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Sunday, Dec. 4, 2016

Big Data y los neoluditas de cuello blanco

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09/06/2014


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Big Data y los neoluditas de cuello blanco

Destroyed Window - HD WallpaperLa robotización puso sobre aviso a quienes trabajaban en las cadenas de montaje de las grandes fábricas modernas. Los procesos operativos mejoraban sustituyendo “manos humanas” por “brazos articulados de robots”. Así que el enemigo era evidente: la tecnificación del trabajo en la fábrica. La inmisericorde presión por la productividad arrasó con la limitada capacidad de los humanos para mover piezas y apretar tornillos. ¡Aparta, humano! ¡Deja que lo haga una máquina! Y se encontró el gran argumento: “Humano, no aportas suficiente valor”. Estás muerto.

Se nos vendió la moto de que cambiaría el tipo de trabajo. De mono azul con manchas de grasa a batas blancas. De interactuar con la máquina en el campo de batalla del taller a subir las escaleras hasta la oficina técnica para desde allí “programar” las máquinas. Sustitución de la mecánica por la electrónica. Software de por medio, las manos ya no arrastrarían la suciedad del contacto directo con la máquina. Ahora era cuestión de ratón y teclado.

Los clásicos operarios de planta sintieron la presión. Las máquinas eran mejores. No había color. Y si lo había, siempre quedaba el recurso al humano de ojos rasgados, negro o de cualquier etnia que no fuera la caucásica del primer mundo. Si el caso es que las máquinas no conseguían ser mejores entonces lo eran otros humanos más baratos. Cruda realidad para el ejército de cuello azul.

Y llegó otra oleada de máquinas. No se trataba ya de mover brazos articulados sino de decidir mejor. Sí, la cuestión era analizar datos, descubrir por qué pasan las cosas qué correlacionaba con qué. Los humanos de nuevo empezaron a perder la batalla. Era la guerra del pensamiento, la guerra del cerebro. Ahora era la clase trabajadora de cuello blanco la que de repente veía cómo el software alimentado con millones de datos decidía mejor que ella. Sabía qué tecla apretar, dónde mover el ratón.

La clase trabajadora alejada de la taladrina de repente se dio cuenta de aquello que antes experimentaron sus congéneros de cuello azul. La oficina asaltada por software que reemplazaba al humano donde más le dolía: en su capacidad analítica, en su capacidad de tomar decisiones. De la robotización a la datificación, dos momentos evolutivos que chocaron contra los humanos. Progreso y peligro. Que cada cual se vaya posicionando. ¿Conoceremos un auge del neoludismo de cuello blanco?

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(10) comentarios

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  4. J. G. del Sol
    10/06/2014 at 19:45

    Siempre quedaremos los técnicos de sistemas #mwahahahahahahaaaaa

    Perdón, ya pasó...

    El ser humano saldrá de la fábrica, pero la pobreza disminuirá. En parte por malthusianismo, en parte porque los que queden aún sabrán hacer cosas que las máquinas no: crear y divertir. Llegará la era del Homo Artisticus.

  5. Guillermo
    12/06/2014 at 10:33

    desconocía que existiera el término y un denominado movimiento neoludista, muy interesante tu reflexión. Efectivamente, algo de ello hay, que les pregunten a los taxistas, pero yo sería cauto hasta ver el cumplimiento de las promesas de Big data, más allá de Google y algún proceso acotado en el ámbito smart cities.
    Por otro lado, asumiendo que una parte de las expectativas se cumplirá -así lo creo- habrá que ver también si la tecnología de inteligencia artificial va a estar en manos del capital y el poder político exclusivamente o su propiedad y beneficio pueden ser compartidos por y para los ciudadanos. La propia tecnología nos ha traído nuevos conceptos como open source o copyleft, imparables pese a la feroz oposición de lobbies varios.
    Vamos, que si las máquinas asumen cada vez más tareas rutinarias -simples o complejas- más tiempo para pensar para los humanos. Y aún no está decidido que propiedad, consumo, participación y poder, en la sociedad que se está gestando, sean esencialmente iguales a las de las anteriores revoluciones industriales.
    Todo está por hacer.

    • Julen
      12/06/2014 at 19:39

      Pues voy a estar de acuerdo al cien por cien con lo que comentas, Guillermo. Hay que estar al loro con todo esto. No queda otra.

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