Tuesday, Nov. 13, 2018

La crisis de la interfaz empresa… ¡tal como la conocimos!

La crisis de la interfaz empresa… ¡tal como la conocimos!

Internet ha traído consigo, entre otras cosas, enormes posibilidades para desintermediar. La ciudadanía puede comprar más barato porque entre fabricante y cliente final hay menos puntos por lo que pasar. Para muchos negocios, basados en la compra al por mayor por un lado y la venta al por menor por otro, supone un auténtico desafío porque desaparece su supuesto valor añadido de acercar oferta y demanda. Y si además, hay producto físico de cierto volumen que almacenar, ni te cuento.

Clay Shirky escribió hace ya tiempo Here comes everybody. The power of organizing without organizations. El mensaje de fondo era sencillo: las personas no necesitamos obligatoriamente a las empresas. Aquel libro, escrito en 2008, todavía no tenía en cuenta la crisis sistémica en la que vivimos. Una crisis que genera, sobre todo, una feroz pérdida de confianza en las instituciones, incluyendo por supuesto a las empresas. Todo ese capitalismo sin empleo o con el mínimo imprescindible ahonda en la idea de que quizá las empresas no sean necesarias. No como las vemos hoy en día.

Sin embargo, los humanos seguimos buscando apoyo colectivo y queremos hacer las cosas junto con nuestros semejantes. Eso significa que algo, más allá de la persona que cada cual somos, nos hace falta. Otro clásico, Barry Wellman, recurrió a lo que denominó networked individualism, una explicación para superar lo individual y reinterpretar lo colectivo. Pasa el tiempo y el panorama se nos ha complicado sobremanera.

Lo que sigue siendo cierto es que la “empresa” como tal sigue existiendo y que, además, en los tiempos actuales se ha desatado un furor por crear nuevos proyectos ¡porque no queda más remedio! Sin embargo, predominan otros valores a la hora de emprender. Todo el esperpento de convulsiva creación de startups tecnológicas se mueve en un territorio diferente a aquel clásico de poner en marcha una empresa que perdure en el tiempo. En vez de generar un sentido colectivo y agrupar empleo, el objetivo tiene más que ver con demostrar el valor de la idea en el mercado. Importa el éxito en competencia con los demás. Y ese éxito muchas veces tiene que ver con que ¡me compren mi proyecto! Más finamente nos referimos a este hecho como “estrategia de salida”. Bueno, exit strategy, que mola más.

ModelosNegocio Alojamiento

No cabe duda de que el sentido y el rol de la empresa en nuestra sociedad admite interpretaciones muy diversas. Hay muchos diferentes tipos de empresa y ya no es posible escribir un único manual de gestión para ellas. Dime qué tipo de empresa tienes entre manos y te diré que tipo de gestión podemos desarrollar. Muchos mercados están reventando con la aparición de nuevos entrantes. Sirva el caso del alojamiento donde al hotel tradicional, con su sistema de certificación de calidad, le aparecen modelos alternativos, unos con lucro de por medio, como Airbnb, y otros en principio más altruistas y p2p como Travbuddy o Couchsurfing. Y en ese revoltijo, las empresas son entes que parecerían pertenecer a especies diferentes.

La perspectiva a largo plazo se diluye por nuestra incapacidad de mantener la competitividad de un negocio en el tiempo. Solo a base de fagocitarlo y proponer algo nuevo se sobrevive. Hay que innovar todo el tiempo. Hay que vivir fuera de la zona de confort. Nos lo decimos y nos lo creemos. La empresa, como la conocimos, desaparece. Presa de ciclos de producto/servicio mucho más cortos. Pero, si todo lleva fecha de caducidad, ¿qué compromiso se puede conseguir con algo que sabes que va a desaparecer?

En fin, las empresas siguen ahí. Sufriendo unas y disfrutando otras. Porque la promesa es que quien gana se lo lleva todo.

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Sobre el autor

Julen

De la margen izquierda de la ría, en el Gran Bilbao. Estudié psicología y siempre me he movido alrededor de las empresas y las organizaciones en general. Con una pasión confesa: la bici de montaña.

(6) comentarios

  1. teketen
    14/02/2014 at 07:33

    Para mi, son aquellas empresas que te permiten cambiar y cumplir con tus intereses. No sólo laborales, es más bien un proyecto de vida. La empresa cambiará porque tu la haces cambiar. Eso implica poder hacerlo y en la mayoría de casos implicará tener la propiedad compartida de la misma.

    El modelo StartUp es jugar a la ruleta rusa. En caso de querer generar algo que estes dispuesto a vender lo mejor es no estarlo al principio y a poder ser sea un proyecto aislado. Madurar y trabajar la idea con ganas, BottomUp y luego si surge vender, pensarlo y decidir.

    En cualquier caso, siempre se debe mantener esa estructura que dio comienzo a todo. Ese proyecto de vida, hay que mantenerlo para además poder sacar nuevos proyectos. Creo que eso sí es lo real.

    • Julen
      23/02/2014 at 07:36

      Aspaldiko! Como le decía a Iñaki, quizá es asunto de repensar el modelo (habitual) de empresa que tenemos. Pero ya puestos, a lo mejor en ese rediseño les quitamos a las empresas ese rol tan referente que tienen en nuestra sociedad. Demasiadas veces acaban respondiendo a dinámicas de poder.

  2. Iñaki Ortiz
    15/02/2014 at 13:00

    Es verdad que surgen nuevos modelos de negocio en determinados ámbitos, como la intermediación (Trivago, Tripadvisor, ...), en los servicios (consultoría artesana), en sectores del conocimiento, del software, etc.

    Pero me cuesta más visualizar la desaparición de la empresa en los sectores productivos (industria). ¿Haremos coches, teléfonos, electrodomésticos,... sin empresas?

    Otra cosa es que los modelos de gestión, los valores e, incluso, los principales objetivos de las empresas tengan que cambiar sustancialmente y otra distinta, desde mi punto de vista, que las empresas vayan a desaparecer como tal.

    Pero no sé, a lo mejor se me está escapando algo.

    • Julen
      23/02/2014 at 07:34

      El problema es que a este paso, Iñaki, la gente no se va a fiar de las empresas. Y las empresas con personas que desconfían de ellas allá dentro de su organización tendrían los días contados. De todas formas, quizá podamos pensar en que desaparezca la empresa con la concepción actual, tan arraigada en lo competitivo. Algo tiene de explotar por algún lado.

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