrecemos.

Por eso hablo de trabacación. Sí, claro, escribirlo con “v” o con “b” marca un ligero matiz. Pero muy ligero. El concepto es cambiar el ritmo. Permitir que sean otros los olores al caminar, otra la luz, otra la conversación. Las distancias geográficas hace tiempo que dejaron de ser obstáculo para la producción. Con ello jugamos cada junio. Aquí junto al Mediterráneo.

Nos seguimos leyendo.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(19) comentarios

  1. Iván
    02/06/2014 at 20:33

    Pues que vaya muy buen Julen, sea con v o con b :)

    • Julen
      04/06/2014 at 06:13

      Lo intentamos, lo intentamos :-)

  2. Pingback: Ciclos de trabajo, ciclos de ocio | Consultor&i...

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