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Saturday, Dec. 3, 2016

El otro, el migrante

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04/05/2014


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El otro, el migrante

Valla de mallaDistinto. En color, en olor. En la mirada y en su forma de pensar. Distinto por peor, por inculto, por pobre. Por tus intenciones. Condenado en vida a permanecer un peldaño por debajo. Tu suerte estaba escrita. Da igual que hicieras falta. Eso fue hace mucho tiempo. Ahora eres solo carne que descansa donde no debe.

Miradas esquivas, conversaciones en voz baja. El otro ya no es de los míos. Quizá pensó que algún día lo sería. O no. Pero ahora ya no, no es posible. Es innecesario. Un ser humano prescindible. Que molesta, que usurpa, que ocupa un lugar que no le corresponde. Sin derechos. Estás de prestado. Vete de aquí.

Y cada vez más. Con cada euro que no llega, el otro se vuelve más incómodo. ¿Qué haces aquí? Eres competencia. Eres quien roba, quien me quita lo mío. Se ve en tu mirada, en tu voz, en tu pensamiento, en tu forma de vestir y de estar. El otro. Alguien a quien no quiero ver en mi rebaño. Una oveja negra, una oveja de otra raza, de otro color, de otro olor.

¿Así? ¿Tan sencillo? Menosprecio. Diferentes respecto a quien domina. A quien impone. A quien dice poseer la tierra, la cultura o el mar. Yo sí, tú no. No haces falta. No eres bienvenido. Así de duro, de cruel y de aberrante. Así lo he visto y sentido. Qué duro por ti y por tu familia, por ser quien eres. Mi admiración, migrante. Mi admiración. Y mi cariño. Hasta donde llegue.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(2) comentarios

  1. Germán Gómez
    05/05/2014 at 11:54

    En la puerta del Eroski de mi pueblo está siempre sentada una pareja de "migrantes", uno en cada puerta. Están sentados, más bien acurrucados, haga frio o calor. Siempre me saludan en un tono resuelto y cantarín. Les podrían dar un sueldo por saludar, igual que los porteros en algunos hoteles.
    Yo devuelvo el saludo pero no hago nada más, no les doy nada.
    Me quedo casi siempre con algunas preguntas volando: ¿es un asunto mio? ¿les doy una moneda? ¿les ayudo con ello? ... a los dos minutos me olvido y me centro en mi lista de compra.

  2. Pingback: Migrants in Times of Crisis · Global Voices

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